Inicio Cacodelphia Sergio San Martín, el escultor que convierte la basura en arte monumental

Sergio San Martín, el escultor que convierte la basura en arte monumental

El artista nacido en Pigüé trabaja con metales, vidrios y materiales descartados para crear esculturas de gran escala. Desde su taller en City Bell proyecta nuevas obras para Brasil e Ibiza, mientras sus piezas ya forman parte del Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha.

Entre hierros, vidrios rotos, maderas descartadas y piezas mecánicas que otros considerarían inservibles, Sergio San Martín construyó una obra artística propia, reconocible y profundamente ligada a la transformación de los materiales. Nacido en Pigüé, en el interior bonaerense, el escultor creció en un entorno donde todo se arreglaba y nada se descartaba fácilmente. Tractores, herramientas rurales, alambres y soluciones improvisadas formaron parte de su paisaje cotidiano y terminaron moldeando también su mirada artística.

“Estoy con un montón de proyectos dando vueltas; algunos ya están sucediendo y otros están por venir. En un año muy particular para los argentinos, todo esto se vuelve todavía más valioso. Tener este movimiento y esta cantidad de proyectos me hace sentir un privilegiado. Es el resultado de un trabajo que vengo construyendo desde hace muchos años”, contó el artista.

San Martín comenzó trabajando exclusivamente con metal, aunque con el tiempo incorporó otros materiales a partir de la experimentación y la curiosidad. “En principio empecé trabajando solamente con metal. Después, casi de manera casual —aunque también tiene que ver con que siempre estoy atento a la expresividad de los distintos materiales—, empecé a explorar otras posibilidades”, explicó.

Actualmente desarrolla obras en madera surgidas de materiales encontrados al azar. “Un día pasé por una casa dedicada a la restauración de muebles antiguos y habían tirado restos de madera que les sobraban. No era algo que estuviera buscando, pero terminé esculpiendo compulsivamente obras con ese material, algo que hasta entonces no venía haciendo”, recordó.

El escultor asegura que la exploración material es una parte central de su trabajo. “Soy muy curioso y me gusta meter mano en todo tipo de materiales. Tengo una formación técnica que me habilita a usar ciertas herramientas, pero también soy autodidacta. Y bastante atrevido a la hora de experimentar”, afirmó.

Uno de los elementos más característicos de su obra es el vidrio de parabrisas, material con el que construye esculturas donde la luz y las fracturas generan efectos visuales muy particulares. La relación con ese material se remonta a una escena de su infancia en Pigüé.

“De chico tengo muy presente el paisaje de un taller mecánico. Había un chapista que tenía todo el piso cubierto de vidrio roto. En ese momento yo ni siquiera estaba cerca de pensar que quería ser artista, pero esa imagen me quedó muy grabada. Era muy evidente el uso de ese material: el tipo cambiaba parabrisas y los tiraba. El vidrio, en definitiva, es una piedra transparente”, expresó.

Años después comenzó a experimentar con ese mismo material, aprovechando sus posibilidades técnicas y expresivas. “El vidrio de parabrisas tiene una lámina de seguridad que me permite curvarlo. Y justamente en esas curvaturas y fracturas es donde después se inserta la luz, generando una expresión muy particular. Las gotas, al girar, producen reflejos muy singulares. Esos reflejos y ese juego que propone el vidrio roto son, de alguna manera, el sello de mi obra”, explicó a Cacodelphia.

Actualmente San Martín trabaja en un taller instalado en su casa de City Bell, rodeado de esculturas, herramientas y materiales reutilizados. Parte de su obra también puede verse en la nave central del Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha, donde realizó una instalación especialmente pensada para ese espacio.

“Es una obra que hice especialmente para el Pasaje Dardo Rocha. Con la reinauguración y la puesta en valor del edificio pude darle movimiento, y eso me puso muy contento porque era exactamente como la había imaginado originalmente”, contó.

El escultor reconoció que intervenir un espacio de esas dimensiones implicó un gran desafío. “Poder habitar con una obra un lugar tan especial como el Pasaje, justo en este momento en que fue puesto en valor, me pone muy contento. Es un espacio que durante mucho tiempo estuvo bastante descuidado y hoy tiene otra presencia. La obra parece haber estado siempre ahí, y esa particularidad me resulta muy interesante, porque el Pasaje es un lugar difícil de intervenir: es enorme, tiene una escala y una soberbia muy particulares a la hora de pensar una obra. Por eso creo que fue muy acertada la dimensión que tomó”, sostuvo.

Las obras monumentales son una de las marcas distintivas de su producción. “Una de mis características es trabajar obras de gran escala. Hay algo en esas dimensiones que me atrae y me atrapa. Me gusta toda la logística que implica una obra grande; más allá de la realización en sí, es un proceso en el que me siento cómodo y que no me asusta”, expresó.

Sin embargo, aclaró que esa fascinación por las grandes dimensiones no modifica su vínculo emocional con las piezas más pequeñas. “Les pongo la misma pasión y la misma energía. No siento diferencias en ese sentido: me emociona trabajar tanto una obra grande como una más íntima. Obviamente, la obra de gran escala tiene otro impacto”, afirmó.

En paralelo, San Martín desarrolla nuevos proyectos vinculados a la reutilización de residuos y a la participación del público. Uno de ellos es un dispositivo óptico inspirado en los antiguos caleidoscopios, pensado para transformar basura en imágenes infinitas.

“Hice el boceto de un caleidoscopio que transforma desechos en imágenes caleidoscópicas. Tiene un mecanismo donde se puede colocar cualquier residuo y eso se transforma en imágenes infinitas, como sucede con un caleidoscopio tradicional”, explicó.

El artista investigó además el origen histórico de ese invento. “Descubrí que los primeros caleidoscopios funcionaban con cápsulas intercambiables que contenían distintos materiales y generaban imágenes que nadie había visto antes. Fue un invento revolucionario y muy difundido a nivel mundial”, señaló.

En su nueva versión, el dispositivo busca incorporar una reflexión sobre el consumo y el descarte. “Quizás nos permita hablar de todo lo que tiramos y pensar en qué tipo de sociedad nos estamos convirtiendo cuando descartamos cosas constantemente y complicamos el mundo. Esa pieza la hice por un deseo propio”, sostuvo.

Hace pocos días recibió una convocatoria desde Brasil para participar en un parque de esculturas ubicado en San Pablo. Allí planea desarrollar una versión monumental del caleidoscopio.

“Me propusieron realizar una obra y les presenté la idea de un caleidoscopio gigante, similar al que mostré en la República de los Niños. Esta convocatoria es algo que me pone muy contento y siento que también es el resultado de tantos años de trabajo”, afirmó.

La relación entre las piezas y la armonía de las uniones también ocupan un lugar central en su pensamiento artístico. “Le doy mucha importancia a la estética y a las terminaciones, aunque más que detalles técnicos, para mí todo es una cuestión de encuentros. La armonía está dada por cómo se unen las piezas”, explicó.

Según sostuvo, muchas veces lo esencial de una obra no es lo que se percibe de manera inmediata. “Hay cosas que se sienten más de lo que se ven. No me interesa demasiado que alguien se detenga en cómo soldé una pieza”, señaló.

Como referencia, menciona las antiguas construcciones metálicas realizadas antes de la soldadura moderna. “Si uno mira un puente antiguo y observa los encuentros entre las piezas, descubre una belleza muy particular. Hay maneras de esconder la técnica y lograr que la unión forme parte natural de la obra”, expresó.

En sus esculturas, agregó, también existe una búsqueda vinculada a la relación “energética” entre los materiales. “Encuentro piezas que se llevan bien entre sí. El encuentro entre esas piezas tiene que resolverse de una manera muy delicada; no da lo mismo cómo estén unidas”, sostuvo.

San Martín comparó esa lógica con el trabajo del ilustrador Tony Sandoval Bernasconi. “En un dibujo se pueden unir disparatadamente objetos que no tienen ningún sentido entre sí, pero en la materialidad todo es más complejo”, explicó.

El escultor remarcó que, a diferencia del dibujo, en la escultura existen limitaciones físicas concretas. “La tecnología permite pegar una pluma con una sandía y sumarle un tornillo, pero en mi caso tengo una limitación mucho más grande: necesito que los materiales realmente puedan unirse y sostenerse”, concluyó.

Otro de los proyectos que más entusiasmo le generan está relacionado con la posibilidad de trabajar con chicos y desarrollar experiencias creativas colectivas. “Es algo que me interesa muchísimo y que todavía tengo pendiente. Sería un sueño”, aseguró.

Según explicó, actualmente piensa en distintas maneras de permitir que los niños experimenten libremente con formas y materiales. “El desafío es encontrar cómo unir elementos que técnicamente no están pensados para encajar entre sí, pero que los chicos —porque no tienen limitaciones en la cabeza— igualmente quieren unir”, señaló.

Para resolverlo, ya comenzó a imaginar nuevos sistemas constructivos. “Estoy pensando en desarrollar técnicas con imanes y trabajar con piezas imantadas”, adelantó.

Además, contó que se encuentra desarrollando un nuevo proyecto artístico para Ibiza.

En cada una de sus obras, desde una estructura monumental de vidrio hasta una pieza armada con restos encontrados en la calle, San Martín parece sostener la misma idea que atravesó su infancia en el campo bonaerense: nada está definitivamente roto y todo puede transformarse en otra cosa.

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