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La danza de los estorninos, una historia de supervivencia y lazos que sostienen

La obra escrita por Miguel Seimandi y dirigida por Gustavo Leiva llega a Espacio 44 con una historia atravesada por la pobreza, los vínculos familiares, la violencia y la capacidad de seguir adelante. Con un elenco integrado por Matías Calabrese, Pablo Gayoso, Facundo Lastra, Silvio Mansilla, Bárbara Olivero y Julieta Ramos, se presentará el 4 y el 11 de octubre en La Plata.

Una familia de cartoneros intenta sobrevivir en medio de las dificultades cotidianas. Como tantas otras, se sostiene a partir de los vínculos, de la necesidad de ayudarse y de encontrar una manera de seguir adelante en un contexto que muchas veces los coloca en los márgenes. Pero sobre esa vida cotidiana pesa también un secreto del pasado que, cuando vuelve a aparecer, modifica para siempre el rumbo de sus integrantes.

De esa historia parte “La danza de los estorninos”, la obra escrita por Miguel Seimandi y dirigida por Gustavo Leiva que llegará a Espacio 44 los domingos 4 y 11 de octubre. La propuesta se acerca a una comunidad que enfrenta conflictos sociales y familiares, pero que también encuentra en sus propios lazos una forma de resistencia y supervivencia.

“Es una familia de cartoneros, habla de una comunidad que se apoya y sobrevive y que está mal mirada por una parte de la sociedad, que los quiere afuera, porque los considera gente de descarte”, explicó Bárbara Olivero, una de las protagonistas. En ese contexto, agregó, la obra muestra a “un grupo sobreviviendo, llevando la vida como puede”, mientras en medio de esa lucha cotidiana aparecen nuevos conflictos.

El título de la obra encuentra justamente allí uno de sus sentidos. Gustavo Leiva explicó que los estorninos, esos pájaros que suelen verse en grandes grupos en las ciudades, funcionan como una imagen de esa familia que debe mantenerse unida para sobrevivir. “Los estorninos se protegen entre ellos, y eso es parte del símbolo de esta familia de cartoneros, ese es uno de los aspectos que asemejan a esa manada de pájaros tan mal vistos en la ciudad y los cartoneros”, señaló el director.

Dentro de esa familia, Rosa, el personaje interpretado por Olivero, ocupa un lugar central. Es quien sostiene buena parte de la estructura familiar y enfrenta diariamente situaciones de violencia y dificultades que ponen a prueba su capacidad para mantener unido al grupo. Para Leiva, se trata de un personaje fundamental porque “básicamente es una guerrera que tiene que luchar todos los días para que la familia no se caiga”.

Olivero encontró en Rosa un personaje que la interpeló desde el primer momento. “Apenas lo leí me encantó”, contó. La actriz además recibió con especial orgullo la noticia de que Seimandi y Leiva habían pensado en ella para interpretarlo. El proceso de construcción del personaje terminó convirtiéndose en una experiencia personal y artística que la llevó a preguntarse por el lugar de las mujeres en la sociedad.

“Es un personaje que me hizo reflexionar, me interpeló todo el tiempo en cada frase, en cada escena, y me hizo pensar el lugar que tiene la mujer en la sociedad”, explicó. Para Olivero, Rosa representa a muchas mujeres que, aun atravesadas por múltiples dificultades, encuentran la manera de sostener a quienes dependen de ellas. “Este personaje me hizo crecer mucho como persona”, reconoció.

Esa dimensión también atraviesa la lectura social que el equipo hace de la obra. Leiva señaló que en “La danza de los estorninos” aparecen diferentes temas vinculados con la pobreza, la situación de las mujeres, la violencia y las estrategias cotidianas para sostener una familia con pocos recursos. Olivero coincidió y destacó particularmente el esfuerzo de Rosa por salir adelante a pesar de todo lo que carga.

“Tratamos de encontrar belleza dentro de nuestra historia”, planteó la actriz, y encontró en ese recorrido una posibilidad de identificación para muchas mujeres. Rosa, sostuvo, es una mujer que tiene “muchos a pesar de” y, aun así, consigue sacar adelante a todo un grupo de personas que dependen de sus decisiones.

La obra, sin embargo, no se queda solamente en esa dimensión social. Leiva anticipó una historia atravesada por una estructura circular y con un desenlace que busca sorprender al público. “Es una obra muy shakespeariana que ronda lo circular y deja un final que sorprende”, sostuvo el director, quien encuentra en el texto de Seimandi “un montón de aristas muy interesantes para abordar y reflexionar”.

Para Leiva, llegar a esta puesta significa además asumir un nuevo desafío dentro de una trayectoria de más de tres décadas vinculada al teatro platense. Su primer trabajo fue en 1995, en el Pasaje Dardo Rocha, con una creación colectiva llamada “El camino, todos los caminos”. Desde aquel personaje inicial que imaginaba como algo pasajero hasta la dirección de una obra larga, el recorrido fue llevando su trabajo por distintos caminos.

“Es la primera vez que hago como director una obra larga. He dirigido obras cortas y, en ese sentido, uno sube la vara en cuanto al aprendizaje y la apuesta. Dirigir una obra larga implica un montón de cosas y de experiencia para el crecimiento”, contó. El desafío no es solamente personal, sino también colectivo, porque implica acompañar un proceso de creación más extenso y encontrar una dinámica de trabajo que permita que cada integrante pueda desarrollar su personaje.

Esa concepción del trabajo teatral está ligada a una idea que Leiva sostiene desde hace años, la creación colectiva. Para el director, el teatro combina disciplina y compromiso, pero también necesita espacio para el disfrute y para que los vínculos dentro del grupo se construyan y se cuiden.

“El teatro tiene que ver con una mística del disfrute”

“El teatro tiene que ver con una mística del disfrute”, dijo. Y agregó que con el tiempo aprendió que cada grupo tiene sus propias formas y sus propios tiempos. “Disfrutar y bancar cuando la cosa no viene bien, porque ahí está también la fortaleza como grupo. Lo humano se mezcla con la dirección y eso después se nota en escena, en el trabajo de cada uno, porque cada uno es un conjunto, donde todos se tienen que lucir”.

Olivero también destacó esa manera de trabajar. Para la actriz, uno de los aspectos más valiosos de compartir el proceso con Leiva es el compañerismo y la posibilidad de sentirse acompañada. “Es una persona que no está buscando sobresalir él, sino que trabaja con las necesidades de cada uno y eso en seguida te atrapa”, contó.

No es la primera vez que ambos trabajan juntos. Olivero ya había sido dirigida por Leiva en un monólogo escrito por ella misma, una experiencia que, según recordó, fue un desafío importante. “Él es muy cálido y uno se siente acompañado y a gusto trabajando con él”, señaló.

Ahora, después de casi dos años de trabajo, el grupo se prepara para encontrarse finalmente con el público. Leiva reconoce la expectativa y el entusiasmo que genera ese momento, pero entiende el estreno como el comienzo de una nueva etapa. “Estamos con el fervor, venimos trabajando hace casi dos años y con las ganas de que llegue la hora de estrenar”, señaló.

El estreno será, en ese sentido, el punto de partida para que la obra continúe creciendo en contacto con quienes se sienten frente a ella. “No todo queda en el estreno, obviamente que el estreno es fundamental porque es el puntapié inicial, porque afloran los personajes, para que crezca todo lo que se creó en el proceso de laburo”, explicó Leiva.

Después de todo ese recorrido, el deseo del director es sencillo y tiene que ver con el vínculo que el teatro establece con quienes se acercan a una sala. “Estamos con la expectativa de que el público se vaya reconfortado después de ver la obra”, dijo.

“La danza de los estorninos” se presentará los domingos 4 y 11 de octubre a las 19.30 en Espacio 44, Avenida 44 Nº 496, entre 4 y 5, La Plata. Las entradas pueden conseguirse a través de Alternativa Teatral.

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