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Alejandro Bordas, entre la tradición y la invención del tango

El guitarrista, compositor y docente acaba de publicar “Tango en siete cuerdas. Un mapa posible para la guitarra”, un libro que reúne ocho arreglos y propone nuevas herramientas para estudiar y ampliar el lenguaje del instrumento. La edición se suma a “Mudanza”, su reciente disco solista, en un recorrido que reivindica la creación contemporánea, la educación pública y la necesidad de mantener vivo el tango. En octubre, Bordas viajará a Europa para presentar el libro, ofrecer conciertos y compartir su trabajo con músicos y estudiantes.

Hay músicos que, además de tocar y crear, se detienen a pensar cómo se construye una tradición y de qué manera puede seguir creciendo. Alejandro Bordas pertenece a ese grupo. Guitarrista, arreglador, compositor y docente, lleva años explorando las posibilidades de la guitarra de siete cuerdas dentro del tango contemporáneo. Ahora, dos proyectos que se relacionan estrechamente, el disco “Mudanza” y el libro “Tango en siete cuerdas. Un mapa posible para la guitarra”, editado por Mil Campanas, dan cuenta de una búsqueda artística y pedagógica que combina el conocimiento de la tradición con el deseo de abrir nuevos caminos.

El libro reúne ocho arreglos, cuatro obras solistas y cuatro dúos, y propone un recorrido para trabajar tanto el desarrollo técnico como la construcción de un repertorio. No se trata solamente de incorporar una cuerda más a la guitarra, sino de comprender cómo ese recurso puede transformar la sonoridad, el acompañamiento y las posibilidades expresivas del instrumento. En el prólogo, Bordas plantea una idea que atraviesa todo el proyecto y funciona como una declaración de principios, “Este libro es, en definitiva, un llamado a la invención”.

La publicación también propone un diálogo entre memoria y contemporaneidad, entre el conocimiento acumulado por generaciones de músicos y la posibilidad de construir un lenguaje propio. En esa perspectiva, la guitarra de siete cuerdas aparece como una herramienta para explorar nuevas texturas, silencios, acordes y formas de interpretación, sin abandonar la identidad del tango.

Un material construido a partir de la experiencia

El origen del libro está ligado a la docencia y a una necesidad concreta. Bordas es docente de la Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA), donde se desempeña como coordinador pedagógico de la carrera de tango. Allí, como en buena parte de su recorrido musical, fue encontrando preguntas que no tenían respuestas disponibles en los materiales de estudio.

Su acercamiento a la guitarra de siete cuerdas comenzó durante una beca para estudiar música en Brasil, en la Universidade Federal do Paraná. Allí descubrió un universo instrumental que desconocía, con una tradición mucho más extendida de este tipo de guitarra, especialmente en el sur del país y en el ámbito de la música popular brasileña.

“En Brasil, la práctica de la guitarra de siete cuerdas está mucho más extendida, existen escuelas dedicadas a este instrumento y hay mucho material sobre música popular brasileña, sobre todo en el sur del país. Ahí me compré una guitarra de siete cuerdas y comencé a tocar. En ese momento, el otro músico que tocaba tango con una guitarra de estas características era Daniel Argañaraz”, contó Alejandro Bordas.

Bordas estudió en Brasil, con Rogério Souza, reconocido guitarrista brasileño de siete cuerdas, compositor, arreglador y productor, considerado uno de los grandes exponentes del lenguaje carioca de la guitarra y del choro.

El regreso al tango planteó un desafío. Mientras en Brasil existían antecedentes, métodos y materiales para estudiar el instrumento, en el ámbito tanguero había muy poco escrito. Bordas tuvo que investigar, desarrollar ejercicios técnicos y construir sus propios arreglos. Con el tiempo, esa experiencia individual empezó a convertirse en material pedagógico.

“Cuando empecé a investigar, no había material sobre la guitarra de siete cuerdas aplicada al tango, así que tuve que construirlo, inventar mis propios ejercicios técnicos y arreglos. Y hace unos diez años comenzaron a llegar alumnos que tocaban este instrumento y, como docente de la EMPA, empecé a preparar apuntes y materiales que yo no había tenido. Así surgió la necesidad de escribir arreglos, solos y ejercicios para resolver las dificultades que aparecían, especialmente porque todos veníamos de tocar guitarras de seis cuerdas. Incorporar una más implica todo un proceso de adaptación, porque el cuerpo tiene que acostumbrarse a esa nueva disposición. Es un aprendizaje largo”, explicó.

La incorporación de una cuerda más, señaló, no es un cambio menor para quien viene de tocar una guitarra convencional de seis cuerdas. También implica modificar la relación física con el instrumento, la ubicación de las manos y la manera de comprender el armado de los acordes. De ese proceso surgieron apuntes, arreglos, solos y ejercicios que ahora encuentran una forma más sistemática en el libro.

“Todo eso me llevó a escribir este material, pensando en quienes vienen detrás y en lo que yo no tuve en su momento. La idea es ampliar las posibilidades de la guitarra, en un país tan guitarrero como el nuestro, y aportar una perspectiva más contemporánea al tango. En ese sentido en el prólogo del libro planteo mi intención de consolidar a la guitarra de siete cuerdas como una voz fundamental del tango contemporáneo”, contó Bordas.

La publicación es, en ese sentido, una herramienta de estudio, pero también una forma de transmitir una experiencia y ponerla a disposición de otros músicos.  Alejandro Bordas adelantó que tiene previsto presentar el libro en las escuelas de música de la provincia de Buenos Aires y destacó el acompañamiento de la editorial Mil Campanas, cuyo apoyo incondicional hizo posible la publicación de esta obra de literatura guitarrística. El músico contó que el proceso de edición demoró un año debido a cuestiones vinculadas con los derechos de las obras. “La editorial salió a bancar y apoyó este proyecto”, aseguró.

Una tradición que se construye entre generaciones

El trabajo de Bordas no pretende presentarse como un punto de partida absoluto. Por el contrario, reconoce que cada nueva experiencia musical se apoya en el camino recorrido por quienes investigaron, enseñaron y publicaron antes.

En ese sentido, destacó la importancia del libro de Hugo Romero, al que considera un antecedente fundamental para que otros músicos pudieran avanzar en el estudio de la guitarra dentro del tango.

“Muchas veces los libros son lo que son porque hubo otra gente que publicó algunos libros antes. Este libro tiene que ver con el libro de Hugo Romero; sin ese libro, para todos los que venimos atrás hubiese sido imposible publicar algo relacionado con la guitarra del tango”, señaló.

La continuidad de ese trabajo colectivo es una de las ideas que atraviesan la publicación. Bordas entiende que el conocimiento musical no se agota en una obra ni en una generación, sino que se transmite, se transforma y se amplía a partir de nuevas preguntas.

“Es probable que los que vengan después puedan tomar algo de esto para seguir profundizando e innovando en nuevas publicaciones que colaboren con la difusión y el estudio de la música en general”, expresó.

Esa mirada también aparece en las palabras de quienes acompañan el libro. En uno de los prólogos del libro, el músico Julián Peralta destaca al tango como un lenguaje en movimiento, capaz de incorporar nuevas herramientas sin perder su esencia, y ubica la exploración de Bordas dentro de ese diálogo entre tradición, técnica e innovación.

Por su parte, Federico Beilinson pone el acento en el valor de publicar un libro de partituras en un tiempo dominado por la circulación inmediata de contenidos. Desde esa perspectiva, la escritura musical permite preservar y transmitir una parte del conocimiento, pero también intervenir en la tradición desde el presente. Las partituras no quedan reducidas a un archivo: ofrecen a otros músicos la posibilidad de estudiar los arreglos, interpretarlos y hacerlos sonar de nuevas maneras.

“Editar un libro de partituras es un desafío muy grande, sobre todo hoy, cuando quienes deciden estudiar música son gente muy valiente, porque implica un sacrificio enorme. No digo que ser médico no lo implique, pero vivimos en una sociedad en la que la recompensa inmediata parece estar a la distancia de un clic y resulta muy difícil concentrarse en la lectura. Mi idea es aportar un granito de arena en medio de un mar de un millón y medio de distracciones, a una música que amo, que es el tango, y a un instrumento que también amo, que es la guitarra”, dijo en Cacodelphia.

La apuesta por la escritura adquiere así un sentido que va más allá de la publicación de un método. Se trata de dejar registro de una búsqueda para que pueda ser retomada, discutida y continuada.

“Mudanza”, el disco y la convivencia de dos mundos

El libro dialoga directamente con “Mudanza”, el reciente disco solista de Bordas. Aunque se presentan en formatos diferentes, ambos proyectos nacieron de un mismo proceso de investigación y creación. Mientras el libro organiza parte de los arreglos y los recursos trabajados durante años, el disco permite escuchar cómo esas ideas se integran a una propuesta musical más amplia, en la que conviven composiciones propias y nuevas lecturas de tangos de otras épocas.

“El disco y el libro fueron de la mano. Primero apareció el disco y luego el libro, pero fueron de la mano porque yo venía escribiendo el libro y ese material lo venía desarrollando desde que entré a dar clases en la EMPA”, explicó.

En “Mudanza” conviven el tango tradicional visto desde una perspectiva personal, los arreglos con características contemporáneas y la obra que Bordas viene desarrollando como compositor. Esa combinación también se expresa en el arte de tapa, realizado por Juan Lorenzo para el disco y el libro, que refuerza el vínculo entre ambas publicaciones.

“Hay un momento de mi vida en el cual no hay conflicto alguno entre el tango tradicional y el contemporáneo, entre la composición y las interpretaciones de los tangos más antiguos. En algún momento lo hubo, quizá cuando era más joven; hoy ya no tengo ese conflicto, me siento a gusto con los dos”, contó.

La afirmación resume una posición artística. Para Bordas, la tradición no es un repertorio cerrado que deba reproducirse de manera idéntica, sino una experiencia que puede ser apropiada y transformada. El respeto por los maestros y por las obras que construyeron el género no impide la creación de nuevas composiciones. Al contrario, puede ser su punto de partida.

“Esos maestros que nos abrieron puertas y de quienes nosotros aprendimos a tocar el género estaban depositando la confianza en toda nuestra generación para empezar a componer tangos, a tener un decir propio dentro del género. Entiendo que esa es la única manera de poder apropiarlo y seguir construyendo hacia adelante”, sostuvo.

“Es un género que está vivo y la única manera de construirlo hacia adelante es poder generar obra nueva. Si no, pasamos a ser unos conservaduristas del género”, advirtió. Para Bordas, todavía hay mucho por investigar y experimentar, y una señal de vitalidad está en las nuevas generaciones de músicos que ya no sienten que deban elegir entre interpretar el repertorio histórico y componer sus propios tangos.

La educación pública como proyecto cultural

La docencia ocupa un lugar central en la trayectoria de Bordas y en la concepción de sus trabajos recientes. Antes de explicar por qué decidió escribir el libro, prefiere hablar de la experiencia colectiva de la que forma parte en la EMPA, una institución que considera decisiva para su formación y para el desarrollo de la enseñanza sistemática de la música popular en la Argentina.

“Antes de pensar por qué pensé este libro, pienso en el hecho social más importante del cual formo parte, que es la docencia en la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Creo que ahí surgen los primeros amores por el tango, la guitarra, por estudiar y enseñar este instrumento”, señaló.

Bordas destacó que, antes de la creación de la EMPA, la enseñanza formal de la música tenía como referencia principal modelos europeos y no existía una sistematización comparable para el estudio de la música popular. Los apuntes y materiales elaborados a partir de las necesidades de los estudiantes fueron creciendo hasta convertirse en cuadernillos y publicaciones que hoy forman parte de una experiencia educativa más amplia.

“Es imposible pensar toda esa cantidad de material publicado sin ese proyecto gigantesco que es la EMPA”, afirmó.

Su compromiso con la institución también se expresa en iniciativas que buscan acercar la música a la comunidad. Desde que comenzó a coordinar el área de tango, en 2023, impulsó distintas propuestas para fortalecer la experiencia musical compartida. Una de ellas consiste en organizar pequeños conciertos acústicos durante los recreos, en el hall de la escuela, con presentaciones de diez minutos en las que participan docentes, estudiantes y músicos invitados.

La idea surgió de una preocupación por la dispersión y la dificultad para sostener la atención en una época atravesada por las redes sociales y los teléfonos celulares. La propuesta, explicó, busca recuperar la escucha como experiencia colectiva y hacer del espacio cotidiano de la escuela un lugar de encuentro musical.

“Cuando empecé a coordinar el área de Tango de la EMPA, en 2023, pusimos en marcha dos proyectos. El primero surgió de una preocupación por la distracción que generan las redes sociales y los celulares. Pensé que, aunque estudiamos música, no teníamos incorporado en la vida cotidiana el hábito de compartir conciertos. Así nació la propuesta de hacer pequeños recitales acústicos de diez minutos en el hall de la escuela, durante los recreos. El formato acústico nos obligaba a prestar atención para poder escuchar. Hace tres años que sostenemos esta experiencia, por la que pasó muchísima gente, y que transformó la convivencia musical entre docentes, estudiantes y músicos invitados”, contó.

Otra iniciativa fue la producción de un disco con la orquesta de tango de la EMPA. El proyecto se realizó en articulación con un estudio de grabación de Avellaneda, señalado por Bordas como el primer estudio de grabación público, y tuvo un reconocimiento significativo al ser seleccionado y luego distinguido con un Premio Gardel.

“Como músicos y docentes de música popular, nos preguntamos cómo devolverle a la sociedad parte de lo que hacemos. Este año, la escuela cumple 40 años y nunca había producido un disco propio. Lo hicimos desde el área de Tango, junto con un estudio de grabación público de Avellaneda, y grabamos un trabajo hermoso con una orquesta de 26 integrantes. Después lo presentamos y lo postulamos a los Premios Gardel. Quedamos seleccionados y finalmente ganamos, convirtiéndonos en la primera escuela del país en obtener un reconocimiento tan importante”, destacó Bordas.

Para el músico, el premio no representa solamente un logro artístico. También pone en primer plano el trabajo acumulado por la escuela durante sus cuatro décadas de historia y permite discutir los prejuicios sobre la educación pública.

“El premio es un reconocimiento no solo al disco, sino al gran trabajo que ha hecho la EMPA en estos 40 años. Es un premio que visibiliza la educación pública y lo importante que es volver a ponerla en boca de todos, cuando te quieren convencer de que los maestros no hacen nada, de que la educación privada es mejor y de que lo público es una porquería”, expresó.

“Todo el tiempo se está vapuleando al conjunto de la docencia y se desfinancian las universidades, los institutos terciarios y escuelas como la EMPA. Sin embargo, se pueden lograr cosas. No se trata de demostrarle nada al Gobierno nacional, sino de devolverle a la sociedad lo que recibimos de la educación pública. Estos proyectos demuestran que es un proceso largo, que lleva años y requiere compromiso, pero que da resultados. Por eso, el mensaje es que apostemos por la educación pública”, opinó Bordas.

El músico también destacó el vínculo que estas experiencias construyen con la comunidad. “De este modo, nos repensamos como institución y nuestros estudiantes reflexionan sobre su relación con la sociedad, con los vecinos de Avellaneda y también con los de toda la provincia de Buenos Aires”, concluyó.

En un contexto de recortes salariales, dificultades de infraestructura y desfinanciamiento de las instituciones educativas, Bordas reivindicó la continuidad de un proyecto que requiere tiempo, recursos y compromiso colectivo. Para él, el sentido de la enseñanza no se limita a la formación profesional, sino que incluye la posibilidad de devolver a la sociedad lo aprendido y construido.

“Seguimos sosteniendo, a pesar de los ataques, ese valor que es la educación pública porque muchos de nosotros nos formamos en ella. Entonces, entiendo que tenemos que devolver todo lo que nos dio”, afirmó. Y resumió la manera en que la comunidad educativa enfrenta las dificultades actuales con una frase sencilla, “con amor y con pasión”.

De Buenos Aires a Europa, con el libro y la guitarra

El próximo 14 de octubre, Bordas partirá de gira por Europa con el propósito de presentar “Tango en siete cuerdas. Un mapa posible para la guitarra”, ofrecer conciertos solistas y compartir su trabajo musical en distintos espacios. Entre las actividades previstas figura una presentación del libro el 20 de octubre en la Universidad de Varsovia, en Polonia, además de otra instancia en el Conservatorio Frédéric Chopin.

Durante la gira también acompañará a Bárbara Grabinski y realizará conciertos en los que podrá mostrar en vivo parte del universo musical que desarrolla en “Mudanza” y en sus trabajos como compositor e intérprete.

La presentación europea extiende el recorrido de un libro que nació de la experiencia docente y de la necesidad de construir materiales de estudio para un instrumento todavía poco explorado dentro del tango. Al mismo tiempo, permite poner en diálogo esa investigación con otros músicos, estudiantes e instituciones dedicadas a la formación musical.

A su regreso, en noviembre, Bordas realizará una nueva presentación del libro y del disco “Mudanza” en el Espacio Cultural Cambalache.

El viaje llega en un momento en el que ambos proyectos se complementan y amplían una búsqueda que no se agota en la publicación de un libro ni en la grabación de un disco. La guitarra de siete cuerdas es el punto de partida para pensar cómo se transforma una tradición, cómo se transmite un conocimiento y de qué manera una generación puede continuar el camino de las anteriores sin renunciar a su propia voz.

Bordas viene de una trayectoria que incluye seis discos al frente de Siniestra Tango, grupo que dirigió durante veinte años y con el que grabó principalmente obra propia, además de colaboraciones con artistas como Soledad Villamil, Amelita Baltar, Suna Rocha, Eleonora Barletta, Karina Beorlegui y Bárbara Grabinski. Su experiencia como intérprete, compositor y docente converge ahora en una etapa que abre nuevas posibilidades.

“Venía de grabar seis discos y de dirigir y componer para Siniestra Tango, un grupo que tuve durante veinte años y con el que siempre trabajamos sobre obra propia. También había tenido un dúo con Claudio Moler, quien lamentablemente falleció y con quien grabé un solo disco. Pero el desafío de tocar como solista siempre estuvo presente. Me intrigaba qué podía pasar al enfrentarme solo al estudio, después de tantos años de grabar con otras personas. Y fue esa una experiencia nueva, que disfruté mucho, aunque también sufrí el rigor y el desgaste físico que implicó trabajar de esa manera”, contó Bordas.

El músico y docente ya trabaja, además, en dos próximos discos. Uno estará dedicado a composiciones propias para quinteto de cuerdas y guitarra de siete cuerdas, con algunos temas cantados. El otro tendrá como eje la canción, con una instrumentación mínima y despojada. Dos proyectos diferentes que prolongan la búsqueda de un músico que se mueve entre la escritura, la interpretación y la creación.

“Tengo planeado grabar dos discos más, que ya estoy armando, uno lo termine de escribir, son obras propias para un quinteto de cuerdas con guitarra de siete cuerdas, con algunos temas cantados, siempre pensando en el universo del tango contemporáneo. Y después de eso que me implico mucho trabajo en paralelo estoy trabajando en un disco de canciones despojadas, con la mínima instrumentación posible para que la canción suceda, un disco con el eje en la canción”, contó Bordas. “En esa búsqueda de la canción estoy”, completo.

En ese recorrido, “Tango en siete cuerdas” no busca clausurar una discusión ni establecer una forma definitiva de tocar. Propone, más bien, compartir herramientas, dejar constancia de una experiencia y abrir preguntas para quienes vienen detrás. Porque, como sostiene Bordas, todavía quedan muchos libros por escribirse y nuevas obras por componer. La tradición, para seguir viva, necesita que alguien se anime a inventar.

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