La obra de José Supera, dirigida por Alejo Marschoff, regresa al Pasaje Dardo Rocha. En escena, Omar Musa propone una reflexión sobre el presente: la crisis global, el avance de la virtualidad y el teatro como espacio de resistencia y humanidad.

La obra “El Ministerio de la Imagen” vuelve a escena los jueves 7 y 14 de mayo a las 20:30 en la sala B del Pasaje Dardo Rocha, con un elenco integrado por María Ibarlin, Adriana Llamazares y Omar Musa. Con dramaturgia de José Supera y dirección de Alejo Marschoff, la propuesta combina actuación, recursos audiovisuales y una puesta estética que dialoga con el mundo contemporáneo.
La historia se sitúa en una oficina olvidada de un ministerio donde una observadora dedica su vida a detectar errores en las imágenes, a distinguir lo verdadero de lo falso. Pero su mirada comienza a fallar y es reemplazada por una joven seleccionada para continuar esa tarea. Ese desplazamiento pone en marcha una trama que, según explicó Musa, “se va desplegando en múltiples capas”, en un universo atravesado por algoritmos, vigilancia y una sociedad dominada por fuerzas invisibles. “Hoy todo pasa por la imagen, cada vez más atravesada por la inteligencia artificial. Ya no sabemos si lo que vemos o escuchamos pertenece realmente a quien lo emite”, advirtió.
La obra, en ese sentido, no solo construye una ficción, sino que dialoga con un presente inquietante. “Nos interpela acerca de dónde estamos, hacia dónde vamos y cómo podemos salir de este escenario”, sostuvo en diálogo con Cacodelphia y señaló que el desafío es recuperar “ese rasgo de humanismo que se va diluyendo en una sociedad cada vez más guiada por lo virtual”.
Esa mirada se inscribe en una reflexión más amplia sobre el contexto actual. Musa describió un tiempo de incertidumbre, atravesado por conflictos internacionales, tensiones políticas y una fuerte sensación de desorientación: “Hoy, más que nunca, nos sentimos interpelados y no siempre sabemos qué hacer frente a una situación tan grave y comprometida”. En ese marco, advirtió que “la política argentina, en este momento, es una réplica de los dos países más peligrosos para el futuro de la humanidad, y eso es lo que nos pone en una situación muy compleja y difícil”.
El actor también puso el foco en el escenario global: “No podemos hablar sin repudiar el genocidio en Gaza y en Palestina. No podemos no hablar de la situación en Venezuela y en Cuba. Tampoco podemos dejar de mencionar la locura de Trump, con ese patoterismo casi infantil, pero profundamente peligroso”. Y concluyó: “Por momentos, uno siente que todo se cae, que no sabemos bien cómo reaccionar”.
Frente a ese panorama, el actor no propone respuestas cerradas, pero sí un camino posible: “Son momentos para trabajar con cada persona que tenemos cerca, para construir desde abajo, entre todos, algo más justo y honesto”. En esa búsqueda, el arte ocupa un lugar central. “Sostener la práctica artística es remar contra la corriente, pero también es una forma de no perder la lucidez”, afirmó.

Para Omar Musa, el teatro tiene una potencia singular: no es solo un espacio de representación, sino, sobre todo, de encuentro. En ese sentido, recordó sus comienzos en los años ’70, en plena dictadura, cuando las salas funcionaban como lugares de reunión y circulación de ideas. “El teatro tiene algo que a mí me sigue asombrando”, afirmó.
“Empecé a hacer teatro a fines de los años ’70, cuando se había convertido, ante todo, en un espacio de encuentro. En el escenario aparecían las mismas dudas que hoy, pero también algunas respuestas y caminos posibles. Parecía que aquello que la gente no encontraba en la política de manera directa, lo encontraba en el teatro: un lenguaje capaz de formular las preguntas necesarias, ofrecer ciertas certezas y generar una verdadera puesta en común, casi como una ceremonia compartida”, explicó.
Esa dimensión, asegura, sigue vigente en la actualidad: “Hoy percibo algo similar: hay mucha gente viendo teatro, acercándose a estudiarlo y reuniéndose para hacerlo. Eso también refleja las dificultades de la política para dar respuestas en un momento complejo, no como una crítica simplista, sino como el reconocimiento de la dificultad del tiempo que vivimos. En ese contexto, el teatro y las artes en general vuelven a ofrecer un camino, al menos el del encuentro: un espacio donde se acortan las distancias entre trabajadores, sindicatos y estudiantes, y donde es posible mirarse, acompañarse y abrazarse”.
Finalmente, Musa subrayó la potencia creativa del teatro en tiempos adversos: “Hoy sobre el escenario aparecen las mismas necesidades, preguntas e inquietudes que existen fuera de él, generando una identificación profunda. Por eso, el teatro suele volverse más creativo cuanto más difícil es la situación, y ahí hay una oportunidad para profundizar nuestra mirada, nuestras críticas y también las posibles salidas. En ese sentido, la primera salida es el propio teatro, entendido como un espacio de encuentro y de comunión”.
En contraposición a una sociedad cada vez más mediada por pantallas, el teatro recupera el valor de la presencia. “La actividad teatral se contrapone a esta virtualidad. Aunque usemos lo digital para difundir, la idea es que sea un puente hacia el encuentro real”, explicó. Y en ese punto, subrayó una idea clave: “El teatro suele volverse más creativo cuanto más difícil es la situación. Ahí hay una oportunidad para profundizar nuestra mirada y pensar posibles salidas”.
En ese marco, “El Ministerio de la Imagen” se inscribe en una tradición teatral que no solo busca entretener, sino también incomodar y generar reflexión. “El teatro ha sido siempre un espejo —dijo Omar Musa—, pero en este caso, además, busca pensar lo que nos está pasando como sociedad”.
A partir de esa premisa, la obra dialoga directamente con el presente y con el modo en que nos vinculamos hoy con la realidad. “Hoy todo pasa por la imagen, cada vez más atravesada por la inteligencia artificial. Nos encontramos con una sociedad que casi no se ve, no se habla, no se encuentra cara a cara, y en la que nos movemos principalmente a través de los sistemas que nos ofrecen las redes. En ese contexto, circulan imágenes que a veces son reales y otras no tanto, lo que genera una desconfianza creciente: ya no siempre sabemos si lo que vemos o escuchamos pertenece realmente a quien lo emite”, explicó.
En consecuencia, la puesta se abre a múltiples niveles de interpretación y reflexión. “La obra recoge todas esas tensiones y abre muchas aristas, todas válidas, donde resuenan estas problemáticas. En ese sentido, nos interpela acerca de dónde estamos, hacia dónde vamos y cómo podemos salir de este escenario. Porque, de alguna manera, el desafío es volver a encontrar ese rasgo de humanismo que se va diluyendo en una sociedad cada vez más guiada por lo virtual”, concluyó.
El propio actor destacó, además, el proceso colectivo de la obra: “Fue uno de los encuentros más lindos que me tocó vivir”, señaló sobre el trabajo con Marschoff y el elenco, así como con el equipo integrado por María Oswald en escenografía y vestuario, Leo Vaca en audiovisuales y fotografía, y Facundo Ouviña en producción. “Todo el proceso fue una sorpresa hermosa que me permitió disfrutar la obra incluso antes de empezar a trabajarla”, resumió.
“Puzzle”, otra búsqueda en paralelo
En paralelo al regreso de “El Ministerio de la Imagen”, Omar Musa también transita otro proyecto significativo: “Puzzle”, del dramaturgo Omar Lopardo. La obra fue presentada recientemente en el Festival de Teatro de Larroque, continúa su recorrido y fue preseleccionada para la Cumbre de las Américas, consolidando así su proyección dentro del circuito teatral.
“Es una obra muy íntima —explicó—: dos personas en una plaza que descubren que conocen toda la vida del otro, pero no la propia”. Estrenada en 2024 en La Mercería y con funciones durante 2025, Puzzle regresará a escena el domingo 17 de mayo en La Red Pido Gancho, la sala teatral de Villa Elisa, con una función prevista para las 19 horas.
En ese mismo recorrido artístico, Musa recibió recientemente un importante reconocimiento: en el marco del Día Internacional del Libro fue distinguido, junto a Cristina Demo, con el XVIII Premio Literario de Cosenza-Ciudad Federiciana por su obra “Entre Luces y Sombras”, que además fue traducida al italiano por Ángela Gentile bajo el título “Tra luci e ombre”.
Así, entre proyectos, escenarios y palabras, Musa reafirma una certeza: en tiempos de incertidumbre, el teatro sigue siendo un territorio donde pensar, sentir y, sobre todo, encontrarse.
