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Oscar Simiani: canciones, memoria y la necesidad de volver a cantar con otros

El sábado 3 de octubre, Oscar Simiani y Rubén Salerno compartirán en La Casa del Diagonal “Canciones, tangos y algo más decía la carta”, un encuentro que reunirá folklore, tango, canciones propias y aquellas músicas que forman parte de una identidad común. Antes de la presentación, Simiani repasó su historia, desde sus primeros pasos en Villa Constitución y su vínculo con la trova rosarina hasta el encuentro con Rafael Amor, habló sobre su nuevo disco “De andar, nomás” y reflexionó sobre el presente de los músicos y la importancia de recuperar los espacios y los lazos colectivos.

Oscar Simiani nació en Villa Constitución, a orillas del río Paraná, y buena parte de su manera de entender la música tiene que ver con ese paisaje y con las experiencias que fueron formando su mirada. Hijo de un padre entrerriano, pasó parte de su infancia en Mechongué, un pequeño pueblo rural cercano a Balcarce, donde la guitarra, las reuniones de amigos y la música compartida formaban parte de la vida cotidiana. Después volvió a Villa Constitución, se vinculó con la escena musical rosarina y fue parte de Irreal, el grupo que integraban Juan Carlos Baglietto, Sergio Sainz y Beto Corradini.

Su vínculo con la música comenzó mucho antes de imaginar que terminaría convirtiéndose en una parte central de su vida. En 1979, cuando tenía 17 años, integraba el coro del Teatro Municipal Rafael de Aguiar de San Nicolás. Irreal, entonces, estaba presentando ‘1492, fundación de Buenos Aires’, una obra conceptual que incluía un octeto de cámara. Simiani audicionó y quedó como tenor. Durante un año compartió escenario con Baglietto, en una experiencia que terminaría conectándolo con una escena musical que pocos años después daría origen a la llamada nueva trova rosarina.

“En 1979 yo cantaba en el coro del Teatro Municipal Rafael de Aguiar, en San Nicolás y el grupo ‘Irreal’ estaba haciendo una obra que se llamaba ‘1492, fundación de Buenos Aires’”, recordó Simiani. “Vinieron a hacer una audición al teatro y quedé como tenor, así que estuve un año cantando con Baglietto presentando esa obra, yo entonces tenía 17 años”, contó en Cacodelphia.

Para Simiani, la trova rosarina no fue simplemente una corriente musical de comienzos de los años 80, sino un movimiento con una identidad propia y una profundidad poética que todavía forma parte de su manera de escribir. “Aquello fue un movimiento impresionante, no fue una moda, estaba formado con unas raíces musicales y una lírica poética con mucha profundidad”, sostuvo, y mencionó entre sus referentes a Juan Carlos Baglietto, Adrián Abonizio, Jorge Fandermole y Lalo de los Santos.

“Me siento parte de todo eso, no solo por haber nacido ahí, sino que además, cuando me di cuenta que podía escribir y componer canciones, noté que esa trova rosarina pasaba por mí”, explicó. Para Simiani, conocer la obra de quienes lo precedieron es también una forma de aprender a construir una voz propia: “Es algo que hay que mirar, como hay que pasar por el Cuchi Leguizamón, si uno quiere escribir una zamba o una chacarera, hay que escuchar a los grandes para ver qué han dicho y cómo lo han dicho”.

Volver a encontrarse con la música

Su llegada a La Plata estuvo acompañada por muchos años de trabajo en América TV y, durante un tiempo, la música quedó relegada. Sin embargo, aquella relación que había comenzado en la adolescencia nunca desapareció del todo. En 2010 volvió a encontrarse con las canciones y comenzó una nueva etapa de estudio, composición y presentaciones.

En ese recorrido hubo una figura fundamental: Rafael Amor. Simiani llegó hasta él a través de Diego Dana, quien lo invitó a viajar a España para acompañarlo en la presentación de su primer disco. Lo que inicialmente iba a ser un viaje como turista terminó transformándose en una experiencia decisiva.

“Llegué a Madrid con la idea de viajar como turista, hasta que llegamos a la casa de Rafael Amor, y me cambió la idea. Rafa me subió a un escenario y me cambió para siempre”, contó. A partir de aquel encuentro decidió tomar la música con mayor compromiso, estudiar y profundizar su trabajo como compositor e intérprete.

El recuerdo de Rafael Amor aparece atravesado por la gratitud, pero también por una idea de comunidad que Simiani reconoce como una de las enseñanzas más importantes que recibió del cantor y poeta. “Rafael no dejó a nadie a pie, todos sus escenarios eran escenarios para el que llegaba y su casa era la casa de todos los que llegaban a España”, recordó.

Para Simiani, esa generosidad no quedó solamente en el recuerdo de una persona, sino que se convirtió en una manera de entender el oficio. “En este ambiente siempre he estado con gente muy generosa que me ha dado un lugar para cantar y presentar mis canciones”, señaló.

Cantar con otros

Esa idea atraviesa también el encuentro con Rubén Salerno. Ambos fueron compañeros durante 35 años en el móvil de América TV. Simiani sabía que Salerno cantaba, aunque conocía especialmente la historia musical de su padre, Rubén Omar Salerno, quien durante años sostuvo un bar en Berisso —el antiguo Anglo-Irlandés, hoy Raíces del Dawson— por donde pasaban cantores y músicos.

Con el paso del tiempo, ambos dejaron de trabajar en televisión y la música volvió a acercarlos. Simiani comenzó a incentivar a Salerno para que retomara el canto y de allí surgió la idea del encuentro en La Casa del Diagonal.

“Además, este encuentro me pareció una linda excusa para empezar a hurguetear en el mundo del tango con sus autores, compositores y poetas, ya que el tango es un territorio que para quien viene desde el río Paraná nos queda un poco lejano”, explicó.

Salerno será quien cante los tangos mientras Simiani lo acompañará con la guitarra. La propuesta también permitirá que ambos recorran canciones propias y músicas vinculadas con sus respectivas identidades. “Vamos a ir mechando algunas canciones mías y otras que forman parte de nuestras identidades sonoras, porque entendemos que hay que volver a esas canciones, que son nuestro lugar de pertenencia donde podemos definir quiénes somos, para seguir diciendo qué es lo que somos”, contó.

Ese acercamiento al tango también representa para Simiani una nueva exploración. “Nunca he cantado tangos, quizá le he tenido demasiado respeto al género y eso me ha cerrado alguna puerta para poder abordarlo y este encuentro me está ayudando a conocer una parte de nuestra historia riquísima musical”, reconoció.

Y aunque su raíz está fuertemente ligada al folklore, entiende que las fronteras entre géneros pueden ser también espacios de encuentro. “Rubén es el que canta tangos y eso me ha hecho mirar esas músicas y ver cómo puedo interpretarlas con la guitarra folklórica”, explicó.

La música como territorio

Para Simiani, las canciones no pueden separarse del territorio donde nacen ni de las personas que las habitan. Su mirada recupera una tradición de la música popular argentina que pone al ser humano, sus conflictos y sus circunstancias en el centro de la escena.

“Es el lugar donde nosotros más nos reconocemos como gente que pertenece a estos territorios”, sostuvo, y recuperó una idea que suele plantear Liliana Herrero: la música no puede pensarse sin observar el contexto territorial en el que se desarrolla.

En ese sentido, reivindicó también el pensamiento de Armando Tejada Gómez, para quien el paisaje debía ser pensado “con el hombre adentro”, con sus problemas, su falta de trabajo y su desarraigo.

Esa concepción aparece en su propia producción y particularmente en “De andar, nomás”, su cuarto disco, producido y dirigido musicalmente por Patricio Gómez Saavedra. El álbum reúne ocho canciones propias atravesadas por distintos ritmos de la música popular —bailecito, huella, chacarera, triunfo, tonada, gato, zamba y milonga— y propone un desplazamiento desde el paisaje del río Paraná hacia la pampa bonaerense.

“Estoy enormemente contento como ha funcionado el disco. Está un poco difícil viajar y presentarlo en otras partes, pero ha funcionado muy bien, se ha difundido, se ha escuchado”, contó.

El disco contó además con la participación de Juan Pablo Piscitelli, Octavio “Tato” Tajan y Pablo Vignati. Sin embargo, Simiani buscó que las canciones conservaran su capacidad de sostenerse más allá de los arreglos y de la cantidad de instrumentos.

“Cuando pensamos los arreglos para las canciones, pensamos también que si en algún momento esas canciones tenían que prescindir de algunos de los músicos invitados, la canción también se tenía que sostener con una o dos guitarras”, explicó.

Para el músico, allí reside buena parte de la fuerza de la canción popular: “La poética de nuestra música folklórica ya tiene un sustento de por sí sola, se sostiene casi sin instrumento. Entonces todas las coloraturas que uno le pueda agregar con instrumentos le pueden sumar, pero la poesía es lo principal”.

Volver a tejer los lazos

La necesidad de compartir y de encontrarse con otros aparece también cuando Simiani habla del presente. Frente a un escenario que describe como cada vez más difícil para los trabajadores de la cultura, reivindica la construcción colectiva como una forma de resistencia.

“Hay todo un sistema que nos quiere quietos y adentro de nuestras casas, entonces, para contrarrestar todo eso hay que juntarse con otros, cantar, hacer canciones, conversar, sentar posición, y quizá de ese modo podremos cambiar algo”, sostuvo.

Y agregó: “Hay que volver a realizar ese entretejido colectivo, porque si no, nos vamos a quedar en silencio pegándole patadas a las paredes desde nuestra casa, sin poder modificar, ni poder reconstruir nada desde ese lugar solitario”.

En esa trama, el encuentro con otros músicos no es para Simiani un aspecto secundario de su actividad. “Juntarme con otros músicos y compartir la música, me ayuda a caminar”, dijo. “El componer ya es una actividad individual y solitaria, entonces, el compartir con otros es algo necesario para mí. Es una postura cantar con otros y compartir la canción con otros, se me vuelve necesario, puedo cantar solo, pero si puedo elegir, canto con otros”.

Su conclusión resume buena parte del espíritu que atraviesa su recorrido: “Es mucho mejor la vida cantando con otros”. Porque, según entiende, incluso las dificultades propias de la creación colectiva forman parte del aprendizaje: “Lo colectivo nos refunda todo el tiempo”.

Defender los espacios para la música

La preocupación por la situación de los músicos también aparece vinculada con la pérdida de espacios culturales y con las dificultades para sostener el trabajo artístico. Simiani observa un proceso que excede a la música y que relaciona con la desaparición o debilitamiento de lugares donde los artistas podían encontrarse con el público.

“Así como se cierran las fábricas, se van cerrando también los lugares donde nosotros podíamos desarrollar nuestra actividad, cada vez son menos los espacios y cada vez tienen menos posibilidades de subsistir, los pocos que quedan la están pasando muy mal”, señaló.

En ese contexto, destacó especialmente la aparición de espacios como La Casa del Diagonal. “En ese marco donde la mayoría de estos espacios van claudicando ante la miseria estatal, que haya un lugar como La Casa del Diagonal, que se ponga en movimiento en este tiempo es toda una apuesta que debemos respaldar”, afirmó.

También se refirió a la situación de los derechos de los músicos y al impacto de las plataformas digitales. En ese sentido, reivindicó el papel de organizaciones como SADAIC e INAMU y destacó la creación de AMA, la agregadora de música argentina impulsada por el Instituto Nacional de la Música, como una herramienta para que los artistas independientes puedan distribuir sus obras y acceder al cobro de regalías.

“Es una batalla desigual la que venimos dando desde hace muchos años, al menos en lo que tiene que ver con los derechos, de lo que significa la difusión de la obra y cómo se retribuye esa difusión”, planteó. Para Simiani, el desafío consiste también en que los músicos puedan construir herramientas colectivas para defender sus derechos frente a empresas y plataformas de enorme poder.

Una canción que se sigue escribiendo

A los 35 años de aquel primer encuentro con el escenario junto a Baglietto, después de haber dejado la música durante años, de haber regresado a las canciones, de haber conocido a Rafael Amor y de haber construido una obra propia, Simiani sigue entendiendo la música como un territorio abierto.

Ahora prepara nuevas presentaciones de “De andar, nomás” en Villa Constitución, Rosario y Santa Fe durante noviembre y en Sierra de la Ventana, Bahía Blanca y posiblemente Carmen de Patagones en diciembre, nuevamente junto a Patricio Gómez Saavedra.

Pero antes estará La Casa del Diagonal, compartiendo canciones con Rubén Salerno. Una noche que nace de una amistad de décadas, de historias familiares ligadas a la música y de la necesidad de volver a encontrarse alrededor de una canción.

Porque para Simiani, cantar nunca parece ser solamente cantar. Es también recuperar una memoria, reconocerse en un territorio, encontrarse con otros y volver a construir esos lazos. “El andar tocando con otros hace más liviano el empujar la carreta”, resumió.

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