Inicio Destacados “Esto también pasará”: ciencia ficción criolla, tango y resistencia en el teatro independiente

“Esto también pasará”: ciencia ficción criolla, tango y resistencia en el teatro independiente

La obra de Mariano Saba, dirigida por Claudio Cogo, se presenta los sábados a las 21 en el Viejo Almacén El Obrero. Entre Marte, el tango y una Argentina posapocalíptica, la pieza propone una reflexión sobre el presente, la identidad y la crisis que atraviesa la cultura independiente.

“´Esto también pasará es un hermoso texto de Mariano Saba que empezamos a trabajar hace ya más de un año”, contó Claudio Cogo sobre la obra que dirige y que actualmente se presenta los sábados a las 21 en el Viejo Almacén El Obrero.

La pieza transcurre en un futuro posapocalíptico donde el planeta Tierra se encuentra al borde del colapso y las naciones avanzan en la colonización de Marte. En ese escenario, Argentina intercambia la provincia de Córdoba por territorio marciano y una expedición nacional emprende la tarea de conquistar el desierto rojo. Allí deberá enfrentarse al clima hostil, a seres extraterrestres y a una amenaza más íntima y profunda: la melancolía.

“Podemos hablar de una ciencia ficción criolla: un futuro despótico, sin multiversos ni portales, que sigue el viaje de una expedición argentina a Marte en medio de una catástrofe en la Tierra. La misión parte con el objetivo de generar las condiciones para una migración masiva, pero al llegar descubre que las demás naciones le han asignado la zona más inhóspita del planeta”, explicó a Cacodelphia.

“El autor lo define como una bufonada trágica”, agregó el director, al referirse a una obra donde la ciencia ficción funciona como espejo deformante —y a la vez profundamente reconocible— de la realidad argentina.

“Es una obra atravesada por una proyección de la argentinidad hacia el futuro. Hay algo de nuestro pasado que se filtra en ese porvenir y que recorre toda la historia. A partir de allí se abren distintos ejes vinculados con lo nuestro, con el ser argentino”, señaló Cogo. En ese entramado aparece el tango como un elemento central. “El tango surge como una presencia melancólica que atraviesa toda la obra”, dijo.

En el universo de “Esto también pasará”, el tango está prohibido. “Porque provoca llanto, y en ese mundo el llanto también está prohibido”, explicó el director. “La pieza podría definirse como una ‘tanguería entreverada’, donde el tango atraviesa toda la obra”, sumó.

La música aparece ligada a la nostalgia, a una pandemia emocional y cultural que atraviesa a esa Argentina devastada del futuro. “El tango aparece ligado a esa melancolía que aprieta el corazón y despierta una profunda angustia. Está presente incluso de manera física: se canta, se baila y se vuelve parte de la escena. Pero además funciona como un reflejo de muchas otras cuestiones vinculadas con nuestras propias miserias y desventuras”, sostuvo.

La obra, escrita en 2014, adquiere hoy nuevas resonancias. “Lo interesante es que aparecen en ella muchos elementos que hoy reconocemos claramente en nuestro presente. Hay una identificación muy fuerte con lo que está pasando a nivel global: vivimos una situación compleja y, si esta tendencia se profundiza, ese futuro imaginado puede volverse realidad”, reflexionó Cogo.

En esa línea, el director fue contundente: “Este gobierno adelanta el futuro distópico, adelanta el apocalipsis”.

La puesta cuenta con actuaciones de Fabián Andicoechea, Edgardo Desimone, Juan Pablo Juárez, Estefanía Marconi y Bruno Mux. El vestuario está a cargo de Julieta Sargentoni, mientras que la escenografía y la iluminación fueron realizadas por Juan E. Camargo. El diseño sonoro pertenece a Manuel Falcón.

“Tenemos la ventaja de que se trata de una ciencia ficción argentina, y eso ya está planteado desde la propia obra: una nave construida en condiciones precarias, medio reciclada, con todo bastante atado con alambre”, contó Cogo sobre el proceso de producción. “Trabajamos con elementos recuperados y reciclados, y ahí Juan Camargo se las ingenió muy bien para construir ese universo donde transcurre la acción”.

En ese marco, Cogo también habló sobre las dificultades que atraviesa hoy el teatro independiente. “Hoy producir teatro independiente es muy difícil. Este gobierno, como no podía ser de otra manera, recortó subsidios, ayudas y muchas de las herramientas que sostenían la actividad. Pero en las crisis siempre nos las rebuscamos; aparece algo especial que nos permite seguir creando y sobreviviendo”, expresó Claudio Cogo.

Pero detrás de la ficción aparece otra realidad: la crisis que atraviesa el teatro independiente. “Estamos atravesando un momento muy difícil y eso se nota en todas las salas: la plata no alcanza y cada vez se hace más complicado para la gente ir al teatro”, expresó.

Por eso, la obra se realiza “a la gorra”. “Queremos que nadie quede afuera, porque lo importante es mantener vivo el espacio y sostener esa comunicación con la gente”, señaló y agrego. “No hay que perder la capacidad de salir, de ver una obra, una película, de leer un libro; esas cosas también nos alimentan, nos enriquecen y nos fortalecen para resistir estos tiempos tan duros”.

Ley Hojarasca

En medio del tratamiento de un nuevo proyecto de ley “ómnibus”, denominado “Ley Hojarasca”, el Gobierno Nacional avanzó con la derogación de la Ley 14.800, normativa sancionada durante la presidencia de Arturo Frondizi que declara de interés nacional la actividad teatral y protege salas de todo el país.

Desde distintos sectores culturales advierten que la medida representa un fuerte retroceso para el teatro independiente y para las políticas públicas de fomento cultural. La ley sostiene beneficios, mecanismos de promoción y herramientas de preservación para espacios teatrales emblemáticos, además de reconocer al teatro como una actividad de valor social, cultural e identitario.

También cuestionan el argumento oficial de que la norma obstaculiza nuevas propuestas culturales y remarcan que, desde su sanción, tanto la actividad teatral como la cantidad de salas no dejaron de crecer. En ese contexto, denuncian además el desfinanciamiento y la paralización del Instituto Nacional del Teatro (INT), organismo clave para el sostenimiento de la actividad independiente en todo el país.

“Es como soltarnos a la deriva, soltarnos la mano. La autogestión depende en gran medida de subsidios y ayudas; siempre necesitamos ese respaldo que brinda el Estado. Y en este proceso de achicamiento, desconocimiento y destrucción estatal, el topo también llegó a la cultura y nos quitó incluso lo poco que recibíamos para sostenernos”, expresó Claudio Cogo.

El director y teatrista señaló además que el sector atraviesa una situación de emergencia permanente. “Esto nos obliga no solo a sobrevivir, sino también a volver a pelear por derechos que ya habían sido conquistados. La Ley del Teatro y la creación del Instituto Nacional del Teatro fueron fruto de años de lucha; atravesaron gobiernos como el del riojano y también la crisis de 2001, pero hoy llegamos a un escenario en el que se han cortado prácticamente todos los subsidios”, afirmó.

Cogo también cuestionó la mirada oficial sobre la actividad cultural. “Hay un profundo desconocimiento sobre nuestra tarea. Claramente no les importa y por eso nos consideran un gasto. Entonces, una vez más, estamos dando pelea”, sostuvo.

La situación impacta especialmente sobre las salas independientes. “La supervivencia de estos espacios es fundamental, porque son los lugares donde producimos, creamos y nos encontramos con el público. Mantener una sala es cada vez más difícil y nos obliga a buscar alternativas permanentes para sostenernos. A eso se suma que la gente no tiene un mango y cada vez cuesta más salir, algo que golpea de lleno nuestra actividad”, explicó.

En relación al presente del INT, Cogo aseguró que el organismo “prácticamente no funciona desde hace más de un año” y recordó que se trata de “una conquista histórica de los teatristas, gestionada por gente del teatro y financiada sin significarle un costo directo al Estado”.

“Pero en el país que este gobierno propone, nada de eso tiene lugar. La cultura no entra en ese proyecto, como tampoco todo aquello que pueda llevarnos a pensar, cuestionar o discutir la realidad”, agregó.

Finalmente, el director remarcó que el debate excede lo presupuestario y se vincula directamente con el acceso a los derechos culturales. “Acceder a la cultura, en cualquiera de sus manifestaciones, es un derecho. Y lo que hoy estamos viendo es justamente la negación de ese derecho”, concluyó Claudio Cogo.

Artículo anterior“Laberinto Borges”: una distopía pampeana para pensar el presente argentino
Artículo siguienteClubes barriales, crece la participación comunitaria y crecen los desafíos para sostenerse en la crisis