La causa por el asesinato de la bioquímica de Cipolletti tuvo dos juicios, persiguió a inocentes y no admitió su responsabilidad en la mala investigación. El abogado Fernando Gauna Alsina, que siguió de cerca el expediente, analiza el funcionamiento de la justicia a través de un libro imperdible.

El 17 de septiembre de 1999, la bioquímica Ana Zerdán fue hallada asesinada en el baño de su laboratorio, en Cipolletti, Río Negro. Por el crimen fueron acusados su pareja, Juan Carlos Aguirre, y su hijo Juan Manuel Aguirre Taboada, quienes atravesaron un proceso judicial que se extendió durante 18 años. Ambos fueron absueltos por el Superior Tribunal de Justicia de la provincia rionegrina.
“Es un caso que tiene ribetes extraordinarios, pero lo cierto y concreto es que es paradigmático, refleja muy bien cómo trabaja la justicia”, introduce Fernando Gauna Alsina, Magister en sociología jurídico penal por la Universidad de Barcelona y en criminología por la Universidad Nacional del Litoral. Acaba de publicar el libro "La Trastienda Judicial, un estudio de casos sobre la construcción de la inocencia en la justicia penal", a través de Editores del Sur.

En diálogo con Una idea todavía, Gauna Alsina considera que la causa “me permitió mostrar determinadas prácticas que terminan influyendo en las decisiones de los actores judiciales, más allá de las garantías, la letra de la ley y demás”.
Las pruebas que se tomaron en cuenta para ir contra los acusados fueron una huella que adjudicada a Aguirre padre, pareja de Zerdán, que se había encontrado en el baño del laboratorio y en el caso de Juan Manuel fue una copia de la llave del auto de la víctima, que luego se forzó la hipótesis de que era la original y parte del conflicto que habría devenido en el crimen.
“Lo curioso es que para determinar que la llave era original, la toman días después, se la muestran a la empleada doméstica, le preguntan si era la que había usado Ana ese día y ella responde que sí. Esa práctica tiene muchos problemas porque los reconocimientos tanto de personas como de objetos deben seguir determinados protocolos para no arrojar falsos positivos”, explica.
En ese sentido, agrega: “En el común de los casos no es que hay manzanas podridas, o sea, un actor judicial, un policía que quiere generar un daño concreto sobre otra persona, sino que muchas veces son cuestiones prácticas que uno arrastra y que derivan en este tipo de situaciones”.
Gauna Alsina tiene su primer contacto en 2015, meses antes del segundo juicio. Conoce Juan Manuel, el protagonista de la historia, cuando él estaba realizando una campaña pública por su inocencia. El proceso se extendió hasta 2017, con los acusados detenidos en distintos momentos y dos juicios orales, en 2008 y 2016, ambos con absoluciones.
