Elsa Pavón recuerda el vínculo de Jorge Julio López con la Asociación Anahí, habla del dolor que significó su desaparición y subraya la importancia de seguir construyendo memoria junto a las nuevas generaciones.

Como todos los años, Radio Futura abre sus puertas para llevar a cabo una vigilia sonora en la noche previa al 18 de septiembre, fecha donde fue desaparecido por segunda vez Jorge Julio López en 2006. López fue un testigo fundamental en la causa que llevó a la cárcel al genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz, quien comandó secuestros, torturas y desapariciones en la ciudad de La Plata durante la última dictadura militar.
Elsa Pavón, presidenta de la Asociación Anahí que gestiona el espacio de memoria Casa Mariani-Teruggi y cofundadora junto a Chicha Mariani de Abuelas de Plaza de Mayo, recuerda cómo se sintió cuando desaparecieron a López por segunda vez: "El caso de él fue excepcional porque lo estábamos esperando para escuchar la sentencia ese día. Fue muy doloroso por una doble circunstancia. Primero por él, que aparte de ser una persona mayor, tenía sus problemas de salud y muy injusto, solo por haber dicho la verdad en su declaración".
Entre sus recuerdos, Pavón dice que la última visita de López a la casa se dio en agosto de 2006, en el habitual festejo de cumpleaños en ausencia de Clara Anahí (nieta apropiada por la dictadura durante un ataque ocurrido en noviembre de 1976). "Más allá de haberlo conocido, de haber asistido a sus declaraciones, está el dolor de la desaparición en plena democracia, que desaparezca de una manera tan... me sale la palabra misteriosa, porque una desaparición es un misterio".
"Todas las historias están entrelazadas de una manera o de otra", reflexiona la entrevistada, y desarrolla: "En el caso de López, porque estábamos muy cerca. Aparte estábamos en pleno juicio, en declaración. Entonces era como estar cerca de otra manera en el medio del dolor que significaba la declaración de él, que fue muy dolorosa, muy dura, muy fuerte, porque era como escuchar lo que le pasó a nuestras hijas también, a las que no han vuelto".
La charla conduce a Pavón a recordar las figuras que la acompañaron en la búsqueda que la llevó a recuperar a su nieta Paula Logares, también apropiada por la dictadura: "Se dice que el dolor destruye, pero yo siempre digo que a mí me construyó, y me construyó de la mano de Chicha y de Licha De La Cuadra. Las dos para mí fueron muy importantes, también Mirta Baravalle. Cada una en lo suyo eran muy distintas, pero muy fuerte las dos y muy firmes".

Pavón habla del trabajo de memoria que realizan desde la casa y subraya la importancia de las visitas de jóvenes: "Es fundamental, a mí me encanta trabajar con chicos, son algo tan especial, tan puro. La gente joven me importa mucho, me importa poder aclararles que nuestra institución fue creada para decir la verdad. Esta no es la historia oficial, sino la verdad, la que vivimos nosotros. Poder contarle a los chicos estas cosas es muy interesante, ver la cara de asombro de ellos porque son cosas que no se pueden creer".
"Estamos hablando de 50 años atrás, entonces las miradas eran muy distintas, la política era muy distinta, la mirada social era muy distinta a la de hoy, los mismos chicos están en otras circunstancias. Es otra época absolutamente distinta. Entonces, poderles contar a ellos y al mismo tiempo tratar de que entiendan el nunca más, porque el objetivo genera más allá de la historia es ese: nunca más", enfatiza.
Por último, señala la curiosidad que despierta la casa entre los más chicos durante sus visitas: "A veces ellos preguntan porque cuando vienen están trabajado el tema con sus docentes, y vienen con su lista de preguntas, con sus inquietudes y surgen de la misma casa porque la casa habla por sí misma, es muy interesante verlos pensar y manejarse adentro de la casa".
