La compañía platense realizará su octava producción basada en la obra de Wolfgang Amadeus Mozart, con dirección escénica de Fernando Alvar Núñez y dirección musical de Sebastián Novoa Oliva. La puesta reúne a más de 50 artistas entre cantantes solistas, orquesta y coro, además de un equipo de escenografía y vestuario. Las funciones serán el 17 de octubre en Berisso, el 31 de octubre y el 1 de noviembre en el Pasaje Dardo Rocha de La Plata, y el 14 de noviembre en Banfield.

La compañía platense Lírica en Diagonal vuelve a apostar por una producción independiente de gran formato con “La flauta mágica”, una de las obras más conocidas de Wolfgang Amadeus Mozart. La octava producción de la compañía propone una versión completa de la ópera, con más de 50 artistas en escena y una puesta que busca acercar el género a nuevos públicos sin dejar de lado la complejidad y las múltiples lecturas de la obra.
“Es una obra que se hace mucho”, explicó Fernando Alvar Núñez, responsable de la puesta, quien señaló que una de las búsquedas de la compañía es ampliar el público de la ópera. “Nosotros nos especializamos en buscar público nuevo y hay óperas que son más adecuadas para eso y óperas que son para alguien ya iniciado”, contó. En ese sentido, ubicó a “La flauta mágica”, junto con “La traviata” y “La bohème”, entre aquellas obras que pueden funcionar como una puerta de entrada al género.
Para Núñez, una de las particularidades de “La flauta mágica” es que puede ser, al mismo tiempo, una obra sencilla de seguir y extremadamente compleja en sus sentidos. “Es a la vez complejísima y sencilla, es un cuento infantil, no es una ópera infantil, pero el cuento, como cualquier cuento fantástico que puede ser comparado con Harry Potter o con El señor de los anillos, es sencillo en cuanto a que es un argumento lineal que se entiende”, explicó.
La historia sigue al príncipe Tamino, que mientras escapa de una serpiente llega al mundo de la Reina de la Noche. Allí, tres damas lo rescatan y le encomiendan la misión de encontrar a Pamina, hija de la reina, que ha sido secuestrada por Sarastro. Tamino recibe una flauta mágica y parte hacia el reino de Sarastro, pero al llegar descubre que la historia que le habían contado no era exactamente como parecía: aquel supuesto villano representa en realidad el reino de la luz y la sabiduría. Para acceder a ese mundo, Tamino deberá atravesar distintas pruebas y, en ese recorrido, alcanzar la sabiduría y el amor de Pamina.
“Hay un montón de elementos que te hacen dudar de quién es el bueno y quién es el malo”, señaló Núñez. La propia caracterización de los personajes contribuye a esa ambigüedad: “La Reina de la Noche tiene una voz angelical, bellísima y aguda, casi como la de un niño, pero en realidad representa a una mujer malvada. Y Sarastro, que es el rey del reino de la sabiduría, tiene una voz grave y es el personaje más bueno y más sabio de la historia”.
Para el director de escena, esa aparente contradicción es justamente una de las riquezas de la obra. “Al final de la ópera te preguntás si realmente la entendiste o no. Si salís con esa duda, es que probablemente la entendiste bien, porque el argumento es confuso y está lleno de posibles lecturas”, sostuvo. Y agregó que, aunque históricamente hubo quienes cuestionaron la construcción dramática de la obra y consideraron que la música de Mozart era la que terminaba salvándola, su mirada es otra: “Es un argumento muy complejo, lleno de posibilidades y de lecturas, y eso también es muy interesante. Por eso sobrevivió, no solamente por la música de Mozart, que desde ya es genial”.
Una puesta desde la honestidad
La propuesta escénica de Núñez tampoco parte de la búsqueda de una originalidad forzada. El director contó que una experiencia que tuvo años atrás, mientras trabajaba con otro régisseur, modificó su manera de pensar la puesta en escena. “Me dijo: ‘No me interesa ser original’. Eso me quedó. Cómo a alguien no le interesa ser original, pensé. Tiempo después entendí. La búsqueda de ser original como un valor abstracto te puede llevar a hacer cualquier cosa”, recordó.

A partir de esa experiencia, Núñez plantea su trabajo desde otro lugar: “Lo que he buscado es ser honesto. Leí la ópera, vi muchísimas versiones, leí libros y, siendo honesto, creo que esta puesta en escena me refleja. Uno hace lo mejor que puede, y lo hace desde la honestidad”.
Esa mirada también aparece en la construcción de Papageno, uno de los personajes centrales de la obra. El hombre pájaro, encargado de capturar aves para la Reina de la Noche, atraviesa la historia preocupado por cuestiones mucho más terrenales que la búsqueda de la sabiduría: comer, beber y encontrar una compañera. “En el medio está la búsqueda de la sabiduría y los grandes ideales, pero también está este hombre que quiere las cosas más sencillas”, explicó Núñez.
Para el director, definir quién es Papageno implica una decisión sobre el sentido general de la puesta. “Para mí es un hombre bueno, concreto, que vive atado a sus necesidades básicas, que habla mucho, un hombre inteligente, adulto, que finalmente, cuando hay que demostrar valentía para salvar al amigo, es capaz de hacer por el amigo lo que no es capaz de hacer por sí mismo. Es un hombre noble que representa al pueblo”, afirmó. Y señaló que existen otras versiones donde el personaje aparece como un hombre tonto, infantil o aniñado. “Ahí hay una decisión. Todo eso hace que esta sea una versión particular, única, aunque no busque ser original”, sostuvo en Cacodelphia.
Una producción independiente de gran formato
Llevar una ópera completa a distintas ciudades implica para Lírica en Diagonal un desafío que excede ampliamente las dimensiones habituales de una producción independiente. “Es un poquito una locura”, reconoció Núñez. “Normalmente cuando hablás de teatro independiente hablás de obras de tres personajes, o cinco, y una ópera necesita una orquesta y una orquesta chiquita ya necesita 15 personas, más un coro chiquito, más la escenografía, los solistas, se hacen 55 personas, que es muy difícil de organizar”.
La compañía funciona bajo un sistema cooperativo y sostiene, además, una política de entradas accesibles. “Somos 55 personas que viajan a presentar la obra y que van a recibir una paga porque nos manejamos a través de un sistema de cooperativa. Las entradas son baratas para que todo el mundo pueda acceder porque es nuestra esencia, buscar que sea accesible para todos”, explicó.
Ese esquema también deja en evidencia las dificultades económicas que atraviesa una producción de estas características. “Si todo va bien, y los teatros se llenan, la solista que está ahí porque estudió por lo menos diez o veinte años se lleva 40 mil pesos, y con eso no paga los viáticos de los ensayos”, señaló Núñez. Por eso, para el director, hay una dimensión vocacional que atraviesa todo el proyecto: “Todos los que estamos ahí ninguno está por el dinero. Estás ahí porque amamos lo que hacemos, y en eso nos parecemos mucho al teatro independiente, porque nos sentimos hermanados, tenemos muchas cosas en común”.

La compañía llevará esta producción a distintos escenarios de la provincia de Buenos Aires. La primera función será el sábado 17 de octubre a las 20 en el Cine Teatro Victoria de Berisso. En La Plata habrá dos funciones en el Pasaje Dardo Rocha: el sábado 31 de octubre a las 19.30 y el domingo 1 de noviembre a las 17. Finalmente, la gira llegará al Teatro Maipú de Banfield el sábado 14 de noviembre a las 20.
La propuesta es apta para todo público y cuenta con promociones para estudiantes y jubilados. Las entradas pueden adquirirse a través de los canales de Lírica en Diagonal.
Para Núñez, la gira permite además discutir una idea instalada sobre la relación entre la ópera y el público. “En cada gira que hacemos nos damos cuenta de lo que significa llegar a las distintas ciudades con nuestra propuesta. La gente queda fascinada, hay mucho más deseo de ver ópera del que la mayoría de la gente cree”, afirmó.
Frente a quienes consideran que el género tiene cada vez menos espectadores, el director sostiene una mirada diferente: “La gente común le gusta ver ópera, sobra público”. Y en esa afirmación también parece encontrarse una de las razones para sostener una producción de estas características: llevar la ópera fuera de los circuitos habituales, recorrer ciudades, encontrarse con públicos diversos y demostrar, función tras función, que todavía hay quienes quieren escucharla y verla.
