Con “Una ventana donde respirar”, el grupo Piraña vuelve a cruzar tango, música urbana y literatura para recuperar las historias de una ciudad hecha de personajes anónimos, sueños truncos y vidas al margen. Romina Grosso cuenta cómo llegaron a la obra del escritor, explica la búsqueda sonora del álbum y reflexiona sobre el presente del tango y las dificultades para difundir las nuevas producciones. El disco se presenta el sábado 17 de octubre en el Teatro El Grito, en Palermo.

Hay discos que invitan a escuchar canciones y otros que proponen entrar en un mundo. “Una ventana donde respirar”, el nuevo trabajo de Piraña, pertenece a estos últimos. El punto de partida es la literatura de Bernardo Kordon y esa Buenos Aires de barrios, calles y personajes que pocas veces aparecen en las postales de la ciudad. Una geografía habitada por boxeadores, vagabundos, trabajadores, soñadores y sobrevivientes, con historias que no siempre llegan a buen puerto, pero que encuentran en la literatura una forma de permanecer.
Después de “Chafalonía”, el grupo vuelve a profundizar en el cruce entre tango, música urbana y literatura. No se trata de mirar hacia atrás para reproducir una época, sino de recuperar algunas de sus formas, sus sonidos y sus personajes para hacerlos dialogar con el presente. El resultado es un álbum que puede escucharse como una obra conceptual, en la que las canciones se enlazan con ambientes sonoros y fragmentos de textos, o como un conjunto de piezas que también se sostienen por sí mismas.
La elección de Kordon no surgió de un plan trazado de antemano. Como cuenta Romina Grosso, cantora e integrante de Piraña, el encuentro con el escritor fue parte de una búsqueda que se fue construyendo con el tiempo, a partir de lecturas compartidas y de la curiosidad que acompaña el trabajo del grupo.
“Sinceramente, Kordon aparece por las formas que vamos haciendo, por curiosear. No nos planteamos hacer un trabajo literario ni rescatar a tal escritor. Un texto nos va llevando a otro. Así fuimos descubriendo a un escritor tremendo, que nos interesó por su manera de contar y por su perfil”, explicó Grosso.
Ese recorrido tiene antecedentes. En “Larvas”, el primer disco de Piraña, la inspiración había llegado de la mano de Elías Castelnuovo, otro autor vinculado a la literatura social y a los márgenes urbanos. En ambos casos, el grupo no busca trasladar literalmente los textos a la música, sino acercarse a su esencia, a la sensibilidad que los atraviesa y a la manera en que sus autores miraron el mundo.
“Tomamos la esencia, el espíritu de cada uno de los escritores. En este caso, trabajamos con los siete cuentos de Kordon que elegimos”, señaló la cantora.
Una ciudad hecha de sobrevivientes
Bernardo Kordon nació en 1915 y fue contemporáneo de figuras como Leopoldo Marechal, Raúl González Tuñón, Roberto Arlt y Elías Castelnuovo. Sin embargo, su nombre no suele ocupar el mismo lugar en las conversaciones sobre la literatura argentina. A Grosso le llamó la atención ese reconocimiento desigual, pero su interés no se limita a recuperar a un autor menos difundido. Lo que encontró en sus cuentos fue una mirada singular sobre Buenos Aires y sus habitantes.
“Nos gustó mucho esa Buenos Aires que muestra. Kordon buscaba personajes como sobrevivientes, antihéroes, y tenía una literatura muy realista. Le interesaba contar historias de soñadores”, dijo.
Uno de esos personajes es Gardelito, protagonista de “Alias Gardelito”, el cuento que luego llegó al cine. Un hombre que sueña con convertirse en Gardel, que construye su vida a fuerza de mentiras y que termina encontrando un destino trágico cuando, finalmente, dice la verdad. Esa historia inspiró una de las decisiones musicales del álbum, que fue grabar “Sueño querido”, el tango de Carlos Gardel.
“Kordon describe la Buenos Aires que él veía, con personajes muy diversos. Pensando en ese cuento y en ese personaje, grabamos ´Sueño querido’”, contó a Cacodelphia.
La literatura funciona como una puerta de entrada a un universo de emociones, personajes y situaciones que después encuentran su propia forma musical.
La elección permite entender cómo trabaja Piraña. La literatura funciona como una puerta de entrada a un universo de emociones, personajes y situaciones que después encuentran su propia forma musical. No hay una intención de ilustrar cada relato ni de convertir las canciones en una explicación de los cuentos. Hay, en cambio, una búsqueda de correspondencias entre dos lenguajes que comparten una misma preocupación por la ciudad y por quienes la habitan.
“Kordon no aparece en ninguna lista, y eso me llamó la atención. Me pareció muy bueno, no solo por cómo escribe, sino por su sensibilidad, por su manera particular y singular de contar. No entiendo bien por qué no salió tanto a la luz. Castelnuovo tampoco. Y no lo digo para revalorizar nuestro trabajo, sino para recuperar autores que vale la pena conocer”, sostuvo.
En esa recuperación hay también una forma de reconocerse. Piraña no se acerca a los márgenes como quien busca un paisaje exótico, sino desde una afinidad con esas calles y esas historias que forman parte de su propia manera de mirar.
“Nos gustó cómo mira a Buenos Aires, cómo habla de esos sueños que no se dieron y de esas historias que quedaron truncas. Hay una sensibilidad que nos cautivó. En todo eso encontramos una sintonía con nuestra manera de ver la ciudad. No es que vamos a los márgenes a buscar algo de manera forzada, sino que sentimos que nos identifica caminar por ahí. Nos atrae de verdad”, explicó Grosso.

Esa relación con la literatura también se construye en la vida cotidiana del grupo. La cantora menciona las reuniones de los lunes, una suerte de ritual en el que los integrantes comparten lo que leyeron, escucharon o vieron. En esas conversaciones, entre recomendaciones y hallazgos, aparecen los nombres que después pueden convertirse en el punto de partida de un disco.
“Mucho de este trabajo tiene que ver con la cocina de los lunes, con esos encuentros, con ese ritual donde nos contamos lo que vimos, lo que leemos, lo que escuchamos. En esas charlas surgió el nombre de Kordon”, recordó.
Un disco para entrar en una historia
Una de las particularidades de “Una ventana donde respirar” está en la forma en que se organiza su primera parte. Las canciones se enlazan con ambientes sonoros y fragmentos de los cuentos de Kordon, construyendo una escucha que por momentos se acerca al lenguaje teatral. La idea es generar una atmósfera y abrir una puerta a ese universo literario, más que explicar quién fue el escritor o reconstruir sus relatos de manera lineal.
Para darle voz a esos fragmentos, Piraña convocó a Gabriel Rodríguez, cuya manera de decir, marcadamente porteña, aporta una identidad particular al conjunto. Su participación no funciona como un simple recurso narrativo, sino que también forma parte de la estética sonora que el grupo buscó para el álbum.
“Nosotros no queremos decir quién es Bernardo Kordon, sino mostrar el espíritu de lo que sentimos que puede ser a través de la música, de una sonoridad y de la voz de Gabriel Rodríguez, una voz bien porteña que le da una estética singular al disco”, explicó Grosso.
El trabajo también tuvo una particularidad dentro de la historia del grupo. Por primera vez, todos sus integrantes participaron en la escritura de letras, una experiencia que amplió el compromiso colectivo con el material.

“Es la primera vez que todos los integrantes de Piraña hicimos letras. De alguna manera, todos participamos más esta vez”, señaló.
Después de más de diez años de recorrido y seis discos editados, el grupo fue encontrando una manera propia de trabajar, con tiempo para investigar, probar y compartir hallazgos. La continuidad no significa repetir una fórmula, sino volver a encontrarse para abrir nuevas posibilidades.
“Con los años fuimos encontrando una forma de hacer las cosas. Hace mucho que estamos juntos en este camino y todavía quedan muchas cosas por hacer”, afirmó la cantora.
La tradición como punto de partida
En lo musical, “Una ventana donde respirar” recupera elementos del canto y del acompañamiento criollo de las décadas de 1920 y 1930. La referencia a esos años aparece en la estructura de las canciones, en la forma de cantar y en el modo de acompañar, pero no como una reconstrucción arqueológica ni como un intento de reproducir exactamente los sonidos de otra época.
“La estructura de los temas, la voz y el acompañamiento de la canción están inspirados en esos años, que nos cautivan, pero los recreamos desde este tiempo, con la sonoridad de hoy”, explicó Grosso.
Esa relación con la tradición se vincula con una idea más amplia sobre el tango. Para Piraña, la música popular no permanece viva por la repetición de sus formas, sino porque cada generación puede apropiarse de ellas y encontrar nuevos modos de decir. El desafío consiste en sostener una identidad sin quedar atrapados en la nostalgia.
“Hoy la gente tiene ganas de escuchar cosas nuevas. No es que nos regodeamos en la nostalgia ni en la tristeza, ni en el tango enojado, aunque también es necesario que el tango se enoje. Hoy es necesario también cantarle a las cosas queridas”, dijo.
En esa búsqueda aparecen el calesitero, los barrios y otros elementos de una identidad que persiste pese a las transformaciones de la ciudad. Son temas que pueden parecer pequeños frente a la velocidad con la que cambia el mundo, pero que conservan una potencia afectiva y cultural.
“Hay cosas que cambian a una velocidad impresionante, pero hay otras que todavía no se extinguieron y que vale la pena recuperar”, sostuvo.
La mirada de Piraña no pretende negar el presente ni esquivar sus dificultades. Se trata de elegir desde dónde cantar, qué historias contar y qué aspectos de la vida cotidiana merecen ser puestos en primer plano. En ese sentido, el disco propone otra manera de acercarse al tango, desde una sensibilidad que encuentra en las historias mínimas una forma de hablar de cuestiones más amplias.
Un tango diverso que necesita más difusión
El recorrido de Piraña también forma parte de una escena de tango contemporáneo amplia y diversa, en la que conviven distintas búsquedas estéticas, generaciones y maneras de entender la tradición. Grosso menciona referentes y experiencias que considera fundamentales para pensar ese mapa, desde la obra del Tata Cedrón hasta el trabajo interpretativo de Lidia Borda y la escuela que construyó la Orquesta Fernández Fierro, además de las propuestas más aguerridas que renuevan el repertorio.
“El tango contemporáneo es muy diverso y eso es muy interesante. Cada uno aporta su mirada. Hay una variedad impresionante que es buenísima”, afirmó.
Esa diversidad, sin embargo, no siempre encuentra espacios suficientes para llegar al público. Para Grosso, uno de los problemas centrales es la falta de difusión de las producciones actuales, una dificultad que limita las posibilidades de que los oyentes conozcan las propuestas y decidan por sí mismos si quieren escucharlas.
“Al tango contemporáneo le falta difusión. Es una tristeza que la gente no lo pueda apreciar, aunque sea para elegir si le gusta o no. Es complicado escuchar el tango de hoy, salvo excepciones, porque los grandes medios no difunden el tango en general”, advirtió.
La ausencia de la música en los espacios cotidianos de escucha también tiene consecuencias. La radio, que durante décadas acompañó la circulación de canciones y artistas, ya no ocupa el mismo lugar en la difusión musical. Frente a ese escenario, Grosso destacó la importancia de sostener los encuentros en vivo y acompañar el trabajo de quienes continúan produciendo.
“La música desapareció de la radio. Ese acompañamiento hoy no está tan presente, por eso está bueno y es necesario ir a ver a los compañeros”, señaló.
Piraña se formó en Buenos Aires en 2014 y su nombre nació como homenaje a un club de Parque Patricios que funcionó como un espacio cultural importante en los primeros años del grupo. Desde entonces, la agrupación viene construyendo una búsqueda propia alrededor del tango, la música criolla y la literatura, recuperando sonidos del pasado para ponerlos a dialogar con el presente.
Actualmente, está integrada por Romina Grosso en voz, Daniel Frascoli en guitarra, Mauro Vignetta en clarinete y guitarra, Pablo Odriozola en contrabajo y Lucas Bergallo en bandoneón y guitarra.
“Chafalonía”, el disco anterior del grupo, recibió el reconocimiento al Mejor Disco de Tango Criollo en los Premios Tango Siglo XXI. Para Piraña, la distinción fue una sorpresa y también un estímulo, especialmente por provenir de un espacio que trabaja para rescatar y poner en valor la música propia.
“Fue una sorpresa muy linda. Uno no tiene registro de lo que va haciendo, entonces ese reconocimiento lo recibimos como un mimo que se valora, además, porque llega de parte de gente que trabaja para rescatar y subrayar lo propio”, contó Grosso.
La cantora definió el recorrido del grupo como un desafío permanente. Aprender, mejorar e investigar forman parte de una tarea que no se agota en cada disco, porque el tango ofrece un universo de posibilidades que invita a seguir explorando.
“Andar con Piraña siempre es un lindo desafío. Tratamos de seguir aprendiendo, mejorando e investigando. El tango es infinito, es una música muy rica que te da muchas posibilidades y es muy lindo poder cantar y tocar lo nuestro”, dijo.
Con más de una década de camino y seis discos publicados, la alegría está también en la posibilidad de sostener el encuentro y seguir haciendo. “Es una alegría poder seguir andando, disfrutando y con el compromiso de seguir haciendo, de seguir juntándonos, de seguir tocando y disfrutando de cada encuentro”, agregó.
“Una ventana donde respirar” prolonga así una búsqueda que Piraña comenzó hace más de diez años en un club de barrio de Parque Patricios. Una construcción que sigue abierta, atenta a otras poéticas, otras sonoridades y otras historias, sin perder de vista la ciudad que la alimenta.
El nuevo disco se presenta el sábado 17 de octubre en el Teatro El Grito, ubicado en Costa Rica 545, en el barrio porteño de Palermo. Será una oportunidad para entrar en ese mundo de canciones, voces y relatos donde la literatura de Bernardo Kordon vuelve a caminar por Buenos Aires, esta vez acompañada por el pulso de un tango que sigue buscando sus propias ventanas.
