La producción que se presenta en R.U.D.A trenza retazos literarios, discursos, gestos dramáticos de la Historia. Deja en suspenso una pregunta: ¿Es posible una síntesis de la identidad nacional?

El viento es protagonista, escenario y fondo de un ensamble dramático. Son seis actores en busca de un relato, casi una crónica de la historia de los últimos 100 años de la Argentina, a través de fragmentos seleccionados minuciosamente de textos, de discursos, retazos de la patria, palabras de personalidades emblemáticas, de la literatura, de la política. “El viento” cuenta con la dirección de Agustín Lostra y la asistencia de dirección de Lucía Uncal.
El director contó en De pueblos y caminantes cómo fue el recorrido por el cual fue tomando forma la obra: "Apareció esta primera imagen de un grupo de personas repartidas en un espacio rectangular, no sé si en un primer momento estaba tan claro que era un jardín, pero sí un exterior… había como un mapita, donde estaban estos personajes repartidos … Había también, estaba esta mujer de la silla al principio, el hombre del maletín, estos dos hermanos que están pegados, la mamá Duarte con el gaucho, con el cabrito”.
“Para quienes están lejos y no van a poder ver la obra –explica Lucía- contarles que la obra se hace en este patio … que termina en una medianera baja, en un barrio de casas bajas, que al costado, tiene un galponcito viejo de herramientas con ladrillos, que se ve el cielo, que en el medio tiene un gran árbol, que tiene hacia el fondo, contra la medianera, árboles frutales y arbustos, y es bastante salvaje, tiene una ruda muy olorosa, tiene un rosal bastante pinchudo, en el otro costado, y alrededor de todos estos elementos, y con todos estos elementos, los actores y las actrices, van encontrando su lugar…las primeras imágenes que vemos es hacia el fondo, contra la medianera, está Mamá Duarte y El Gaucho, más hacia el medio, y hacia la derecha, estos dos hermanos que están pegados, y hacia adelante tenemos a la mujer de la silla, y al hombre del maletín, que son estos seis actores y actrices, que están intervenidos por este séptimo personaje, que tiene otro registro, más bien de la danza, es el único personaje que no tiene discurso, o por lo menos discurso hablado. Y que resalta con un color bien fuerte. Sí, que tiene un mameluco rojo, mientras que el resto de los personajes tienen una paleta de colores en sus vestuarios, que son bastante temporales, más bien de los colores fríos, los azules, los verdes azulados, gris, negro, para que se imaginen algo".
Como caja abierta a los sentidos
Analizando más en profundidad, reflexiona Agustín, “hay un sentido por fuera de la pieza … de llevar el teatro a la fuera, de reconectar de alguna manera el teatro a la experiencia más vital. Y creo que hay algo de que también entre la fuerza natural del viento, el sol, el viento, el aire, ahí compartido, que arma como una experiencia así, me parece que más cercana, como si lo que se extrañara fuera más el cotidiano y no la experiencia recortada del encuadre ya dado de la sala de teatro, que uno ya entra medio preparado al ritual. Que ya nos ponen en el lugar de público, el teatro convencional. Creo que acá todos, tratando de identificar esas voces, esas palabras, esos retazos que están en los monólogos de cada actor, de cada personaje, nos vamos involucrando”.
Para Lucía Uncal es una caja abierta a registros sensoriales. “Lo que queremos es que haya este estallido de sentidos, sensoriales me refiero, con sentidos, el sol en la cara, la brisa, el olor a la ruda, el frío o el calorcito, el gato que pasa por la medianera, el sonido de los pájaros, de la feria 18 y 71 que está de fondo, todo eso hace a que nada sea pulcro, todo lo contrario, todo está intervenido por la realidad misma", dice.
Retazos de la identidad nacional
El montaje de textos de políticos literatos, poetas, escritores –describe Agustín Lostra- incluye palabras de Haroldo Conti, de Eva Perón, de José Hernández, de Martín Fierro, de Antonio Trócoli, que era el ministro del interior de Alfonsín; Bartolomé Mitre; Elvio Romero, poeta paraguayo; Leónidas Lamborghini, Jorge Teguier, poeta chileno; Carlos Menem; Leopoldo Galtieri; Norma Plá, Néstor Perlonger y Rodolfo Walsh. Voces y perspectivas distintas, muy distintas.

"Sí, lo que está bueno decir es que cada personaje encarna, no es que todos los personajes tienen fragmentos de estas personas, sino que cada personaje encarna uno de esos discursos. El hombre del maletín, por ejemplo, claramente es quien encarna a Carlos Menem, a Trócoli, como decíamos. Esta pareja de los mellis, los hermanitos, encarnan frases que han quedado en la historia, y ahí aparece Norma Plá, Galtieri, de nuevo Carlos Menem, y vuelven a traer estas memorias recortadas, que ya no son un discurso totalmente organizado, ahí sí es el retazo del retazo", dice.
El proceso de preparación actoral
Rememora su director que ”fue lo más desafiante, pero llegamos a ese montaje del grupo en el espacio habiendo transitado un mes y pico de ensayos parciales, entonces nos juntábamos los hermanos Corbata, mamá Duarte y el gaucho, la de la silla y el maletín, y yo ensayaba con grupos de dos actores, dos actrices. Entonces hubo todo un camino antes de los textos, de hecho, donde casi los textos no estaban muy definidos, de bucear primero en la corporalidad…el trabajo con el objeto, relaciones del cuerpo con ese objeto, cómo entraban y salían al espacio, y siempre,siempre la primera entrada del cuerpo tuvo que ver con este ir en contra del viento, que ahora es la entrada de la obra, el primer momento de la obra, ese avance contra el viento, trabajábamos mucho con ese cuerpo de alguna manera tensionado por el viento, creo que algo de esa tensión después siguió”.
Y describe “el personaje de la silla es Carolina Donantoni, el del maletín, Chapi Barresi, los hermanitos son Francisco Urretaviscaya y Pamela Esquivel, en el fondo Mamá Duarte y El Gaucho son Nora Oneto y Rocío Pasarelli, y el séptimo, que algunos nombran como el diablo, le decimos el obrero del tiempo también, es Emiliano Blanco. Y también una muy buena apuesta con respecto al vestuario, a cargo de Maca Málaga Porris y la fotografía: de Camila Flores Catino”.
Como teatrista y docente de Historia Lucía Uncal, cuenta que “asistir a la dirección de Agustín en El Viento, me reveló una manera de poetizar la historia que nunca se me hubiera ni ocurrido ni hubiera podido quizás llegar a esa forma de reunir, de sintetizar y de traducir en escena como esos discursos históricos.Entonces a mí me abrió mucho la cabeza este proceso porque me hizo llevar la vinculación entre la poesía y la historia más allá… entiendas o no los discursos, sepas o no cuál es la referencia histórica, igual hay algo de ver esos cuerpos, de ver las capas los distintos planos en los que están los personajes, como distintas capas del tiempo que te acerca a esos ecos que todos tenemos sobre la historia argentina…. me parece que es una obra que ha venido gente de la tercera edad y gente más cercana a los veinte años … también implica que quienes miren estén tan activos, activas, que todos terminan generándose una idea de lo que se está contando, una idea de la historia argentina una idea de la identidad, que me parece muy potente porque se aleja de lo fáctico, sino con las discusiones que tenemos mucho más profundas sobre nuestra identidad, sobre qué es lo nacional sobre quiénes son los protagonistas y las protagonistas de nuestra historia eso me parece muy potente de la obra, cómo está ahí esa discusión puesta en estos cuerpos que intentan sintetizar algo que es muy difícil de sintetizar”.
La próxima función será el sábado 3 de octubre, y continuará en fechas a confirmar. ;as funciones se dan en casa R.U.D.A., calle 70 entre 7 y 18, La Plata, a las 15.30 hs. Las entradas se sacan escribiendo al Instagram: elviento.obra.
