Artista visual, músico y gestor cultural, radicado en La Plata y oriundo de Laprida, Alfil Bambú construyó su recorrido entre la pintura, el dibujo, la música y la gestión cultural. Su obra parte de una necesidad íntima de crear y se detiene especialmente en la figura humana y el arquetipo femenino. “El proceso creativo es la conexión más íntima con la voz del ser propio”, sostuvo.

Alfil Bambú llegó a La Plata desde Laprida para estudiar Música y continuar su formación artística en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, donde cursó las carreras de Pintura y Dibujo. En ese camino se formó junto a artistas como Manuel Rubín, Nicolás Menza, Christian Mazzuca y Tatiana Catelani y fue construyendo una obra que transita la pintura, el dibujo, el acrílico, el óleo y la escultura.
Pero si hay algo que atraviesa su recorrido es la necesidad de pintar. “Para mí la pintura es una necesidad casi diaria”, dijo.
No se trata, explicó, de partir necesariamente de la intención de transmitir un mensaje. Su búsqueda tiene más que ver con dejarse llevar por el proceso creativo, con encontrar en la práctica artística una forma de conocimiento y de encuentro consigo mismo.
“No pienso en la necesidad de transmitir o querer generar un mensaje, sino más bien en la necesidad de volcar un suceso estético o zambullirme en un proceso estético para alcanzar una determinada satisfacción personal, espiritual, la ubicación del ser”, señaló.
“A veces la motivación viene de cuestiones externas, a veces de muy internas. Hay diálogos que son necesarios para conocer al ser más íntimo”, explicó.
De Laprida a La Plata
La relación de Bambú con el dibujo comenzó mucho antes de su llegada a la ciudad. “Siempre cuento que la pintura fue algo que me sucedió, cuando quise acordar ya estaba pintando”, recordó.
Desde muy chico se sintió atraído por las imágenes, los dibujos y, especialmente, por la posibilidad de reproducir figuras humanas y rostros. Las historietas fueron una de sus primeras puertas de entrada al mundo visual. George Pérez y Carlos Alonso estuvieron entre sus referencias, pero también hubo un gesto familiar que resultó decisivo.
Su abuela, al descubrir cuánto dibujaba, le regaló el “Martín Fierro” ilustrado por Juan Carlos Castagnino.
Ese encuentro con las imágenes de Castagnino abrió otra perspectiva. Después llegaron, a través de la Biblioteca Popular, algunos tomos sobre pintura y el tratado de pintura de Leonardo Da Vinci. La figura humana comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante en su búsqueda.
En Laprida, recordó, las posibilidades de formación artística eran más limitadas. “En Laprida en su momento no había muchos lugares donde ir a estudiar. Hoy la cosa ha cambiado mucho”, contó.
La llegada a La Plata y su paso por Bellas Artes le permitieron profundizar aquello que había comenzado casi intuitivamente. Allí se encontró con el taller de modelo vivo y con una experiencia que terminó marcando buena parte de su producción.
Hasta ese momento había dibujado principalmente figuras masculinas, muy vinculadas al universo de los superhéroes y las historietas. El modelo vivo le permitió encontrarse con otra dimensión de la representación.
“El modelo vivo me seduce porque ves la tridimensionalidad, ves cómo opera la luz, cómo dibuja la sombra”, manifestó.
También lo atrae la fugacidad. “Eso de dibujar en el minuto antes de que se mueva genera una gimnasia que me encanta. De ahí viene también mi obra”, contó.
Esa práctica continúa hasta hoy. Bambú participa de encuentros de dibujo con modelo vivo, como “La Jamada de Barolo”, una experiencia que se realiza una vez por mes en las oficinas del Palacio Barolo y que propone, a través del dibujo, recorrer distintas formas de representar la figura humana a lo largo de la historia del arte.
La voz propia y el trabajo colectivo
Una parte de su recorrido reciente estuvo vinculada a “Nos”, un colectivo que reunió a artistas platenses de distintas disciplinas y trayectorias y que tuvo una muestra en el MUMART, el Museo Municipal de Arte, en el Pasaje Dardo Rocha.
Para Bambú, la propuesta impulsada por Manuel Rubín permite poner en diálogo diferentes singularidades sin borrar las voces individuales.
“La iniciativa de Rubín, de potenciar cada una de las individualidades de los artistas platenses a través de un colectivo, me parece maravillosa”, afirmó y agregó. “Yo pienso que la voz del arte, cuando se manifiesta de manera colectiva, tiene una resonancia mucho mayor”.
El encuentro entre artistas emergentes y otros con una trayectoria consolidada también aparece como una posibilidad de crecimiento.
“Ir a un lugar con el estatuto del MUMART, también en esa relación de artistas emergentes con artistas consagrados, ayuda mucho a que cada uno, con la individualidad de sus voces, se proyecte también”, sostuvo.
En su propia producción, Bambú viene trabajando especialmente con el arquetipo femenino.
“Trabajo últimamente con el arquetipo femenino. Es un posicionamiento ideológico, más que nada porque creo que es el sujeto revolucionario de la era, la mujer”, explicó.
Para desarrollar esas obras trabaja con modelos y artistas escénicas, con quienes comparte el proceso de creación de cada pieza.
Pintar antes de pensar en cómo mostrar
Bambú también reflexionó sobre las transformaciones que atraviesan actualmente el mundo del arte y sobre el lugar que ocupa quien observa una obra.
“Hoy está cambiando el paradigma de hacia dónde vamos o dónde nos paramos para crear, para hacer la obra. Hoy se está poniendo mucho el foco en el que mira la obra”, señaló.
No cuestiona que esa mirada exista, pero sostiene que su propia búsqueda parte de otro lugar.
“Yo soy de pensar más en el momento de hacer una obra, mirar para adentro. Qué quiero decir, si es que quiero decir algo. La pregunta es qué es el arte”, planteó.
En esa reflexión aparece una preocupación por no dejar que la lógica de lo que se consume termine condicionando aquello que se crea.
“Se están buscando más una respuesta masiva de lo que producís como artista que satisfacer esa llama interior”, manifestó, aunque aclaró que son caminos personales y que cada artista construye su propia relación con la creación.

Para Bambú, existe un riesgo cuando la pregunta sobre cómo mostrar una obra aparece antes que la necesidad de hacerla.
“Si yo busco antes que hacer la obra ver cómo mostrarla, terminás pensando en qué es lo que se hace, qué se consume”, planteó. Y recuperó entonces una idea de Martin Heidegger sobre la existencia de un ser inauténtico, aquel que termina repitiendo “lo que se dice, lo que se hace y lo que está de moda”.
Frente a eso, propuso mantenerse atento a la propia voz: “Me parece que tenemos que estar alertas a eso. Que si es genuino, métele. Pero yo prefiero, o me gusta pensar, que el proceso creativo es la conexión más íntima con la voz del ser propio”.
Para Bambú, esa conexión no es solamente una cuestión artística. También puede tener una dimensión social.
“Si uno se olvida de esa conexión personal, el ser propio es hablado por lo que está pasando y, al perderse la voz personal, la comunidad comienza a ser llevada de la nariz”, afirmó.
Por eso reivindicó la necesidad de potenciar la voz singular de cada persona.
“Cuando se potencia o se pone el foco en la voz de cada ser, cada ser se pregunta: ¿es la mejor manera de estar mejor? Y ahí comenzás a afilar el ojo para ver qué es lo que quiere para su vida y dejás de escuchar a quienes dicen ‘hacé esto’ o ‘hacé aquello’. Y por ahí empezamos a elegir mejor los caminos”, expresó en Cacodelphia.
Nuevos territorios
Esa búsqueda individual convive hoy con una fuerte apuesta por lo colectivo.

“Estoy muy entusiasmado con la propuesta colectiva. Me gusta como inicio”, dijo.
Actualmente, Bambú participa de distintas experiencias y muestras. Su obra forma parte de “Voces propias. Artistas de la memoria”, una exposición colectiva organizada por Claudio Roncoli en el British Art Center de Buenos Aires.
También integra Territorios Simultáneos, un colectivo de artistas latinoamericanos que reúne creadores de distintos países del continente y desarrolla acciones y exposiciones en diferentes territorios.
En ese marco, el sábado 26 de septiembre se inauguró la muestra “Bajo la piel”, en el Salón Dorado del Teatro Roma de Avellaneda, con curaduría de Marta Bravo.
Entre la pintura y el dibujo, entre la búsqueda personal y el trabajo colectivo, entre la figura humana y las preguntas por aquello que significa crear, Alfil Bambú continúa construyendo su recorrido.
Un camino que comenzó casi sin proponérselo, cuando de chico se quedaba mirando imágenes y dibujando rostros, y que hoy lo encuentra todavía frente a una hoja o una tela, buscando aquello que quizás no pueda explicarse del todo.
Porque, para él, pintar no parece ser solamente una manera de hacer imágenes.
Es, antes que nada, una forma de escucharse.
