A 15 años de su muerte, su obra continúa atravesando generaciones y nuevos lenguajes. Cantor, compositor y locutor, fue una de las figuras fundamentales de la música santacruceña y patagónica. Su hija, Ana Giménez, reivindicó su legado, cuestionó el silencio del Gobierno de Santa Cruz en el aniversario de su fallecimiento y contó cómo la familia trabaja para recuperar su discografía y su poesía.

El 27 de septiembre se cumplieron 15 años de la muerte de Hugo Giménez Agüero, cantor, compositor y locutor nacido en Balcarce que hizo de la Patagonia el territorio central de su obra. A través de sus canciones y su poesía presentó la inmensa geografía del sur argentino, sus paisajes, su historia, sus pueblos originarios y sus conflictos. Editó más de veinte trabajos discográficos, creó su propio sello y abrió caminos para las generaciones que llegaron después.
Su vínculo definitivo con la Patagonia comenzó durante el servicio militar, cuando fue destinado a Río Gallegos. Allí descubrió un universo cultural que terminaría marcando para siempre su vida artística. “Ahí en la Patagonia me quedé para siempre”, dijo alguna vez el propio cantor.
Desde entonces, su obra se convirtió en una forma de narrar el sur y fue incorporándose al repertorio popular. Sus canciones fueron interpretadas por artistas como Rubén Patagonia, Daniel Toro, Los del Suquía, El Chango Nieto y Los Tucu Tucu. Pero, para su hija Ana Giménez, la importancia de su padre excede ampliamente su producción musical.
“A mí me gusta recalcar que el legado de papá no es solamente su música y su obra. Hoy hay muchos músicos jóvenes que toman la posta, que componen sus propias canciones y recuperan los ritmos patagónicos. Y eso también permite mantener viva esa música y esa identidad”, dijo su hija, Ana Giménez.
Una identidad cantada desde el sur
Cada 27 de septiembre se conmemora el Día de la Música Folklórica Santacruceña, una fecha que coincide con el aniversario del fallecimiento de Giménez Agüero y que fue instituida en homenaje a su trayectoria.
Ana Giménez cuestionó que este año, al cumplirse 15 años de la muerte del cantor, no hubiera un reconocimiento del Gobierno de Santa Cruz dentro de las actividades oficiales vinculadas con la identidad cultural de la provincia.

“El gobierno de la provincia no sé si se olvidó o fue adrede, lo cierto es que no recordaron la fecha. En el marco de la semana de la identidad cultural santacruceña realizaron varias actividades que terminaron antes del 27 de septiembre, que se conmemora el día de la música folklórica santacruceña en homenaje a papá. Se les pasó esa efemérides, serán ellos entonces quienes deban responder qué les pasó”, dijo.
La hija del músico destacó, en cambio, los homenajes realizados en distintos puntos de Santa Cruz y del país. Mencionó las actividades organizadas por la Municipalidad de Río Gallegos en el barrio que lleva el nombre de su padre, el festival realizado en El Calafate por tercer año consecutivo y las propuestas desarrolladas en Gobernador Gregores, localidad que tuvo un papel central en la creación de la Semana de la Identidad Cultural Santacruceña.
“Se realizaron un montón de homenajes en Río Gallegos, como todos los años”, contó. También hubo actividades en Caleta Olivia y otros puntos de la provincia y del país. Para Giménez, el contraste con la ausencia de un reconocimiento provincial resultó especialmente doloroso.
“El día que tuvo el accidente, papá viajaba a Córdoba para cantarles a los estudiantes santacruceños. Entonces, el dolor es muy fuerte ante el olvido, porque duele que la provincia por la que él se desvivió no lo recuerde justamente cuando se cumplen 15 años de su fallecimiento”, repasó en Cacodelphia.
El kaani y la recuperación de una cultura
Una de las grandes búsquedas de Hugo Giménez Agüero fue recuperar y difundir ritmos vinculados con la cultura tehuelche. Entre ellos aparece el kaani, palabra que significa “fiesta de canto y baile” en lengua tehuelche y que se convirtió en uno de los principales rasgos de su obra.
También trabajó sobre ritmos como las chorrilleras, la milonga andina y el malambo sureño. “El Chaltén”, uno de sus kaanis más conocidos, es actualmente la canción oficial de la provincia de Santa Cruz.
Su acercamiento a estos ritmos fue producto de un trabajo de investigación y de contacto directo con comunidades y referentes de la cultura originaria. Giménez recordó que su padre llegó al kaani a partir de registros y luego profundizó esa búsqueda durante distintos viajes por Santa Cruz.
Una de las grandes búsquedas de Hugo Giménez Agüero fue recuperar y difundir ritmos vinculados con la cultura tehuelche.
“Mi padre se encontró con el kaani a través de un casete que le hizo llegar Oscar Jiménez, que antes había podido recopilar de las comunidades originarias. Luego hizo un viaje con Mario Guatti y Luis “maguer” Cuaterno, un paisano originario que lo llevan a recorrer casi todo el territorio santacruceño, donde toma contacto con Rosa Vargas y con don Rinahuel, entre otros tantos y ahí es donde comienza a estudiar de primera mano la cultura tehuelche”, contó Giménez.
Esa transmisión de conocimientos y de una manera de entender la cultura patagónica también tuvo lugar puertas adentro de su propia familia. Para Ana Giménez, el aprendizaje estuvo ligado a la convivencia cotidiana con su padre, a los viajes compartidos y a esas conversaciones que, lejos de cualquier aula, se transformaban en una forma de conocer y comprender el territorio.
“Mi primer acercamiento al kaani indudablemente fue por mi papá, por todo lo que me iba contando. Los viajes con él eran educativos, a través de un mate, un rato en la ruta me transmitía con todo eso que hoy es su legado”, recordó.
De la canción a la danza
Ese legado también continúa a través del trabajo que Ana Giménez desarrolla junto a Victoria Osinalde alrededor del kaani, una expresión de canto y baile de los pueblos tehuelches. La propuesta surgió a partir de una inquietud concreta: recuperar no solo la música, sino también generar una forma de baile que pueda ser practicada por parejas.
“Nosotras con Vicky estudiamos mucho, porque había que conocer la historia y fundamentar bien la propuesta”, explicó Giménez. El trabajo tomó como referencia investigaciones históricas y registros existentes para elaborar una propuesta que pudiera ser bailada por dos personas.
“Nos pusimos en la tarea de armar algo para que si dos personas se encontraban en una peña, por ejemplo, puedan salir a bailar el kaani, algo que también nos habían privado”, contó Giménez
La búsqueda comenzó a partir de su propia experiencia. “Con Vicky nos conocimos bailando en el grupo municipal de Berisso, con Juan Carlos Luna y Patricia Sarmiento, donde ellos hacían una propuesta de kaani grupal. A partir de las inquietudes que nos surgieron desde ese momento comenzamos a rastrear la historia de esta fiesta de canto y baile y nos pusimos en la tarea de armar algo para que, si dos personas se encontraban en una peña, por ejemplo, pudieran salir a bailar el kaani, algo que también nos habían privado”, recordó Giménez.
Para desarrollar la propuesta, realizaron un trabajo de investigación sobre los registros históricos existentes. “Con Vicky estudiamos mucho, porque había que conocer la historia y fundamentar bien la propuesta. Tomamos mucho del libo ‘Raíz folklórica de la Patagonia’, del historiador e investigador Mario Echeverría Baleta y de otros estudiosos que están en el cuadernillo que realizamos y en el documental que circula en las redes. Nuestra idea era que en cada figura estuviera representado simbólicamente el kaani originario”, explicó.
Giménez también remarcó que se trata de una expresión con una historia propia dentro de la cultura tehuelche. “El kaani se bailaba en los pueblos tehuelches hace 600 años. Existía una estructura que se repetía en cada fiesta”, contó. Y agregó: “El kaani era un festejo de canto y baile que el pueblo Aónikenk realizaba en distintas ocasiones”.
Según explicó, en aquellas celebraciones los roles estaban diferenciados: “Las mujeres no bailaban el kaani, las mujeres eran quienes hacían la música y los hombres eran quienes bailaban”.
La reconstrucción de los movimientos también tuvo antecedentes. Giménez recordó el trabajo del profesor Horacio Herón, del Ballet El Indiano de Rawson, quien creó un paso a partir de los registros históricos. “Eran los hombres los que bailaban imitando el trote del ñandú”, contó. A partir de eso se recrea ese pasito, que es similar al carnavalito, pero lo que cambia es el salto, porque el kaani no es saltado.
Horacio Herón llegó a bailar esa danza en Cosquín en distintas presentaciones de Hugo Giménez Agüero. Más tarde, Marcelo Álvarez, de Río Gallegos, creó una coreografía grupal para el kaani a partir del vínculo con el cantor, mientras que Juan Carlos Luna, director del Ballet Folclórico Municipal de Berisso, realizó por pedido de Hugo Giménez Agüero una adaptación para el programa “Ecos de mi tierra”, que por entonces conducía Soledad Pastorutti.
La propuesta de Ana Giménez y Victoria Osinalde toma esos antecedentes, pero busca otra posibilidad: una coreografía para dos personas. “Proponemos una coreografía para pareja individual, con figuras simbólicas”, señaló Giménez.
El taller comenzó a recorrer distintos espacios. “La primera vez que hicimos el taller fue en un festival patagónico que se hacía en Capital Federal. Luego lo hicimos en Gobernador Gregores, para la Semana de la Identidad Cultural Santacruceña, y finalmente lo realizamos en el marco de Cosquín Cultural”, repasó.
Ahora, la propuesta también llega a La Plata. “Se nos vienen dos presentaciones en la ciudad de La Plata. El 12 de octubre vamos a estar en una charla, debate y muestra por el Día de la Diversidad Cultural, donde se va a tratar sobre los ritmos invisibles de la Patria. Y el 16 de octubre vamos a estar presentes en la primera Feria del Libro y la Cultura de la Provincia de Buenos Aires, organizada por el Instituto Cultural de la Provincia. Nosotras fuimos invitadas por el programa Danza Escénica Bonaerense, que coordina Yamila Cruz Valla”, contó Giménez.
Así, el trabajo sobre el kaani se convierte para Ana Giménez en otra manera de mantener en movimiento una parte de la obra de su padre: no solamente recuperando sus canciones, sino también investigando, reconstruyendo y generando nuevas formas para que esa expresión cultural pueda seguir siendo bailada y compartida.
Una música que todavía busca lugar
Para Ana Giménez, la vigencia de la música patagónica también plantea una discusión sobre su presencia en los grandes escenarios nacionales.

“Hoy sigue costando ver la música patagónica arriba de los grandes escenarios, es esa una deuda pendiente, todos seguimos pidiendo que en los espacios más reconocidos o renombrados, se le haga lugar a la música patagónica, porque los patagónicos también existimos, más allá del Colorado, como dice la canción, también pasan cosas”, expresó.
En ese sentido, destacó el surgimiento de nuevas generaciones que escriben, componen e interpretan sus propias canciones desde el sur: “Han aparecido nuevas generaciones de músicos que escriben sus propias obras desde el sur, algo que mi papá buscó desde siempre. Sigue siendo en ese sentido una gran referencia”.
Entre esas experiencias aparece “Santacruceños del Viento”, una comunidad independiente y horizontal de cantautores de raíz folklórica y patagónica que desarrolla actividades artísticas y educativas y trabaja en la preservación de canciones santacruceñas.
“Van a las escuelas y hacen todo un trabajo a nivel educativo impresionante, similar al que hacía papá visitando escuelas solo con su guitarra”, contó.
Recuperar una obra que todavía tiene mucho para decir
Después de la muerte del cantor, la familia comenzó un trabajo de recuperación y remasterización de la discografía de Hugo Giménez Agüero. Parte de sus discos fueron editados originalmente a través de su propio sello, NA-QUEL, mientras que otros llegaron posteriormente a compañías como Sony, Epsa y Phonopay.
“Con el trabajo que viene haciendo mi hermano desde su estudio venimos remasterizando la obra de mi padre”, contó Giménez.
El proceso está cerca de completar la recuperación de la discografía editada por el propio sello del músico. La familia también comenzó a negociar con las compañías que conservan los fonogramas de los discos posteriores.
“Nosotros somos los que tenemos los derechos de las canciones”, explicó, mientras que las empresas deben autorizar la publicación de los fonogramas. El objetivo es que toda la obra pueda llegar finalmente a las plataformas digitales y a las nuevas generaciones.
Durante este año volvió a publicarse en plataformas el disco “Al sur Santa Cruz” y, con apoyo de Sony Music, también se reeditó “Te escribo desde el sur”, noveno álbum de Giménez Agüero.
Pero el trabajo no termina allí.
“Hoy nos queda mucha poética por publicar. Es un trabajo que todavía tenemos por delante, pero primero queremos terminar con los discos. Todavía hay mucho por hacer”, señaló Ana Giménez.
La familia conserva poemas, cancioneros y proyectos que quedaron sin publicar. “Siempre la idea fue registrar y publicar toda su poesía, quedan poemas, cancioneros, proyectos que tenía papá y que quedaron pendientes”.
Ese reencuentro con los materiales del músico también está permitiendo descubrir nuevas dimensiones de su obra. “Estamos redescubriendo algunas canciones y, a medida que avanzamos en ese trabajo, vamos encontrando además otras cosas que nos siguen sorprendiendo cada día. Más allá del cantor y de su obra, lo que todavía nos conmueve es descubrir su posición frente a la vida y los valores que sostuvo”, señaló Ana Giménez.
Una voz que también discutía el país
Hugo Giménez Agüero no fue solamente un músico dedicado a describir paisajes. También fue locutor y utilizó la radio como espacio para expresar sus posiciones sobre la realidad política y social de la Patagonia.
Giménez recordó que durante las giras su padre se acercaba a las radios de cada localidad para presentarse, hablar de su trabajo y expresar sus ideas: “Papá era locutor y trabajó en la radio de acá, un espacio que usó para dar cuenta de su mirada política. Cuando viajábamos de gira, en cada pueblo que entraba, lo primero que hacía era acercarse a las radios, a contar quién era, a contar lo que pensaba y a defender su postura”.
Su militancia cultural también estuvo vinculada con la defensa de los pueblos originarios, la tierra y los recursos naturales.
“No solo defendía y quería visibilizar la cultura originaria, todo eso que nos había sido negado, tenía además una mirada social, política de lo que vivíamos, de los conflictos que teníamos, del olvido que todavía hoy sufre la Patagonia”.
Para Ana, esa dimensión también forma parte de la explicación sobre la relación que Giménez Agüero mantiene con la memoria cultural de Santa Cruz.
“Más de uno se ha enojado por sus posturas y sus posicionamientos políticos, tanto en Cosquín, como acá mismo en Santa Cruz, y ese vacío que hoy sentimos, tiene que ver con su militancia cultural”, dijo.
Una obra que atravesó géneros y generaciones
La vigencia de sus canciones también puede observarse en las diferentes versiones que aparecieron después de su muerte. Sus composiciones fueron llevadas a ritmos tan diversos como la cumbia y el heavy metal.
“Y eso es algo muy interesante, porque de ese modo otros públicos a los que papá no iba a llegar se acercan a nuestra cultura y la reproducen”, señaló Giménez.
Esa capacidad de atravesar generaciones y estilos es, quizás, una de las formas más concretas de comprobar la dimensión de una obra que nunca dejó de tener como centro al territorio.
En 2023, el Instituto Nacional de la Música y la Secretaría de Estado de Cultura de Santa Cruz presentaron “Alma Sureña”, un libro dedicado a difundir la obra y el legado de Giménez Agüero. La publicación reúne partituras, cancionero, fotografías, testimonios y materiales vinculados con sus composiciones.
“Es un libro que se puede descargar desde la página del INAMU, es un trabajo que está destinado a los docentes, pero que cuenta quién fue papá como cantor”, explicó Giménez.
“Algo donde nos podemos sostener”
A 15 años de su muerte, la figura de Hugo Giménez Agüero continúa funcionando como referencia para una cultura que busca reconocerse desde el sur. Su obra convirtió la geografía patagónica en canción, recuperó ritmos originarios, describió paisajes, contó historias y puso en circulación una identidad que durante mucho tiempo tuvo dificultades para encontrar espacio en los escenarios nacionales.
Para Ana Giménez, conservar esa música no significa solamente mantener vivo el recuerdo de su padre. También implica sostener una identidad colectiva.
“Para nuestra identidad es sumamente importante que siga existiendo la música santacruceña, ese es parte de su legado, ya que tenemos algo ahí que nos identifica, que nos representa y eso hace que podamos sostenernos en estos tiempos. Tenemos ahí algo donde nos podemos sostener, arraigarnos y enraizarnos, algo que hace que podamos ponernos de pie y si acaso nos caemos, podamos saber dónde volver también”, opinó.
Quizás allí esté una de las claves para entender la permanencia de Giménez Agüero: no solamente en sus discos, en sus canciones o en las versiones que otros artistas siguen haciendo de su obra, sino en la posibilidad de que nuevas voces continúen cantando desde el mismo territorio.
En ese sentido Ana Giménez invitó a volver a una de las canciones de su padre, “Cenizas”, que dio nombre a un disco editado a comienzos de los años noventa. “La letra de esta canción habla de cómo podemos levantarnos ante cualquier conflicto que estemos viviendo”.
Quince años después de su partida, aquella voz que alguna vez se propuso demostrar que la Patagonia también era parte fundamental de la canción argentina continúa encontrando nuevas formas de volver. En las voces de quienes lo recuerdan, en los músicos jóvenes que toman la posta, en las danzas que recuperan el kaani, en los discos que vuelven a las plataformas y en una poesía que todavía espera ser publicada. Hugo Giménez Agüero se fue hace 15 años, pero buena parte de la Patagonia que cantó todavía sigue sonando.
