La cantora y gestora cultural Marina Cavaletti impulsa junto a Vanina Steiner una selección de 50 tangos atravesados por los derechos humanos. Reflexiona sobre el presente político del género, su potencia transformadora y el rol de las nuevas generaciones en la construcción de memoria.

A 50 años del golpe del 24 de marzo de 1976, la memoria vuelve a instalarse como una pregunta urgente sobre el presente. En ese escenario, el tango aparece —para Marina Cavaletti— como un lenguaje vivo, capaz de narrar tanto el horror como las luchas que lo enfrentan. “Hoy vivimos en una realidad que se parece bastante en muchas cosas a la dictadura, por eso hay que estar alertas”, afirmó, marcando desde el inicio una mirada que no se limita al pasado sino que interpela el ahora.
Cantora, militante del arte y los derechos humanos, Cavaletti es una de las impulsoras —junto a Vanina Steiner— de una selección de 50 tangos que, desde el proyecto Tinta Roja, propone un recorrido sensible por estas cinco décadas. Pero lejos de pensarse como una efeméride, la iniciativa amplía el campo de discusión: “Pensamos cincuenta tangos que aborden los derechos humanos mucho más allá de la dictadura”, explicó. Y detalló: “Aparecen temas que hablan de violencia institucional, de las violencias de género, de las muertes en democracia, de asesinatos como el de Maxi y Darío, de la explotación de la clase obrera o de la libertad de los cuerpos de las mujeres”.
El punto de partida, contó, fue tanto político como vivencial. Su formación con Ana Sofía Stamponi y su paso por la milonga “La Bordona Oscura” —donde entró en contacto con el tango contemporáneo— fueron claves para ese cruce entre tradición y presente. “A partir de esos encuentros empezamos también a buscar en la metáfora”, señaló, dando cuenta de una dimensión poética que atraviesa la selección.
La lista, además, se construyó colectivamente. “Le consultamos a Alejandro Szwarcman, a Raimundo Rosales, a Hernán Lucero, y así fuimos armando un recorrido donde aparecen artistas como Pablo Sensotera, Marisa Vázquez, Marcela Bublik, Alfredo ‘Tape’ Rubin, Cintia Trigo, Vero Bellini, entre otros”, enumeró. El punto de partida es “Cuando silba el viento”, de Maruja Pacheco Huergo, una autora que —según destacó— “hoy se está redescubriendo”.
Pero uno de los rasgos más potentes del proyecto es su carácter abierto: “Nos empezó a pasar algo hermoso, que era lo que queríamos: la gente nos escribe para sugerir más temas. Es una lista en construcción”, contó. Esa dinámica refuerza la idea de comunidad y memoria activa: “De ese modo vamos armando un mapa musical con una mirada más amplia sobre los derechos humanos, que permite ver cómo dialoga el tango con las problemáticas de este tiempo”.
En esa línea, Cavaletti es categórica al pensar el presente del género: “El tango de hoy se compromete con estas luchas”. Y profundizó: “Es una música del pueblo, cercana. No es una música de viejos ni algo que sucede solo en las milongas. Es una música revolucionaria y como tal tiene que hacerse eco de las épocas que atraviesa”. Para la artista, esa capacidad de interpelar es clave: “Si reflexionamos sobre lo que significan los derechos humanos, podemos evitar que vuelva a pasar. Por eso esta lista: para que el tango diga presente, para que el tango diga ‘Nunca más’”.
Su mirada también se detiene en el crecimiento de nuevas generaciones: “Hay muchísimos pibes haciendo tango, cambiando las poéticas y las sonoridades. Eso es buenísimo y hay que aprovecharlo para hacer memoria”. En ese proceso, señaló, el tango también se transformó en términos identitarios: “Dejó de ser un tango macho de la tradición y empezó a ser más abierto a las identidades fluidas y a lo que está pasando en el mundo. No sé si todas las músicas se animan a dar ese paso, por eso lo celebro”.
Para Cavaletti, el presente político del tango no es casual. “Está más explícitamente político que en otros momentos y eso tiene que ver con un resurgimiento que se dio a partir de los 2000. Fue como una revancha de los ‘90, cuando daba vergüenza hacer política y el tango era cosa de viejos. Después hubo una tierra fértil donde el tango pudo florecer y empezar a contar lo que pasaba”, analizó en Cacodelphia.
Ese vínculo con la realidad, sostuvo, es lo que hace que nuevas generaciones se acerquen y permanezcan: “No es una música de paso. Y eso es hermoso, porque es una forma de sostener la memoria”. En esa misma línea, rescató consignas que hoy circulan en el ámbito tanguero: “‘Milonga por la identidad’ o ‘El tango te espera, las Abuelas también’ no son solo frases, son banderas que levantamos”.
Tinta Roja: un espacio colectivo para pensar y difundir el tango de ayer y de hoy

El proyecto editorial Tinta Roja se consolida como una plataforma independiente dedicada a la difusión, reflexión y producción del tango en todas sus dimensiones, desde sus raíces históricas hasta sus expresiones contemporáneas. Impulsado por Vanina Steiner —también al frente del sello “Contemporánea”—, el espacio combina publicaciones, partituras y contenidos críticos que buscan ampliar el acceso a un repertorio muchas veces ausente en los circuitos masivos. “Tinta Roja”, explicó Cavaletti, surge con la intención de visibilizar tanto a los “próceres” del género como a las nuevas camadas de artistas, generando un puente entre tradición e innovación. “Es una apuesta al tango de hoy y de ayer”, sostuvo, quien además destacó el valor de incluir partituras de obras recientes y de abrir el juego a producciones que no encuentran lugar en los grandes medios. En esa línea, remarcó el carácter casi militante del proyecto: “Quienes somos parte del tango tenemos que defender estos espacios porque no son tantos”. Para la cantora, “Tinta Roja” no solo difunde música, sino que también construye comunidad y pensamiento crítico en torno a un género en constante transformación, reafirmando su vigencia cultural y política.

En un contexto de transformaciones profundas en el panorama comunicacional y cultural, Cavaletti reflexionó sobre el rol de los medios y la necesidad de sostener espacios con identidad propia: “Hoy los medios están en un desafío grande por mantener su humanidad y su calidad. Nosotros apostamos a eso, y a que cada vez seamos más difundiendo el tango”.
Así, entre memoria, militancia y creación colectiva, Cavaletti trazó una certeza: el tango sigue diciendo. Y en ese decir, también construye futuro.
