La artista plástica inauguró “Cartografías” en el Club Atlético City Bell, una muestra de 14 obras en las que retrata a integrantes de pueblos originarios a partir de un soporte austero, encontrado en las calles. Con el retrato como lenguaje y la mirada como punto de partida, Carrica propone un recorrido por rostros e historias de comunidades históricamente invisibilizadas.

María Isabel “Moni” Carrica nació en Laboulaye, Córdoba, en 1954, y reside en City Bell desde 1983. Dibuja desde los diez años y encontró en el retrato una forma de expresión que la acompaña desde sus primeros pasos en el arte. Sin embargo, en su muestra “Cartografías”, esa trayectoria encuentra un nuevo rumbo: los rostros de los pueblos originarios aparecen sobre cartones recuperados de la calle, en obras que enlazan la búsqueda artística con una reflexión sobre la memoria, la identidad y las condiciones de vida de esas comunidades.
“Mi tema siempre fue el retrato”, contó Carrica. Su formación comenzó en su ciudad natal, donde estudió dibujo y pintura con Delfa Belgrano, una reconocida profesora con quien participó en distintas muestras colectivas. Después continuó su camino de manera autodidacta, aunque sin abandonar nunca el dibujo. Durante mucho tiempo, el grafito fue su principal herramienta; más adelante incorporó otras técnicas y materiales en el taller del artista Martín La Spina, al que asiste desde hace años.
“Yo vengo del lápiz negro, siempre fue el grafito mi bandera”, explicó. Aunque reconoce que hoy cuenta con autonomía para trabajar, destaca la riqueza del espacio colectivo: “La vida, la riqueza y la experiencia del taller y, sobre todo, la mano de Martín es una cosa que me enriquece mucho”.
En “Cartografías”, el cambio no es solamente técnico. También se modifica el soporte y, con él, la relación entre la imagen y aquello que busca expresar.
El rostro como mapa
El título de la muestra permite acercarse a una de las ideas centrales de su trabajo. Para Carrica, un rostro puede contener una historia, una experiencia y una manera de habitar el mundo. Por eso, la mirada ocupa un lugar fundamental en sus retratos.
“En el retrato básicamente busco expresión. A mí me gusta mucho la mirada de la gente y me parece que un rostro es un mapa perfecto. El nombre de la muestra, ‘Cartografías’, tiene mucho que ver con eso, porque es como una especie de mapeo, en este caso, a través de las personas del país”, señaló.
Las 14 obras que integran la exposición, de distintos tamaños, tienen como protagonistas a integrantes de pueblos originarios. Para construirlas, la artista recurrió a imágenes de archivo, fotografías encontradas en internet y, especialmente, materiales conservados en el Archivo General de la Nación. A partir de esas referencias, seleccionó los rostros que más la conmovieron y que le permitieron establecer una relación personal con las imágenes.
“Me involucro mucho cuando pinto, más cuando es un tema bastante central. He pensado mucho en toda esta temática y aproveché para leer sobre el tema, de manera que nunca estoy distraída cuando estoy pintando en estas cosas”, explicó.
La elección no fue inmediata ni respondió a un proyecto cerrado desde el comienzo. Según relató, la idea de retratar a los pueblos originarios fue apareciendo de manera gradual, a medida que descubría diferentes comunidades y se interesaba por sus historias.
“Esta muestra, además de que es inusual por el soporte, que no se utiliza siempre, tiene como temática los pueblos originarios. Encontré una conjunción entre las dos cosas que me resultó, al final, bastante lógica. Creo que no podría haber hecho otros rostros que esos sobre ese soporte tan austero”, expresó en Cacodelphia.
“Esta muestra de retratos es un reconocimiento a la nobleza de un material que, a pesar de ser bello, rara vez se elige como soporte final. Y, sobre todo, es un homenaje profundo a los pueblos originarios, que tampoco se eligen siempre como tema a pesar de haber permanecido y habitado tan largamente el territorio”, dijo.
El cartón como parte de la obra
El cartón no es un simple fondo sobre el que Carrica pinta. Su textura, sus marcas, sus dobleces y sus roturas forman parte de la imagen. La elección de este material surgió a partir de conocer la experiencia de Mariano Altamirano, artista plástico de la Villa 31, conocido artísticamente como Cartón Pintado, que trabaja sobre este soporte. Aunque todavía no había visto su obra, saber que lo utilizaba despertó su curiosidad y la llevó a preguntarse cómo sería realizar un retrato sobre cartón.
“Lo primero que me impresionó es saber que había utilizado ese soporte, que con toda seguridad lo hizo por necesidad. A mí me generó un interés muy grande enseguida y pensé: cómo será un retrato sobre cartón. Ahí arrancó el primero y después se sumaron otros”, recordó.
Desde hace tres años trabaja con esta temática. En ese tiempo, el cartón se convirtió también en un material que sale a buscar. “Me convertí en una espía de las calles, como todo en la vida cuando uno le pone la vista a un tema particular”, contó. Algunos los encontró ella misma; otros se los regalaron.
La artista conserva el material tal como aparece. No busca disimular sus imperfecciones ni reconstruir sus partes deterioradas. “El cartón no está intervenido, está como fue encontrado. Ni las he roto a propósito, las roturas de las cajas están como las encontré”, aclaró.
En el proceso de trabajo, además, descubrió que la ausencia podía tener tanta fuerza expresiva como la pintura. Al principio cubría por completo las superficies, pero poco a poco comenzó a dejar espacios vacíos y a permitir que el cartón se manifestara en la composición.
“No fue una cosa premeditada. Me di cuenta después de que los primeros cartones estaban totalmente pintados, estaban cubiertos, y poco a poco comenzó a aparecer el vacío, el espacio, y se empezó a expresar más el cartón. Ahí me di cuenta de que todo pasaba a ser todavía mucho más expresivo”, relató.
A partir de ese descubrimiento, sintió la necesidad de que las roturas y los bordes irregulares también participaran de la obra. Así, el rostro representado y el soporte que lo contiene establecen una relación en la que la imagen pintada convive con las marcas del tiempo y las huellas de un material que tuvo otra vida antes de llegar al taller.

Para Carrica, esa relación terminó de darle sentido a la elección. “El conocimiento de este artista me hizo ver con claridad que el cartón era el material para expresar todas estas cosas”, afirmó.
La técnica también acompañó esa búsqueda. Aunque el retrato a lápiz fue durante años su principal medio de expresión, en esta oportunidad trabajó con acrílico, un material que encontró especialmente adecuado para la superficie. En otras etapas había explorado la pintura asfáltica, pero en “Cartografías” el acrílico permitió desarrollar los rostros sobre el cartón recuperado.
Una de las piezas de mayor tamaño está realizada sobre una caja de televisor. Allí representó tres grupos de integrantes de los pueblos yaganes y selk'nam, originarios de Tierra del Fuego. El encuentro entre las imágenes y el soporte vuelve a poner en diálogo la representación de esas comunidades con un objeto cotidiano que, una vez descartado, encontró una nueva posibilidad de existencia en la obra.
Rostros que reclaman visibilidad
La elección de los pueblos originarios como protagonistas de la muestra no es un detalle secundario. Carrica reconoce en esas imágenes una temática que siempre le interesó y sobre la que necesitó profundizar, tanto desde la investigación como desde la experiencia de pintar.
Cada rostro es una puerta de entrada a una historia colectiva, a una identidad y a una presencia que muchas veces queda relegada de los relatos dominantes.
En su trabajo, los retratos no se limitan a reproducir una fisonomía. Cada rostro es una puerta de entrada a una historia colectiva, a una identidad y a una presencia que muchas veces queda relegada de los relatos dominantes.
“Se trata de pueblos invisibilizados que viven en condiciones muy difíciles”, señaló la artista.
La austeridad del cartón y las huellas que conserva dialogan con esa preocupación. Sin convertir el material en una ilustración literal de la temática, Carrica encuentra allí una forma de acompañar las imágenes y de darles un espacio en el que puedan expresarse sin borrar las marcas que ya traen consigo.
La muestra también fue para ella una oportunidad de detenerse a pensar en las razones de su propia búsqueda. “Un día me senté a pensar por qué estaba haciendo todo esto. Necesité saber si había relación entre el material y la temática”, contó. De esa reflexión surgió un escrito introductorio en el que buscó poner en palabras el vínculo entre ambos elementos.
El resultado es una exposición en la que el recorrido artístico y la reflexión sobre la identidad se cruzan sin perder de vista la mirada como punto de partida. Aquella preferencia por el retrato que acompaña a Carrica desde la infancia encuentra ahora otros rostros y otro soporte, pero conserva la misma intención de detenerse en aquello que una expresión puede revelar.
Sobre el futuro de esta experiencia, la artista no tiene certezas. “No sé si voy a seguir mucho tiempo más trabajando con el cartón, pero ya dejo por probado que el cartón es un material fantástico y siempre que cuente con un motivo que sea tan inspirador voy a volver a él”, sostuvo.
Mientras tanto, “Cartografías” propone detenerse frente a esas imágenes y mirar con atención. No solo los rostros pintados, sino también el material que los sostiene, sus marcas y sus vacíos. En esa convivencia entre lo recuperado y lo representado, Moni Carrica construye un mapa sensible de pueblos cuyas historias y presentes merecen ser vistos y reconocidos.
La muestra puede visitarse de lunes a viernes, de 17 a 20, en el Club Atlético City Bell, (473 entre diagonal 3 y 13c, ex Cantilo entre Jorge Bell y 6), en City Bell.
