Inicio Destacados 40 años del Teatro de la UNLP: una historia de libertad, clásicos, comunidad y creación colectiva

40 años del Teatro de la UNLP: una historia de libertad, clásicos, comunidad y creación colectiva

Un espacio central de la vida cultural platense y nacional. Su director ejecutivo, Pablo Pawlowicz, reconstruye el origen del proyecto, sus hitos artísticos, el vínculo con las escuelas, la construcción de un patrimonio único en Sudamérica y una forma de trabajo basada en el consenso, la experimentación y la apertura a la comunidad.

Hace 40 años, un 5 de mayo de 1986, nacía el Teatro de la Universidad Nacional de La Plata. Desde entonces, el espacio de calle 10 entre 54 y 55 se transformó en un punto fundamental para la producción teatral de la ciudad, combinando creación artística, investigación y trabajo con la comunidad.

Con obras que dejaron huella en el público local como “El Proceso de Kafka”, “El conventillo de la paloma” o “La Nona”, y con un patrimonio cultural único que incluye una de las bibliotecas teatrales más reconocidas de Sudamérica, el Teatro de la UNLP sigue siendo un espacio central para la cultura platense.

El reconocimiento reciente de la Unidad de Investigación sobre Artes Escénicas del Instituto de Historia del Arte Argentino y Americano de la Facultad de Artes (UNLP), que otorgó al Teatro una Mención Espectacular a la trayectoria en el marco de su 40° aniversario, vuelve a poner en valor una historia sostenida en el tiempo y en la construcción colectiva.

“Cuarenta años no se resumen fácilmente, pero hay momentos que fueron verdaderos hitos en esta historia. Y uno de ellos, sin dudas, tiene que ver con la fundación, aquel 5 de mayo de 1986”, expresó Pablo Pawlowicz, director ejecutivo del Teatro de la UNLP.

El relato del origen remite a una escena fundacional que todavía organiza la memoria institucional del Teatro de la UNLP. “Norberto ‘el Colo’ Barruti llegó a La Plata con una carpetita bajo el brazo y se presentó en la Universidad buscando trabajo. El entonces secretario de Extensión le dijo simplemente: ‘Metele para adelante’. A partir de ese momento se inscribieron más de 500 estudiantes”, recordó.

Las primeras clases comenzaron en el Colegio Nacional, donde pronto hubo más alumnos del teatro que del propio colegio. Luego pasaron al Pasaje Dardo Rocha y más tarde terminaron ensayando en la glorieta de Plaza San Martín. “Hasta que en un momento Barruti volvió a plantear que así no se podía seguir. Entonces, en un gesto entre la audacia y la imprudencia, alguien abrió un cajón, le dio unas llaves y le dijo: ‘Esta casa es de la Universidad, fijate qué podés hacer’”, repasó Pawlowicz.

Así fue como, hacia fines de 1986, Norberto “Colo” Barruti y el grupo que quedaba de aquellos primeros 500 estudiantes entraron a la casona de 10 entre 54 y 55. “Ahí comenzó todo el camino que llega hasta hoy”, señaló Pawlowicz. “Y si bien el Teatro de la Universidad no son solamente las paredes, los ladrillos, las butacas o los telones negros, no es menos cierto que nada de esto hubiera sido posible sin esa casa y sin aquel primer ‘sí’ de la Universidad”, agregó en Cacodelphia.

“Entonces hubo un primer ‘sí’, una primera apuesta, una decisión de trabajar en absoluta libertad. Libertad en el mejor sentido de la palabra, no en ese sentido tan manoseado y vaciado que muchas veces se escucha hoy”, expresó. “Ese fue el primer gran hito. Y fue algo fantástico: que la Universidad pudiera decir que sí y que aquella manga de locos iniciales se metiera casi como ocupas en esa casa para convertirla, con el tiempo, en lo que hoy conocemos como el Teatro de la Universidad”, dijo Pawlowicz.

“Recién inaugurada la democracia, en ese espíritu revolucionario que había en esa época, todo se hizo con prepotencia de trabajo, con muchas horas de convivencia, de estar y trabajar en algo que era inservible a los fines utilitarios, que era el arte y el teatro, y acá estamos”, añadió.

Uno de los hitos artísticos más recordados de la historia del teatro fue “El proceso”, de Franz Kafka. “Sin dudas, otro de los grandes hitos fue la puesta en escena de ‘El proceso’, en 1992. Era una obra con cincuenta actores en escena, muchos de ellos vecinos y gente de la comunidad sin experiencia teatral previa, convocados a través de una convocatoria pública. A eso se sumaban otras treinta personas en el equipo técnico. Entre todos lograron montar, en apenas dos meses y una semana, una versión de Kafka que después permaneció cinco años en cartel y fue vista por veinte mil espectadores”, señaló.

“Esa obra tenía dos mensajes. Por un lado, la relación entre el Estado y el individuo, la justicia, la injusticia, que dialogaba con el clima de época. Pero además estaba el otro mensaje: el que transmitía esa gente que se había reunido para hacer la obra. Aquello fue innovador en todo sentido. Los papeles se intercambiaban entre función y función, lo que implicaba un trabajo enorme. Por eso lo señalo como un verdadero hito”, explicó.

Norberto ‘el Colo’ Barruti nació en 1948 en el sur argentino y creció en una familia con tradición teatral que lo vinculó desde muy joven al mundo del circo y la escena. Formado como actor con Mario Marcel y Raúl Serrano, y en Estética y Análisis de Texto junto al poeta uruguayo Alberto Mediza, desarrolló una extensa trayectoria como director, docente y formador teatral. En 1986 fundó el Teatro de la UNLP y, años más tarde, la Biblioteca Popular Teatral “Alberto Mediza”, dos espacios fundamentales para la cultura platense. A lo largo de su carrera dirigió numerosas obras de autores como Roberto Cossa, Franz Kafka, Roberto Arlt y Mauricio Kartun, trabajó en la Comedia de la Provincia y en coproducciones del Teatro Nacional Cervantes, además de impulsar experiencias teatrales en cárceles, hospitales y con personas con discapacidad. Reconocido por su compromiso artístico y pedagógico, recibió importantes distinciones nacionales por su trayectoria y aporte al teatro independiente argentino.

“El Colo era fundamental, pero siempre trabajó en equipo. Dirigía, pensaba y organizaba colectivamente. Desde lo técnico hasta la difusión, todo se hacía en conjunto. En todos estos años que llevo en el teatro, desde 1992, nunca votamos: siempre trabajamos en acuerdo. Buscamos consensos para sostener una tarea común”, remarcó Pawlowicz. Y agregó: “Sue un gran maestro de nuestros géneros teatrales: el grotesco, el sainete, el melodrama. Y también tuvo una lectura muy particular de Franz Kafka, porque logró asociarlo con el público y acercarlo a una realidad que parecía lejana o inexistente”.

"El teatro nos da la posibilidad de interrogarnos sobre las cosas que nos pasan como comunidad, como país, como sociedad y como mundo"

La vigencia de los clásicos es otro de los ejes del proyecto. “Kafka sigue siendo hoy un clásico porque todavía nos interpela, nos pregunta y nos enfrenta a grandes temas que como sociedad no hemos resuelto”, opinó Pawlowicz. “Hoy llevamos once temporadas poniendo en escena ‘La Nona’, y sin embargo se sigue llenando. ¿Por qué la gente sigue viniendo a verla? ¿Qué pasa con esa metáfora de una familia que no puede resolver sus conflictos? La cantidad de lecturas que sigue teniendo hoy ese clásico es enorme. Nosotros la estrenamos para los 30 años del teatro y nunca pudimos bajarla de cartel”, afirmó.

“El teatro nos da la posibilidad de interrogarnos sobre las cosas que nos pasan como comunidad, como país, como sociedad y como mundo. Y en un tiempo de fuerte individualismo, que haya personas que se junten a hacer teatro o arte es profundamente revolucionario”, sostuvo.

Otro de los grandes pilares del teatro es su biblioteca, considerada una de las más importantes de Sudamérica. “Empezó con una donación de 400 libros de Alberto Mediza. Después fuimos sumando materiales de nuestras casas. Hoy hay cerca de 50 mil obras de teatro, además de estética, semiótica e historia del arte. También recibimos la colección completa de Darío Vittori, donada por su familia”, explicó.

El vínculo del Teatro de la UNLP con las escuelas y las nuevas generaciones se ha consolidado como uno de los ejes centrales de su proyecto artístico y pedagógico. A través de distintas iniciativas, la institución busca acercar la experiencia teatral a estudiantes de toda la provincia y fortalecer la formación de públicos desde edades tempranas. En ese marco, impulsa propuestas como “Los clásicos al cartel, las escuelas al teatro”, una iniciativa que permite a estudiantes de La Plata y de distintos puntos de la provincia acercarse a la experiencia del teatro en vivo.

“El vínculo con las escuelas y las nuevas generaciones terminó convirtiéndose en la columna vertebral del proyecto. Pibes y pibas de toda la provincia vienen a encontrarse con un clásico y con los oficios del teatro. Ese vínculo apareció casi de casualidad, cuando un grupo de estudiantes quiso ver una obra un día que no había función. A partir de ahí lo sistematizamos”, contó.

“Sostener funciones sin recursos no era sencillo, pero empezamos a conformar elencos con disponibilidad. Y eso se transformó en algo que ya no podemos dejar de hacer: ofrecer una alternativa a la pantalla y al scrolleo permanente”, afirmó Pawlowicz. “El hall del teatro genera otra atmósfera. Los chicos llegan, dejan el teléfono, juegan al ajedrez, toman mate. Y después se encuentran con la experiencia del teatro en vivo. Muchas veces traen a sus padres, que tampoco habían ido nunca al teatro. Entonces uno entiende que todavía hay un sueño posible”, reflexionó.

A 40 años de su creación, el Teatro de la UNLP se sostiene como un proyecto vivo, en permanente construcción, donde la creación artística, la educación pública y el trabajo colectivo siguen siendo los pilares de una experiencia cultural única en la región.

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