La artista visual y docente, formada en la educación pública, participó de “Nos”, la muestra colectiva que reunió a cuarenta creadores en el MUMART. En diálogo sobre su trabajo, habló de sus distintas series, de la exploración con materiales, de la fotografía y la escritura como herramientas de registro y de una forma de crear en la que los sentidos de las obras aparecen durante el propio proceso.

Eleonora Calderón es artista visual y docente. Su trayectoria atraviesa la pintura, el dibujo, la ilustración, la fotografía y la escritura, en un recorrido que tiene como punto de partida y de formación a la educación pública. Licenciada en Artes Plásticas/Artes Visuales por la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de La Plata, también amplió sus estudios con un posgrado en “Objeto Visual Pictórico” en el entonces Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA), actual Universidad Nacional de las Artes.
En los últimos años, su producción pudo verse en distintas exposiciones. Una de ellas fue “Nos”, la muestra colectiva coordinada por Manuel Rubín, licenciado y profesor en Artes Plásticas con orientación en Pintura, egresado de la Facultad de Artes de la UNLP, que reunió pinturas y esculturas de cuarenta artistas en el MUMART, el Museo Municipal de Arte de La Plata.
Para Calderón, este tipo de convocatorias tienen un valor que excede la posibilidad de exhibir una obra: “Con Rubín tengo un gran cariño y una gran admiración. Siempre me ha convocado para formar parte de este tipo de muestras, que es una manera de poder mostrar y, sobre todo, compartir con colegas nuestro trabajo”.
La artista señaló que la práctica cotidiana del taller puede ser una tarea solitaria y que las exposiciones funcionan como una posibilidad de salir de ese espacio individual para encontrarse con otros.
“El trabajo artístico es más solitario y estas convocatorias nos permiten compartir y conocer a otros colegas. Por eso considero muy importante y muy valioso este tipo de muestras colectivas, sobre todo en espacios como el MUMART”, dijo a Cacodelphia.
La experiencia de “Nos”, además, tuvo una respuesta que Calderón valoró especialmente. “Tuvo una gran convocatoria, fue una linda muestra”, contó. Pero lo que destacó, sobre todo, es el encuentro que se produce alrededor de una exposición: volver a encontrarse con colegas, conocer nuevos artistas y acercar las obras al público.
“A mí me gustan mucho este tipo de muestras, porque nos movilizan, nos sacan de la cueva en la que estamos todo el año. Y el momento de la inauguración de la muestra es el momento de salir, de intercambiar y de cruzarse con el público”, destacó.
El taller y las distintas series
Para Calderón, este fue además un período particularmente activo. “Este año y el año pasado estuve muy activa en distintas exposiciones y pude mostrar mucho de lo que voy haciendo en el taller en solitario”, explicó.
Habitualmente, contó, el trabajo artístico transcurre durante largos períodos en el espacio del taller y las exposiciones aparecen como una instancia de cierre, aunque nunca definitiva.
“Las muestras llegan como para cerrar el ciclo de la obra, es el espacio donde uno puede mostrar con los demás lo que produce, lo que trabaja”, dijo.
Su producción se organiza alrededor de distintas series de investigación y experimentación. No se trata de un único lenguaje visual ni de una búsqueda cerrada, sino de recorridos que pueden acercarse al surrealismo, lo fantástico o la abstracción.
“Yo trabajo con distintas series, las llamo distintas series de investigación o experimento, bastante distintas unas de otras”, explicó. Una de las series que desarrolla actualmente se llama “Siguiendo al conejo blanco” y parte de una exploración sobre los vínculos entre lo humano y lo animal.
“Es una serie en la que vengo trabajando desde hace un tiempo. Es algo surrealista, algo fantástico; otras series se van más al abstracto”, contó
En esas obras aparecen figuras híbridas, seres que combinan rasgos humanos y animales. Calderón contó que las imágenes no necesariamente nacen de una idea acabada. Por el contrario, muchas veces comienza con bocetos, figuras o fotografías y luego encuentra el espacio y las relaciones entre los distintos elementos.
“Cuando comencé a bocetar los conejos estaban solos y después busqué un espacio donde ubicarlos. Fui pintando, buscando y armando esa especie de rompecabezas que es la imagen y después aparece el sentido o el significado”, expresó.
Incluso algunos elementos adquieren significado después de haber sido incorporados a la obra. En el caso de esta serie, por ejemplo, todos los conejos aparecen en el agua, algo que Calderón consideró significativo en su universo personal, aunque aseguró que no fue una decisión consciente al momento de construir las imágenes.
Una obra que se descubre mientras se hace
Esa manera de trabajar atraviesa buena parte de su producción. Los sentidos no siempre están definidos de antemano, sino que aparecen durante el proceso.
“Muchos de los significados que voy conectando en las obras aparecen después: cuestiones personales, sentimientos, la relación con el exterior, con el medio ambiente, con las otras personas. Me pasa que todos esos significados los voy descubriendo después. No es que me los propongo antes; van apareciendo”, explicó Calderón.
La serie “Siguiendo al conejo blanco” también tiene un origen íntimo. Calderón comenzó utilizando fotografías de su hija, dibujándola y vinculándola con el animal que había elegido como apodo para ella. Recién después apareció la relación con una tradición mucho más antigua.

“Este tipo de seres que son mitad humano y mitad animal viene de la mitología más antigua. En todos los pueblos los encontramos. En mi caso, esta serie del conejo fue apareciendo a partir de empezar a usar fotos de mi hija, dibujándola y unirla con ese animal que le había puesto de apodo. Después me di cuenta de la asociación con estos seres mitológicos”, repasó.
La obra que presentó en el MUMART, sin embargo, pertenecía a otra etapa de su producción. Formaba parte de una serie de objetos y engranajes, donde Calderón trabaja con otros conceptos y materiales.
“Me gusta ir explorando las distintas posibilidades de construir una imagen a partir de utilizar distintos materiales”, explicó.
Ese cambio también puede modificar la propia manera de pensar una obra. En su serie actual volvió a encontrarse con el óleo, un material más tradicional dentro de su formación pictórica.
“Con esta nueva serie que estoy haciendo, que mezcla lo humano con lo animal, me volví a encontrar con el óleo, que es algo más tradicional”, expresó
Un archivo hecho de imágenes y palabras
La artista describe su proceso creativo como un gran rompecabezas. La imagen final se construye a partir de fragmentos que pueden provenir de una experiencia, una fotografía, una lectura, un paisaje o una sensación.
“Yo tengo muchos bocetos de cuadernos, donde escribo, donde junto fotos, donde tomo notas de algún libro que me gustó. Saco fotografías de muchos lugares, me interesa mucho la naturaleza, entonces tomo muchas fotos del agua, del río, de las nubes, del mar. Todo eso se va combinando, es algo que lleva tiempo. Es una especie de rompecabezas”, explicó.
Esos cuadernos funcionan como un archivo personal en permanente movimiento. Allí conviven dibujos, fotografías, frases, textos y apuntes. Algunas ideas permanecen durante años hasta encontrar una nueva posibilidad.
“La imagen es como una especie de collage que uno hace tomando retazos de la realidad, de vivencias, de sentimientos, sensaciones. Todo eso en algún momento se junta y se cristaliza en una imagen o en una serie de imágenes”, dijo.
La fotografía y la escritura forman parte de ese proceso, aunque no necesariamente como disciplinas destinadas a ser exhibidas por separado. “La fotografía me gusta pero no es algo que muestro, sino que la uso como un registro y un recurso”, reveló.
Con la escritura sucede algo parecido:
“Me pasa lo mismo con la escritura. No es que escribo para publicar, escribo para mí. En mis cuadernos de bocetos se mezclan imágenes con un texto que escribo, bosquejos, frases. De ese modo se va armando un gran archivo que cada tanto reviso, consulto”.
Ese archivo también permite volver sobre obras inconclusas. Algunas pierden sentido y quedan abandonadas; otras pueden recuperar su lugar años después.
“Algunas de esas ideas u obras inconclusas, porque perdieron sentido, las termino, las completo, las recupero, les doy otro sentido. Y de ese modo las obras se resignifican, porque uno pone en cada obra pensamientos, sentimientos, sensaciones de ese momento que con el tiempo se resignifican”.
Por eso las series tampoco funcionan como compartimentos cerrados. Calderón puede regresar a una obra anterior, retomarla y encontrar allí algo que todavía tiene para decir.
“Como tengo también diferentes series, a veces regreso a algún cuadro de otra serie, que lo encuentro y lo termino. De ese modo las series se van entrelazando. Tengo una manera medio caótica de trabajar”, dijo.
Ese aparente caos convive, sin embargo, con una fuerte exigencia personal.
“Soy bastante exigente conmigo misma cuando me pongo a pintar, me gusta el trabajo minucioso y a veces me pasa que hay obras que las abandono, no para nunca más, pero las dejo. Con esta exigencia que tengo creo que todas las obras las abandono, no las doy por terminadas, las dejo”, destacó.
Enseñar también es una forma de aprender
La otra dimensión central de su trayectoria es la docencia. Calderón trabaja en su propio espacio de taller y desde hace años enseña en distintos niveles. Actualmente es docente en el nivel secundario, en una institución con orientación en arte.
Enseñar, lejos de aparecer como una actividad separada de la producción artística, terminó convirtiéndose para ella en otra forma de pensar y revisar aquello que hace.
“Aprendí mucho yo. Enseñar te permite aprender vos, porque ponés en orden un montón de conocimientos que tenés y que están dispersos”, dijo.
La necesidad de transmitir herramientas y acompañar a otros en la construcción de una imagen también la obligó a revisar sus propios conocimientos.
“Tener que dar una clase, ayudar a otros a que puedan producir una imagen, una obra, darles las herramientas que necesitan, te obliga a ordenarte. Por eso digo que enseñando aprendo yo y es algo que disfruto”.
Con el tiempo, esa separación entre artista y docente fue desapareciendo. Para Calderón, ambos mundos se alimentan mutuamente y el contacto con los estudiantes aporta además nuevas formas de mirar.
“En una época lo sentía como dos mundos distintos, después me di cuenta de que una cosa alimenta la otra. Así como enseño, aprendo de los demás, sobre todo trabajando con los jóvenes. Tienen una riqueza que uno por la edad va perdiendo y esa es una forma de retroalimentarse”, expresó.
Entre el taller, los cuadernos, las fotografías, las palabras y las clases, la obra de Eleonora Calderón continúa construyéndose de esa manera: como una búsqueda abierta en la que los materiales se encuentran, las series se cruzan y las imágenes terminan revelando sentidos que muchas veces la propia artista descubre mientras las está haciendo.
