El excombatiente platense reconstruye la experiencia de “Campo minado”, la obra teatral de Lola Arias que reunió a veteranos argentinos y británicos más de tres décadas después de la guerra. A partir de aquella experiencia, Sagastume reflexiona sobre los recuerdos, las heridas que permanecen y la posibilidad de escuchar al otro sin renunciar a las propias convicciones. El libro, editado por Junco, se presenta el sábado 17 de octubre en el Museo Almafuerte de Ensenada.

Hay historias que el tiempo no logra cerrar. Malvinas es una de ellas. Una historia atravesada por la memoria, las heridas de quienes estuvieron allí y las distintas maneras de interpretar una guerra que dejó marcas profundas en quienes combatieron y en la sociedad argentina.
En “Cosas enterradas en la guerra - Notas de un teatro de operaciones”, Gabriel Sagastume vuelve sobre aquella experiencia desde un lugar particular. Excombatiente del Regimiento 7 de Infantería de La Plata, el autor recupera el recorrido de “Campo minado”, la obra teatral dirigida por Lola Arias que reunió en un mismo escenario a tres veteranos argentinos y tres británicos, muchos años después del conflicto del Atlántico Sur.
Editado por Junco, el libro nació de la necesidad de poner por escrito una experiencia que trascendió los escenarios y modificó la manera en que sus protagonistas se relacionaban con sus propios recuerdos y con las historias de los demás. Su presentación en el Museo Almafuerte de Ensenada es una nueva oportunidad para compartir una reflexión que no pretende clausurar las discusiones sobre Malvinas, sino abrir preguntas sobre la memoria, los prejuicios y las consecuencias humanas de la guerra.
“Se trata de una obra que recorrió un montón de ciudades en Europa, América y hasta la presentamos en Japón. Algo de toda esa experiencia que hemos vivido necesité contarla, escribirla, para que nada se me olvide. Entonces, primero, empecé a escribir un diario personal sobre lo mucho que pasamos y luego entendí que eso podía ser un libro útil para otros”, contó Sagastume.
La escritura comenzó, así, como un ejercicio de memoria personal y terminó convirtiéndose en un registro de los encuentros, las discusiones, las emociones y los aprendizajes que acompañaron el desarrollo de la obra. No se trataba solamente de contar cómo se construyó un espectáculo teatral, sino de recuperar aquello que ocurrió entre sus protagonistas durante el proceso.
Nacido en La Plata en 1962, Gabriel Sagastume fue soldado conscripto del Regimiento 7 durante la guerra de Malvinas. Después del conflicto, estudió Derecho y desarrolló una carrera en el Poder Judicial, donde se desempeñó como fiscal hasta su jubilación. Su recorrido como escritor incluye “La lluvia curó las heridas. Viaje a las Islas Malvinas”, publicado en 2007 por la editorial Libros de la Talita Dorada; “El rock de las Malvinas”, una autoedición de 2012; y “Cuentos de sobremesa”, editado en 2026, que reúne relatos propios y de su amigo Mariano Maffia.
Salir del discurso aprendido
“Campo minado” nació del trabajo de Lola Arias y su equipo, que entrevistaron a más de 60 veteranos argentinos y británicos antes de seleccionar a los seis hombres cuyas historias formarían parte de la obra. El proyecto los convocó a reconstruir sus experiencias de guerra y a ponerlas en escena a través de sus propios testimonios, imágenes, canciones y recuerdos.
Para Sagastume, uno de los aspectos centrales de aquella experiencia fue la posibilidad de revisar los relatos que había construido a lo largo de los años. La preparación de la obra exigió volver sobre episodios personales, discutir cada palabra y enfrentarse a recuerdos que, hasta entonces, parecían tener un significado definitivo.
“Estamos muy acostumbrados a la discusión, al blanco y negro, y muchas veces me quedaban flotando un montón de dudas y de ideas a partir de prejuicios, de preconceptos, de cosas que nos vienen de la educación que uno tuvo, de los amigos que tenemos, de las cosas que leemos y de las películas que vemos. De repente pasan cosas que te hacen dudar de tus convicciones y me parece sano ponerlas en revisión y confrontar con otros que piensen distinto”, explicó.
El encuentro con los excombatientes británicos también le permitió descubrir que las diferencias no siempre eran tan profundas como había imaginado. Detrás de las posiciones enfrentadas por la guerra aparecían experiencias compartidas, recuerdos dolorosos y preguntas que no reconocían fronteras.
“No pensar igual no significa que no se puede trabajar para un objetivo, por ejemplo salir al escenario y hacer una función aunque no estemos de acuerdo en muchas cosas. Esa fue una de las grandes enseñanzas que me dejó la obra y ojalá el libro lo pueda transmitir”, sostuvo en Cacodelphia.
La posibilidad de convivir con el desacuerdo aparece como una de las ideas que atraviesan el libro. No implica olvidar lo sucedido ni equiparar responsabilidades históricas, sino reconocer que escuchar una experiencia ajena puede poner en cuestión certezas arraigadas y ayudar a comprender mejor las consecuencias de la guerra.
Las historias detrás de los uniformes
Entre los protagonistas de “Campo minado” estuvieron, junto con Sagastume, Rubén Otero, sobreviviente del crucero General Belgrano, y Marcelo Vallejos, quien se incorporó para ir a Malvinas después de haber sido dado de baja del servicio militar. Del lado británico participaron David Jackson, integrante de los Royal Marines; Lou Armour, también exintegrante de ese cuerpo, y Sukrim Rai, nacido en Nepal y perteneciente a la comunidad gurka.
Cada uno llegó con su propia historia, sus recuerdos y su manera de interpretar lo ocurrido. La convivencia entre ellos no estuvo libre de tensiones. Al comienzo, las diferencias culturales, las posiciones sobre el conflicto y los prejuicios dificultaban la comunicación. Sin embargo, el trabajo teatral fue generando un espacio en el que esas barreras comenzaron a ceder.
Sagastume recordó especialmente el caso de Marcelo Vallejos, quien tenía un fuerte rechazo hacia todo lo inglés, desde el idioma hasta la música. Una de las propuestas de la directora consistió en encontrar una canción que todos pudieran compartir. La respuesta fueron los Beatles.
“De golpe la directora dice ‘tenemos que hacer algo de música en común y pregunta qué podemos cantar, y aparecieron los Beatles, y así Marcelo se fue ablandando”, relató. La escena tuvo también un momento inesperado cuando Sukrim preguntó quiénes eran los Beatles, una muestra de las diferencias culturales que convivían dentro del grupo.
El caso de Sukrim Rai ocupa un lugar significativo en el relato. Durante la guerra de Malvinas circularon numerosas versiones sobre la participación de los gurkas, presentados en algunos medios como combatientes salvajes capaces de cometer atrocidades. Sagastume explicó que esas imágenes formaban parte de una construcción que el propio veterano nepalí buscaba desarmar.
“Hay mucho bolazo alrededor de la guerra de Malvinas y la realidad es que los gurkas no entraron en combate. En Buenos Aires, Sukrim quería dar cuenta de que no era un asesino salvaje. Supo de lo que decían los diarios y se preocupaba por contar que no era así”, afirmó.
El autor también recordó que, durante el conflicto, esas historias circulaban entre los propios soldados argentinos. “Eso también era parte de la guerra psicológica”, señaló, al referirse a la imagen de los gurkas que se difundía a través de los medios.
Con el tiempo, Sukrim encontró en los argentinos un espacio de cercanía. “Para nosotros Sukrim era el cuarto argentino porque siempre se juntaba con nosotros, un poco porque los ingleses lo discriminaban y otro poco porque a nosotros nos caía simpático”, contó Sagastume.

El encuentro permitió descubrir que los hombres que habían estado enfrentados en el campo de batalla también habían sido enviados a combatir por decisiones ajenas. En esa experiencia compartida se apoyó una de las reflexiones que atraviesan el libro. “Todos fuimos enviados por otros a pelear por ellos”, recuerda Sagastume al recuperar las palabras de Sukrim.
El abandono después de la guerra
Las historias que reconstruye “Cosas enterradas en la guerra” no terminan con el regreso de los soldados. También se detienen en las dificultades para retomar la vida cotidiana, en las marcas que persisten y en la manera en que cada sociedad recibió a quienes habían combatido.
Durante las funciones, los integrantes de la obra se encontraron con espectadores que habían participado en otros conflictos, como las guerras de Corea, Bosnia, Irak y Afganistán. Esos encuentros les permitieron advertir que, más allá de las particularidades históricas de cada enfrentamiento, existían experiencias comunes vinculadas con el abandono, el silencio y la dificultad de volver a la vida civil.
“Muchas veces sentimos que hablar de la guerra del Atlántico Sur, que duró unos meses, nos parecía un atrevimiento, sobre todo en Europa, donde prácticamente todas las familias tienen algún muerto en la Primera o en la Segunda Guerra Mundial, o en las dos. Sin embargo, nos encontramos con comentarios del público que recordaba historias de sus abuelos, de sus padres, o bien nos iban a ver veteranos que habían estado en Irak, en Afganistán, en Bosnia”, contó.
Entre esos testimonios, Sagastume recordó especialmente el de un veterano de unos 90 años que se acercó después de una función para compartir su propia experiencia. “Sufrí el mismo abandono que sufrieron ustedes”, les dijo, en referencia a las dificultades que también habían atravesado los excombatientes de Malvinas al regresar de la guerra.
La experiencia permitió ampliar la mirada sobre las consecuencias de la guerra. Las diferencias entre los países y los conflictos no desaparecían, pero el encuentro con quienes habían atravesado situaciones semejantes abría la posibilidad de reconocer dolores compartidos.
Para Sagastume, esa dimensión humana no debía confundirse con una justificación del conflicto ni con una explicación que borrara sus responsabilidades políticas. La obra, según recordó, no pretendía resolver las discusiones históricas, sino poner en primer plano las experiencias de quienes habían participado de la guerra.
Malvinas, las diferencias y las convicciones
Uno de los aspectos más significativos del libro es la convivencia entre miradas diferentes sobre el mismo acontecimiento. Sagastume entiende la guerra de Malvinas como una decisión equivocada de la dictadura militar, tomada en un contexto de crisis social y económica, mientras que Marcelo Vallejos pone el acento en el sacrificio y la entrega de quienes combatieron por la patria.
Las diferencias no desaparecieron durante el trabajo teatral. Por el contrario, formaron parte de las conversaciones y discusiones que hicieron posible la obra. La propuesta no consistía en que todos llegaran a una interpretación común, sino en que pudieran compartir un escenario sin renunciar a sus propias posiciones.
“Yo no me quiero en ese lugar de víctima. Obviamente que, para poder tener la cabeza sana y haber podido hacer una vida de trabajo, me ayudaron los amigos, la familia; uno no se salva solo, pero no quiero pensar que me deben algo y que me tienen que homenajear, me pone incómodo esa situación”, explicó Sagastume.
Su mirada sobre la guerra también está atravesada por una distancia crítica respecto de los militares que condujeron el país y llevaron adelante la dictadura. “A mí no me sale hablar bien de ningún milico. Que los milicos se defiendan ellos, yo no tengo que ser abogado defensor de nadie, y menos con las atrocidades que hicieron algunos. No es mi tarea destacarlas”, afirmó.
Al mismo tiempo, el autor evita presentarse como un especialista en la cuestión de la soberanía y distingue su experiencia personal de las discusiones históricas y jurídicas sobre las islas.
“Si vamos a hablar seriamente de una cuestión de soberanía, de derecho, de historia, bueno, que hablen los especialistas. A veces me parece pobre la discusión porque se rebaja a consignas que parecen de canchas de fútbol, empieza a degradarse la opinión”, sostuvo. Y agregó que, aunque conoce los argumentos argentinos sobre los derechos sobre las islas, no se siente cómodo pronunciando un discurso sobre un tema para el que considera que no está capacitado.
Esa posición no supone desentenderse de Malvinas, sino reconocer los límites de la propia experiencia y la necesidad de que el debate no quede reducido a consignas que impidan pensar.
En el libro, Sagastume recupera una reflexión de David Jackson sobre el lugar que ocupa Malvinas en la memoria colectiva argentina. “No se trata solo de la guerra, es algo muy simbólico, lo de Malvinas. A nivel afectivo, como sociedad, se lleva en el alma”, expresó el excombatiente británico durante la presentación de la obra en Argentina. Sagastume contrapone esa mirada con la forma en que Inglaterra recuerda sus conflictos bélicos. “En Inglaterra no existe Malvinas. Ellos tienen un día al año, que se llama Remembrance Day (Día del Recuerdo), el 11 de noviembre, y eligieron esa fecha porque es el día que se puso fin a la Primera Guerra Mundial. Es decir, tienen un día al año para recordar todas las guerras, porque si le pusieran a cada guerra un día no les alcanza el calendario”, explicó.
El teatro como una experiencia transformadora
La construcción de “Campo minado” también exigió que sus protagonistas aprendieran a trabajar como actores. Ninguno de ellos había sido convocado por su formación teatral, sino por las historias que llevaba consigo. Durante meses tuvieron que ensayar, aprender movimientos escénicos, manipular cámaras, participar de proyecciones, tocar instrumentos y cantar frente al público.
“Más allá de Malvinas, de ser una obra testimonial, es también un espectáculo teatral”, explicó Sagastume. El proceso incluyó discusiones sobre las palabras exactas que cada uno debía decir, la forma de contar sus recuerdos y hasta las conjugaciones de los verbos. Las correcciones de Lola Arias y su equipo eran debatidas porque lo que estaba en juego no era una ficción ajena, sino la propia historia de los protagonistas.
“Los ensayos nos obligaron a salir del discurso automatizado que teníamos”, señaló al referirse a la necesidad de volver sobre sus relatos y reconstruirlos desde otro lugar.
Uno de los momentos más personales de la obra aparece cuando lee una carta que escribió desde las islas a quien entonces era su novia y hoy es su esposa. La carta se proyecta en una pantalla mientras él la lee en el escenario. Aunque la conoce de memoria y la leyó innumerables veces, el recuerdo todavía lo devuelve a Malvinas.
“Siempre algunas palabras me regresan a la isla, me traen algún recuerdo, es decir, siempre algún clic me hace”, contó. Y recordó también la emoción que le provoca escuchar los suspiros del público en esos momentos.
La escena muestra que la memoria no es un relato inmóvil. Incluso cuando las palabras se repiten, los recuerdos pueden volver a abrir una herida o iluminar un aspecto de la propia historia que parecía conocido.
El trabajo también tuvo consecuencias en la vida de los protagonistas. Sagastume contó que, para Marcelo Vallejos, la obra resultó especialmente transformadora. Después de años atravesados por dificultades económicas y problemas personales, el encuentro con los otros veteranos le permitió revisar sus posiciones y construir nuevos vínculos.
“Creo que para Marcelo fue muy curativo enfrentarse a otras versiones, a un tipo que le podía discutir desde el afecto. También lo sacudió muchísimo ver a los ingleses contar sus historias y sus dolores; eso lo conmovió mucho”, relató. Según contó, Marcelo también pudo establecer una relación diferente con su mujer y su hijo, a quien antes no dejaba estudiar inglés.
Una historia que sigue abierta
En “Cosas enterradas en la guerra”, Gabriel Sagastume reconstruye una experiencia artística, pero también deja registro de un proceso personal y colectivo que lo llevó a revisar recuerdos, discutir certezas y descubrir que las historias de quienes estuvieron en bandos enfrentados podían encontrar puntos de contacto.
El libro no propone una mirada única sobre Malvinas ni busca cerrar las discusiones que todavía atraviesan a la sociedad argentina. Su aporte está en recuperar las voces de quienes vivieron la guerra y en mostrar qué sucede cuando esas voces encuentran un espacio para escucharse, incluso en medio de las diferencias.
A través de las historias de los seis protagonistas, Sagastume vuelve sobre una experiencia que le permitió comprender que reconocer el dolor del otro no significa abandonar las propias convicciones. En tiempos en que las discusiones suelen reducirse a posiciones irreconciliables, esa posibilidad adquiere una dimensión que excede el escenario.
Porque, como muestra el recorrido de “Campo minado”, contar la propia historia puede ser también una forma de volver a mirarla. Y escuchar la historia de los demás, aun cuando no se comparta su interpretación, puede abrir preguntas que durante años permanecieron enterradas.
La presentación de “Cosas enterradas en la guerra”, de Gabriel Sagastume, se realizará el sábado 17 de octubre, a las 17, en el Museo Héroes de Malvinas, ubicado en el predio del Fuerte Barragán, en Ensenada. Quienes están a cargo del espacio ofrecerán también una visita guiada para quienes quieran conocer el lugar. Al igual que en la presentación anterior, se recibirán donaciones de alimentos y ropa destinadas al Club Villa María de Punta Lara, que cuenta con un comedor y roperos populares. De esta manera, el encuentro sumará a la memoria y la reflexión sobre Malvinas una iniciativa solidaria con la comunidad.
