El sello Registros de Cultura lanzó la reedición de nueve discos de Roberto “Caracol” Paviotti, una obra que vuelve a circular en plataformas digitales y reabre el universo artístico de uno de los cantores fundamentales del tango de La Plata. Su hijo, Lautaro Paviotti, repasa la vida, las resistencias, los oficios y la pasión musical de su padre.

La obra de Roberto “Caracol” Paviotti vuelve a cobrar nueva vida. El sello Registro de Cultura decidió reeditar nueve discos del cantor platense, poniéndolos nuevamente en circulación en plataformas digitales y restituyendo a la escucha contemporánea un repertorio que atraviesa décadas de tango, folklore y canción popular.
El proyecto no solo recupera un catálogo discográfico, sino también una historia artística singular, marcada por la persistencia, la búsqueda estética y una manera muy personal de entender el canto. En ese regreso, la voz de su hijo, Lautaro Paviotti, se vuelve central para reconstruir el recorrido de su padre, sus decisiones y su relación con la música.
“Fue una idea de la gente de Registro de Cultura, en particular de Javier Chalup, quien, sorprendido de que estos discos no estuvieran subidos a las plataformas, tomó la decisión de reeditarlos”, explicó Lautaro Paviotti. Y agregó: “Me pareció una muy buena iniciativa, porque hoy los discos físicos prácticamente no circulan. Así el material sigue vigente, no se pierde y puede llegar a nuevas generaciones”.
La reedición no solo ordena una discografía dispersa, sino que permite volver a escuchar a un intérprete que supo dialogar con distintas tradiciones. Caracol compartió escenarios con figuras como Osvaldo Tarantino, Homero y Virgilio Expósito, Sebastián Piana, Eladia Blázquez, Héctor Stamponi, Susana Rinaldi y el Quinteto de Astor Piazzolla. Y ya en los años ’80, Héctor “Chupita” Stamponi lo destacaba con admiración: “Tiene lo que hay que tener: coraje para imponer el texto, además de afinación y buen color”.
Una vida atravesada por oficios y música
Nacido en La Plata el 3 de marzo de 1950 y fallecido en 2015, Roberto Paviotti fue rebautizado “Caracol” por un amor de infancia. Hijo de un ferroviario, creció frente a las vías del tren, soñando primero con ser telegrafista. Pero la música apareció temprano, en reuniones familiares donde los tangos marcaban el pulso de la casa.
“Mi viejo empezó desde muy chico, creo que debutó en el colegio Podestá, y a los siete años integró el elenco de Radio Belgrano, apadrinado por Fidel Pintos”, recordó Lautaro. Ese inicio precoz lo llevó a recorrer escenarios desde la infancia con la Orquesta Infantil Favero, dirigida por Fermín Valentín Favero.

Sin embargo, su vida no se sostuvo únicamente en la música. Caracol atravesó múltiples oficios: fue oficinista, camionero, mecanógrafo, remisero, metalúrgico y albañil. “Siempre estuvo trabajando de varios oficios”, contó su hijo. “Incluso fue almacenero y carpintero. La casa donde vive mi vieja la hizo él”.
Recién a mediados de los años ’90 decidió dar el salto definitivo hacia la música. “De tanto insistirle sus amigos, cerró el almacén que tenía en 30 y 70. Raúl Carnota y Juan Falú le venían diciendo que grabara su primer disco”, relató en Cacodelphia.
Ese primer trabajo llegó finalmente en 1998: “Compás de espera”. Desde allí se abrió una etapa discográfica intensa que incluiría más de diez álbumes.
El estudio, una resistencia
Uno de los rasgos más reiterados en la historia de Caracol fue su resistencia inicial a grabar. “A los 48 años grabó su primer disco. Tenía cierta resistencia al estudio: iba, registraba dos temas y los dejaba ahí, pero no completaba el álbum”, recordó su hijo.
Esa tensión entre la escena en vivo y la grabación atravesó toda su trayectoria. Incluso en su disco debut, “Compás de espera”, aparece una versión singular de “Cambalache” y obras de Homero Manzi y Chico Novarro. El impulso final llegó, según Lautaro, “de tanto insistirle”, hasta que finalmente entró al estudio.
Desde entonces, su discografía se expandió con proyectos conceptuales, discos dedicados a autores como Manzi, trabajos compartidos con músicos como Tato Finocchi y experiencias colectivas como el álbum “Mucho más que dos”, donde cada tema fue interpretado con un músico distinto.
“Ese disco es muy particular porque casi todo está hecho con un solo instrumento y la voz. Mi viejo siempre decía que en vivo es donde se ven los pingos”, señaló Lautaro.
El decir del tango
La crítica y los colegas destacaron desde sus inicios una de sus marcas registradas: el modo de decir el tango. “Su interpretación exenta de manierismos, su afinación impecable y su manera de frasear conforman la identidad de este cantor”, se escribió en sus primeras reseñas.
Caracol admiraba a Floreal Ruiz, el Paya Díaz y Roberto Goyeneche. “Decía que había que tomar un poco de cada uno y aportar lo propio. Para él, el secreto era cantar como se habla”, conto su hijo.
Pero esa búsqueda no era solo técnica: estaba atravesada por la experiencia personal. “Se quebraba al cantar algunos tangos porque lo que cantaba lo había vivido”, agregó Lautaro. En su repertorio convivían clásicos de los años ’40, obras de Eladia Blázquez, Chico Novarro y también composiciones propias o de autores contemporáneos.
Un músico en permanente búsqueda
La reedición actual también permite redescubrir la amplitud de su universo musical. Caracol escuchaba boleros, música brasileña, canción ciudadana, folklore y milonga. Esa diversidad se trasladaba a su obra, donde convivían diferentes generaciones de compositores.
“Siempre tuvo una debilidad por Manzi, tanto que le dedicó un disco completo”, recordó su hijo. Y agregó: “Grababa temas de todos, pero también componía. En estos discos hay varios temas suyos”.
Entre los álbumes recuperados, se destacan “Mucho más que dos”, “Manzi por Caracol”, “Milongamente” y trabajos más experimentales como “Tango chino”, además de registros compartidos con músicos jóvenes de la escena platense.
“Siempre se rodeó de buenos músicos, incluso jóvenes que estaban empezando. Los defendía cuando lo criticaban por eso”, dijo su hijo.
El legado que vuelve a sonar
El trabajo de Registros de Cultura no solo ordena la obra, sino que la reubica en el presente. “Todos estos discos completan la discografía de Caracol. Ahora está toda su obra disponible para que la gente pueda escucharla”, explicó Lautaro.
En ese gesto de recuperación aparece también una forma de continuidad: la posibilidad de que nuevas generaciones descubran a un cantor que, desde La Plata, supo construir una voz propia dentro del tango.
“Todos sus discos tienen algo diferente”, resumió su hijo, “pero siempre hay algo en común: la búsqueda, la emoción y esa forma de cantar que era profundamente suya”.
Roberto “Caracol” Paviotti dejó una obra extensa, atravesada por la insistencia, la curiosidad y una ética del canto que lo acompañó hasta el final. Hoy, con su discografía nuevamente disponible, su voz vuelve a circular, como si todavía caminara —como siempre lo hizo— entre las calles de La Plata y los escenarios del tango.
