La obra de Griselda Gambaro, con dirección de César Palumbo, regresará a escena este domingo 5 de abril a las 19 con una nueva función. La propuesta, atravesada por el abandono, la marginalidad y el desamparo, reafirma la vigencia de un texto que sigue dialogando con el presente.

Con localidades agotadas, este domingo 5 de abril a las 19 se presentará una nueva función de “Acuerdo para cambiar de casa”, la obra de Griselda Gambaro que el Grupo de Teatro El Altillo lleva adelante en El Altillo del Sur Casa Teatro, en 1 casi 67.
La puesta, sostenida en el absurdo, el grotesco y un lenguaje despojado, recupera uno de los textos más potentes de Gambaro para volver a pensar los vínculos humanos, la exclusión y la fragilidad social desde una mirada profundamente contemporánea.
La ficha técnico-artística reúne un elenco de gran trayectoria integrado por Anahí Kaneshiro, Marilina Mazzante, Isabel Palumbo, Osvaldo Stagnaro y Mimí Torretta, con escenografía de Natalia Araujo y asistencia técnica de Malena Cadelli.
César Palumbo destacó el valor emocional y artístico del reencuentro con esta obra: “Logré armar un elenco con cuatro actrices que habían actuado hace más de veinte años en la misma obra, ellas son Mimí Torretta, Anahí Kaneshiro, Marilina Mazzante y Perla Palumbo, mi hermana. Además hay dos personajes a los que se sumaron un actor y una actriz”.
El director también subrayó la vigencia de la dramaturga dentro de su recorrido personal: “Aparte de Tito Cossa, que fue mi gran amigo, Griselda Gambaro siempre estuvo en la carpeta”.
Estrenada originalmente en 1971, la pieza mantiene intacta su capacidad de conmover e incomodar. “Es una obra corta que toca muchos temas, el abandono como eje principal. La obra se desarrolla en un geriátrico que hay que desalojar para hacer otra cosa, y esa gente que no produce se tiene que ir”, explicó Palumbo.
En ese universo de personajes desplazados, cada interno carga con una herida, una espera o una fantasía que revela su humanidad. “Una señora no se quiere ir porque dice que va a venir el hijo que nunca llega, otra cree que se va a casar con nadie; cada uno con su problema”, describió el director, remarcando la potencia de los múltiples disparadores que propone el texto.
La obra aborda la ausencia, el desamparo y la inacción frente a quienes una sociedad suele etiquetar como marginados, “locos” o desarraigados. El rescate de la identidad, la lucha por el espacio propio y el abandono social quedan expuestos en una pieza donde ese “acuerdo” que ordena desalojar conduce a los personajes hacia un camino sin retorno y un desenlace imprevisible.
Para Palumbo, una de las mayores potencias del texto está en su sorprendente actualidad. El director sostuvo que “es una obra súper moderna porque no te alcanzás a dar cuenta de todo lo que pasa”, y vinculó esa densidad dramática con el presente social. En esa línea, reflexionó: “Me pregunté entonces cómo no vamos a creer que la gente no entiende, si votamos a favor de que haya esclavos y nadie salió a las calles; es decir, estamos a favor de la esclavitud. Es increíble lo que nos pasa. Entonces me permito pensar que no sé si todo el mundo entiende lo que nos pasa”.

En esa línea, el director invitó a pensar no solo a los internos sino también al personaje que ejecuta el desalojo: “Es necesario pensar a cada uno de estos personajes, pero también comprender que el tipo que los va arriando, que quiere desocupar el lugar, ¿a dónde creen que los va a llevar?”.
La Noche de los Teatros y la defensa de las salas independientes
Durante la charla, Palumbo adelantó además que el próximo viernes 10 de abril se realizará una nueva edición de “La Noche de los Teatros”, organizada por ATELPLA, con entrada libre y gratuita. En ese marco, en El Altillo se presentará “Un enemigo del pueblo”, de Henrik Ibsen, a las 20.30.
Pero el presente del teatro independiente también abre interrogantes. Palumbo expresó su preocupación por la situación del Instituto Nacional del Teatro y el cierre de convocatorias de subsidios para salas. “Aparentemente a partir de abril cierran la parte de subsidio a las salas, así que el que no lo pidió perdió, y es un problema más para las salas independientes. No era mucho, pero sí un aliciente que servía para pagar la luz o pequeñas cosas”, sostuvo.
“De ese modo se remarca la desfinanciación total del INT. Sin embargo, seguimos de pie”, resumió.
Frente a este escenario, las salas buscan nuevas formas de sostenerse. “Hoy lo que está salvando a la mayoría de las salas es una comida, un trago, un café; rinde más. La gente se acerca con la idea de comer y ver la obra. Es decir, se la rebuscan”, explicó.
La reflexión final del director puso en perspectiva la persistencia del teatro independiente desde los años ’80 hasta hoy. “No hay mucha diferencia, los grupos que se mantienen son todos a pérdida. Los teatros se sostienen con las clases y con el buffet, no con las obras”, afirmó.
Y aun así, hay un dato alentador: el público sigue acompañando. “La cantidad de público que asiste a la sala sigue siendo igual, y eso no es menor, porque hoy hay mucha más oferta para quedarse en casa”, destacó, aunque advirtió sobre una deuda pendiente: “El promedio de la gente que asiste es de 50 años, es decir hay muy poco público joven”.
Con la sala llena y una obra que sigue interpelando desde su feroz actualidad, “Acuerdo para cambiar de casa” confirma la vigencia de Gambaro y la resistencia cotidiana del teatro independiente como espacio de pensamiento, memoria y comunidad.
