La artista platense, muralista y docente explora nuevos caminos expresivos sin abandonar del todo la figuración que atraviesa su obra. Después de años dedicados al muralismo, volvió a la pintura de caballete y al dibujo, mientras impulsa un espacio cultural en su casa y recupera el encuentro con otros artistas.

Definir la obra de Verónica Fadón no es sencillo, y quizás tampoco sea necesario. Artista plástica, licenciada y profesora en Artes Plásticas con orientación en Pintura por la Universidad Nacional de La Plata, su recorrido está atravesado por la figura humana, los retratos, la experimentación con el color y una búsqueda que no parece detenerse en un lenguaje definitivo. Durante años trabajó sobre todo con la figuración y, desde 2018, encontró en el muralismo otra manera de vincularse con la pintura y con el espacio público. Ahora, después de una etapa de intensa actividad sobre las paredes, volvió al dibujo y a los formatos pequeños, mientras ensaya nuevas formas de expresión.
“Mucha figuración hay en gran parte de mi obra”, reconoció Fadón. Sin embargo, esa relación con la figura atraviesa hoy un momento de transformación. “Estoy en otra búsqueda, cansada de lo mismo, como que la figuración llega un momento que no me alcanza, aunque todavía sigue apareciendo”, contó.
Su trabajo más reciente se mueve entre las manchas, los colores intensos y una expresividad que intenta correrse de las formas conocidas. No es un camino sencillo, porque la figura humana parece reaparecer incluso cuando la intención es dejarla atrás. “Hoy estoy experimentando con lo expresivo, con mucho color, sin pensar tanto. Me cuesta un montón, pero hoy voy en esa búsqueda. No hay nada geométrico, hay manchas que van cambiando; siempre termino pensando todo como algo figurativo. Eso es parte de mí, aunque ande hoy en otra búsqueda”, explicó a Cacodelphia.
En esa tensión entre lo que conoce y aquello que intenta descubrir se encuentra buena parte del interés de su obra. Fadón no parece buscar una ruptura definitiva con su recorrido anterior, sino encontrar otras posibilidades dentro de una práctica que fue cambiando con el tiempo.
La mirada como punto de partida
Durante mucho tiempo, la figura humana ocupó un lugar central en sus pinturas y dibujos. El retrato apareció como una constante, aunque no como una decisión tomada de antemano. Fue algo que reconoció al mirar su propia producción y descubrir qué elementos se repetían.



“Es difícil definir lo que hago, porque voy haciendo y siempre es como una búsqueda de algo que no sé bien qué es. Durante mucho tiempo fue la figura humana y trabajé mucho; también indagué mucho sobre el color, que es algo que me fascina. Entonces combinaba las dos cosas y así, sin querer, me fui dando cuenta de que la mayoría de mi obra estaba compuesta por retratos”, relató.
Esos retratos no buscan reproducir con exactitud los rasgos de una persona. La pintura se construye a partir de una relación más íntima con quien posa o inspira la obra, de aquello que la artista percibe y que intenta traducir en imágenes. “No busco representar exactamente, no es un realismo ni un hiperrealismo, sino que se trata de una obra que pasa por el sentimiento. Son mis retratos, que no son exactamente iguales, pero es lo que busco”, señaló.
En ese proceso, la mirada tiene un papel fundamental. Fadón explicó que siempre se concentró en los ojos y en aquello que le llega de la persona que está pintando o dibujando. Sus personajes parecen mirar más allá de un punto fijo, como si la expresión no se agotara en lo que tienen enfrente, sino que abarcara algo más amplio.
El color, por su parte, nunca funciona como un elemento secundario. Es una herramienta que le permite construir climas, sugerir sensaciones y encontrar formas que no siempre necesitan contornos precisos. Esa exploración también apareció en una serie realizada después de un viaje a Misiones, cuando el paisaje selvático, la vegetación y los animales se convirtieron en protagonistas de su trabajo.
“Me llegó mucho ese paisaje selvático, las plantas y los animales, que también fueron parte de una época de mi obra”, recordó. En aquellas pinturas, las figuras humanas aparecían mimetizadas con los colores de la vegetación. La intención no era representar la naturaleza a través de sus formas exactas, sino trabajar con sus colores, sus ritmos y sus sensaciones. De allí surgieron obras que se movían entre la abstracción y la figuración, con manchas y colores fuertes.
Del mural a los pequeños formatos
Desde 2018, Fadón se acercó con mayor intensidad al muralismo. Durante los últimos años, buena parte de su trabajo estuvo dedicado a pintar paredes, especialmente en Villa Elisa y en escuelas, en proyectos compartidos con otros artistas, entre ellos Luxor, reconocido muralista y grafitero de La Plata.

La experiencia modificó su relación con la pintura. Trabajar sobre una pared supone otras dimensiones, otras condiciones y una relación distinta con el entorno. Sin embargo, la artista encontró en ese cambio una continuidad con su trabajo de taller, especialmente en el uso del color y en la libertad para tomar decisiones.
“El muralismo también te lleva a hacer figurativo, entonces, todo es figurativo”, comentó. Y agregó que, aunque la relación con la pared es diferente, mantuvo una forma de trabajo que ya estaba presente en sus cuadros. “Si bien es distinto el trabajo, la libertad que tenía para pintar mis cuadros era la misma que tenía cuando salía a pintar con distintos compañeros, con quienes trabajamos y nadie decía qué pintar ni cómo”, sumó.
Después de esa etapa de intensa actividad muralista, volvió a la pintura de caballete y al dibujo. En el último tiempo comenzó a experimentar también con pequeños formatos, como las tapas de cuadernos, donde se puede apreciar esa línea sensible y personal que caracteriza su producción.
El cambio de escala abre otras posibilidades. Si el mural exige pensar la obra en relación con una pared y un espacio compartido, el formato pequeño permite concentrarse en el detalle, el gesto y la intimidad del trazo. En ambos casos, sin embargo, persiste una misma inquietud por explorar los límites de la imagen y por no dar por concluida una búsqueda.
Ilustrar, leer y volver a encontrarse
Entre sus trabajos recientes se encuentra un proyecto editorial inspirado en “Historia de una montaña”, del geógrafo francés Élisée Reclus, vinculado a la Primera Internacional. En el 2024, Fadón y un amigo emprendieron la tarea de ilustrar algunos capítulos de esa obra, en una experiencia que trasladó su trabajo al terreno del libro.
“El libro cuenta con 23 ilustraciones impresas en una calidad re linda, más la ilustración de la tapa. Todo ilustrado a mano con lápiz”, contó. El proyecto recupera la relación entre imagen y palabra desde un trabajo artesanal, en el que cada ilustración se construye a partir del dibujo y de la lectura del texto.
También durante este año volvió a participar de una exposición colectiva, “NOS”, presentada en septiembre en el Museo Municipal de Arte (MUMART), ubicado en el Pasaje Dardo Rocha de La Plata, bajo la curaduría de Manuel Rubín. Para Fadón, la muestra significó recuperar un espacio del que se había alejado durante un tiempo.
“Por Rubín volví a exponer y la muestra ‘NOS’ me entusiasmó porque es un encuentro entre colegas”, explicó. Su distancia con las exposiciones individuales y los concursos no había surgido por falta de trabajo, sino por cierto desgaste con los circuitos habituales. “Me había alejado de las exposiciones, me había aburrido, un poco desilusionada. Exponer uno solo es aburrido, van siempre la misma gente, por eso creo que me dediqué al mural”, contó. También dejó de participar en concursos porque, según dijo, se cansó de encontrarse siempre con las mismas caras.
La experiencia colectiva le permitió recuperar otra dimensión de la actividad artística, ligada al intercambio y a la posibilidad de compartir búsquedas con otros. No se trata solamente de mostrar una obra terminada, sino de volver a encontrarse con colegas y de formar parte de una escena que se construye también a través de esos vínculos.
Una casa abierta a la cultura
Esa voluntad de encuentro tiene otra expresión en el espacio que Fadón puso en marcha este año junto con una amiga. Se trata de una propuesta de casa-taller que abre sus puertas una vez al mes, el segundo sábado, para realizar muestras, ferias de emprendedores y actividades culturales en el patio de la casa.
La idea surgió de una conversación y fue creciendo a partir de las propuestas que comenzaron a llegar. “Surgió la idea de abrir la casa y hacer muestras, armar ferias y muestras en el patio. Empezamos este año y surgieron cosas muy lindas, hacemos ferias de emprendedores, se acercan algunos músicos, toda gente de la zona”, relató.
Cada encuentro busca ofrecer algo diferente y construir un espacio donde puedan convivir distintas expresiones. “La idea es que en cada encuentro haya algo distinto. Recibimos algunas propuestas y, de ese modo, vamos armando un espacio cultural”, explicó.
La iniciativa prolonga, desde otro lugar, una manera de entender el arte que atraviesa toda su trayectoria. Así como el muralismo la llevó a trabajar con otros artistas y a intervenir espacios compartidos, la casa-taller le permite abrir un ámbito propio a la comunidad, generar cruces y acompañar proyectos que encuentran allí un lugar para mostrarse.
En la obra de Verónica Fadón, la búsqueda no parece tener un destino definitivo. La figuración sigue apareciendo incluso cuando intenta dejarla atrás; el color la conduce hacia territorios que todavía está explorando; el muralismo convive con el dibujo y la pintura de caballete. No hay una fórmula que ordene todos esos caminos, y quizá sea justamente eso lo que mantiene vivo su trabajo.
Entre los retratos, las manchas, las paredes pintadas, las ilustraciones y el espacio cultural que abrió en su casa, Fadón continúa probando, cambiando y encontrando nuevas maneras de mirar. Porque, para una artista que reconoce que todavía busca algo que no sabe bien qué es, pintar también consiste en aceptar que no todas las respuestas están dadas y que, a veces, lo más interesante aparece cuando una obra empieza a llevarla hacia otro lugar.
