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Milena Salamanca, entre la raíz andina, la autogestión y el deseo de seguir creciendo

La cantautora, bailarina y productora platense atraviesa un año de intensa actividad, con una gira europea, nuevas presentaciones en Chile, la creación de “La Milenaria” y el trabajo en su tercer álbum de estudio. También repasó su paso por La Voz Argentina, una experiencia que eligió para ampliar su llegada al público sin resignar su identidad artística.

Milena Salamanca parece moverse al ritmo de sus propias canciones, entre la tradición y la búsqueda de nuevos caminos, con un pie puesto en la música de raíz y otro en los desafíos de sostener una carrera independiente. Cantautora, bailarina y productora platense, comenzó el año con la edición de “Crónicas Vol. 2”, su tercer EP oficial, continuó con una gira por siete países europeos y en agosto concretó un proyecto que venía imaginando desde hacía tiempo, “La Milenaria”, una fiesta popular para celebrar la Pachamama a través de la música, la danza y las tradiciones. Mientras suma escenarios y encuentros, trabaja en su tercer álbum de estudio, un disco de once canciones propias que espera publicar antes de fin de año, si las condiciones económicas lo permiten.

“Así soy yo, un poco por acá y un poco por allá”, resumió Salamanca al repasar un año que también incluyó una nueva gira por Chile, con presentaciones en la Sala Master de Santiago y en Valparaíso. En noviembre, el recorrido continuará por Córdoba con la Gira Chuncana, que la llevará por La Granja, Villa Las Rosas, Río Ceballos y Cosquín.

Una fiesta propia para compartir la música

“La Milenaria” nació de una necesidad personal y artística, pero también de una convicción sobre el lugar que ocupa la cultura en tiempos difíciles. La celebración se realizó en agosto en Casa Metro y reunió a Nadia Larcher, Gauchos of the Pampa, el conjunto de sikuris Ayllu Sartañani y la intervención escénica de El Último Asao. Más que una fecha musical, fue la posibilidad de construir un espacio de encuentro alrededor de las tradiciones populares.

“Hace muchos años que tengo el deseo de hacer algo propio, de hacer algo de lo que yo siento, vivo, transito y comparto con otros colegas y compañeros. Quería tener mi propia fiesta en mi ciudad”, contó. La idea surgió de la experiencia de las peñas familiares, aunque con la intención de ampliar ese universo y llevarlo a otra escala. “Nace por lo que soy, por la peña en mi casa, pero soy algo diferente también. Tiene que ver con compartir y trascender mi espacio, hacer algo distinto”, dijo.

La organización implicó asumir responsabilidades que van mucho más allá de lo artístico. Salamanca conoce la autogestión desde chica, como parte de una tradición familiar que le enseñó tanto sus satisfacciones como sus dificultades. “Desde que nací, veo la cultura desde la autogestión, desde lo propio, y en ese sentido tengo una escuela muy grande con la peña, con mi familia. Aprendí que es arriesgado producir en ese sentido, pero era un sueño armar mi propia fiesta y, como todo sueño, tiene sus desafíos”, explicó.

En ese camino, la situación económica aparece como un condicionante permanente. “Hay otro compromiso y otra responsabilidad, no solo desde el aspecto cultural y artístico, sino desde la solvencia económica”, señaló. Sin embargo, lejos de resignarse, considera que las dificultades vuelven todavía más necesario sostener los espacios de encuentro. “Son tiempos difíciles donde todo cuesta mucho y eso mismo hace que uno tenga que hacer lo posible para no relegar algunas cuestiones, como compartir con otros”, dijo a Cacodelphia.

Salamanca describió ese desgaste con una imagen que excede las dificultades materiales. “Este tiempo en el que vivimos te va quitando las ganas de hacer, te saca la autoestima, la energía, pero hay que tratar de salir de esa neblina”, sostuvo. “La Milenaria” apareció, en ese sentido, como una respuesta concreta a ese clima, una forma de reunirse, celebrar y seguir haciendo.

La elección de los artistas también respondió a vínculos y admiraciones construidos con el tiempo. Sobre Nadia Larcher, destacó que la admira desde hace muchos años y celebró que se esté animando a presentar sus propias canciones después de una larga trayectoria cantando en grupo. Con Gauchos of the Pampa, en tanto, comparte distintos escenarios y proyectos. “Hace poquito editamos con Orellana Luca una canción de ellos, me pareció lindo entonces convocarlos”, contó.

Una música que viaja y encuentra nuevos públicos

La tercera gira europea de Salamanca, realizada durante el primer semestre del año, confirmó una continuidad que se construye con tiempo, contactos y persistencia. El recorrido incluyó conciertos en Francia, Alemania, Suiza, España, Italia, Dinamarca y Suecia, en centros culturales, festivales y distintos escenarios donde la música de raíz andina y latinoamericana encontró nuevos oyentes.

“Mi sueño siempre fue ser una artista internacional y creo que lo voy cumpliendo”

“La gira fue fantástica, fue mi tercera gira y en parte tiene que ver con lo que sembré en los años anteriores, a partir de contactos, colegas, público, todo eso que hace a la insistencia de crecer y expandir”, contó. Para la artista, llegar a esos escenarios representa también la concreción de un deseo que acompaña su recorrido desde hace tiempo: “Mi sueño siempre fue ser una artista internacional y creo que lo voy cumpliendo”.

El encuentro con otros públicos le permitió comprobar que las músicas populares latinoamericanas despiertan interés incluso a miles de kilómetros de su lugar de origen. “Es maravilloso saber que tan lejos escuchan tu música, te conocen, saben quién sos, admiran nuestra música y desean un poquito ser como nosotros. Respetan y estudian nuestra música popular”, expresó.

La experiencia internacional no aparece desligada de su identidad ni de la tradición que sostiene su trabajo. Por el contrario, Salamanca encuentra en esos encuentros una confirmación del valor de las expresiones musicales que nacen de las comunidades y sus historias. La circulación por otros países amplía las posibilidades de intercambio y demuestra que las raíces no son un límite, sino un punto de partida para establecer nuevos diálogos.

La televisión como decisión consciente

La participación de Milena Salamanca en La Voz Argentina fue otro de los acontecimientos de su último año. Su paso por el reality le dio una visibilidad masiva y abrió una relación con nuevos sectores del público, pero también generó preguntas y reacciones entre quienes seguían su trayectoria desde la autogestión.

La artista explicó que su llegada al programa no fue producto del azar ni de una expectativa ingenua sobre la televisión. “Fui en busca de esa visibilidad, esa fue una decisión tomada de manera muy consciente”, afirmó. Quería conocer desde adentro el funcionamiento de una producción de gran escala, observar sus mecanismos y comparar esa experiencia con las formas de trabajo que había desarrollado de manera independiente.

“Tenía el deseo de estar, siempre me pregunté por qué no estar. La decisión tuvo que ver con eso, y también con saber cómo es, qué pasa, qué hacen mejor o peor, o diferente de lo que hacemos nosotros desde la autogestión”, explicó. También buscaba aprender de otros colegas y comprender las posibilidades y los límites de un formato televisivo que responde a otras lógicas de producción.

Salamanca aseguró que vivió la experiencia de manera positiva, acompañada por su familia y sus amigos. Pero dejó en claro que nunca confundió la participación en el programa con el objetivo de su carrera. “Entré sabiendo que era Milena Salamanca y salí siendo Milena Salamanca. Nunca el objetivo fue ganar”, dijo.

En su mirada, el reality puede abrir puertas, aunque también implica negociaciones y decisiones personales que cada artista debe evaluar: “Hay muchas cosas que hay detrás que son crueles, y cada uno sabrá qué negociar y qué no, dónde y cómo meterse. Yo la pasé muy bien, porque sabía qué podía aguantarme y entré sabiendo qué iba a buscar”.

La exposición televisiva, además, tiene una velocidad particular. Puede instalar un nombre en poco tiempo, aunque no necesariamente construye una relación duradera con el público. Milena Salamanca ya había atravesado una experiencia de gran repercusión cuando era muy joven, con su participación en el Pre Cosquín y su reconocimiento como revelación del festival. Por eso, esta vez, su prioridad fue otra. “Estaba pensando solo en estudiar y cumplir, sin perderme emocional ni mentalmente, estar fuerte, sana y con voluntad”, recordó.

El balance, de todos modos, fue favorable en un aspecto central. “La relación con el público creció y eso era algo que buscaba”, afirmó. También reconoció que parte de la audiencia no comprendió su decisión de participar, pero sostuvo que sabía por qué lo hacía y qué esperaba encontrar en esa experiencia.

Canciones propias y un nuevo álbum en camino

En paralelo a las giras y los proyectos colectivos, Salamanca continúa desarrollando su obra musical. A principios de año publicó Crónicas Vol. 2, un EP de tres canciones que dio continuidad al volumen editado en 2024. El material forma parte de una propuesta que la artista piensa como un espacio permanente de publicación, una manera de compartir música sin tener que esperar los tiempos más extensos que demanda un álbum.

“En principio, el EP es un proyecto que siento que voy a tener toda mi vida, que está pensado para que se quede en ese formato. Es una manera de editar música de manera más rápida”, explicó.

El lanzamiento reunió distintas búsquedas dentro de la música popular. Incluyó “La llamadora”, zamba de Félix Dardo Palorma interpretada junto a Agustín Isasmendi; “Así pasó”, un takirari-canción compuesto con Waldemar Fabialdo que cruza la raíz andina boliviana con sonoridades actuales; y “El salvaje”, una chacarera grabada junto a Santiago Suárez.

Hoy, la atención está puesta en el tercer álbum de estudio, que produce junto a Pablo Vigñati. El proyecto tendrá once canciones propias y contará con invitados especiales. Para Salamanca, la decisión de reunir un repertorio enteramente autoral supone un desafío artístico y económico.

“Es arriesgado editar un disco de estas características, con canciones todas tuyas. Es lo que quería, y me tiene muy ansiosa y contenta”, contó. La posibilidad de terminarlo antes de fin de año dependerá, en buena medida, de los recursos disponibles. “Si nos lo permite la economía, quiero que esté listo para este año, aunque todo sale muy caro. No se puede creer lo que sale editar un disco, grabarlo, sacarlo, presentarlo. El sueño por momentos se convierte en una pesadilla”, reconoció.

La agenda sigue abierta y el trabajo se reparte entre escenarios, producción y nuevas composiciones. En noviembrellega la Gira Chuncana, mientras va pensando las actividades del verano. El desafío ahora es sostener ese movimiento sin perder de vista el disco que está preparando. “Tocando por todos lados, estoy en varios proyectos, pensando en cómo será el verano, pero básicamente la energía está puesta en terminar el disco”, resumió.

Entre la fiesta popular, las giras internacionales, la exposición televisiva y la creación de canciones propias, Milena Salamanca sigue construyendo un camino que no separa la tradición de la experimentación ni la identidad artística de la necesidad de encontrarse con otros. Su recorrido también deja ver las dificultades de sostener una producción independiente en un contexto económico adverso, donde cada proyecto exige trabajo, recursos y una dosis de riesgo.

Aun así, la artista elige seguir adelante, convencida de que compartir la música, ampliar los públicos y generar espacios propios son parte de una misma búsqueda. Una manera de mantener vivas las raíces sin convertirlas en una pieza de museo, y de hacer de la autogestión no solo una forma de producir, sino también una manera de estar en el mundo.

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