La obra escrita y dirigida por Azul Pocai, con actuación de Diego Bortolotti, parte de una carta imaginaria a Maradona para hablar de fútbol, identidad, pertenencia y de las múltiples formas que puede asumir una persona. Se estrena este viernes 11 de septiembre, a las 20, en la Sala B del Pasaje Dardo Rocha.

Hay nombres que quedan ligados para siempre a una cancha. Maradona es, quizás, uno de los más fuertes. Pero en El Diego Extremo, ese nombre funciona también como punto de partida para hablar de otras cosas: el barrio, la pertenencia, la identidad y la necesidad de animarse a ocupar la propia cancha.
La obra nace de una idea del actor Diego Bortolotti, quien desde hace más de veinte años trabaja junto a Azul Pocai en un grupo independiente. Actor y jugador de fútbol, Bortolotti juega todos los sábados en un club de barrio y quería construir un unipersonal donde pudieran convivir sus distintas pasiones: el teatro, el fútbol y el rock.
“Esto surgió desde el actor, Diego Bortolotti, con quien hace más de veinte años tenemos un grupo independiente y con quien siempre estamos creando. Él además de ser actor, juega al fútbol y le apasiona ese deporte. Juega todos los sábados en un club de barrio, entonces esta historia lo interpela”, explicó Pocai.
La dramaturgia parte de una situación sencilla: Diego intenta escribir una carta para convencer a Maradona de que vuelva a jugar una final con su equipo de barrio. Pero, mientras escribe, algo comienza a transformarse. Las palabras se fragmentan, aparecen distintas voces y la identidad del protagonista empieza a multiplicarse.
“Me venía diciendo que su siguiente proyecto quería hacer un unipersonal, donde estuviera el fútbol, esa identidad del Diego que está arriba del escenario, en una cancha de fútbol y en el mundo del rock. Esas múltiples personalidades que uno quizá tiene en la vida misma”, contó la directora.
Maradona aparece entonces como el destinatario de una carta, pero también como una figura simbólica. Es el extremo de la pasión, de la poesía dentro de una cancha, del barrio y de esa manera de convertir el juego en una forma de expresión.
“A Maradona, además de jugador, se lo puede ver como un símbolo de poesía en la cancha, de pasión, del barrio. Quizá, si recibiera esa carta, podría ir a jugar ese partido. Está siempre cerca, con su impronta, con su manera de entrar a la cancha como si fuera el escenario. Por eso el actor encuentra similitudes entre la cancha y el escenario”, señaló Pocai.
La carta se convierte así en el dispositivo que permite construir la obra. Un texto que se fragmenta y que, a partir de sus palabras, va dando lugar a diferentes personajes y estados. El proceso de ensayo comenzó tomando esa carta como material de trabajo, separándola, interviniéndola e improvisando sobre aquellas palabras que abrían nuevas posibilidades.
“En un primer momento, la multiplicidad de personajes la trabajamos desde la carta de Maradona, que un amigo poeta le regaló a Diego para que la tomáramos como punto de partida. La fragmentación de la personalidad nace a partir de esa poesía, de esa carta, donde conviven las personalidades para llegar a Maradona”, explicó Pocai.
Pero el fútbol que aparece en El Diego Extremo no es solamente el de los grandes estadios. Es el fútbol de los sábados, de los clubes de barrio, de los amigos, de los pibes que juegan y de quienes construyeron esos espacios mucho antes.
“Hablamos de Maradona, de un equipo, de un club de barrio, una final, la pertenencia a ese barrio, a ese club. Todo eso ocupa un lugar muy importante. La identidad es central en la obra”, sostuvo la directora.
"Hablamos de Maradona, de un equipo, de un club de barrio, una final. Todo eso ocupa un lugar muy importante. La identidad es central en la obra" (aZUL pOCAI)
En ese universo aparecen también las historias mínimas que forman parte de la vida de un club: quien estuvo en la fundación, quien plantó el primer árbol, los mayores, los chicos del barrio y las distintas personalidades que se encuentran cada sábado alrededor de una pelota.
La obra también pone en juego la idea de que una persona no necesariamente tiene una única identidad ni debe limitarse a una sola forma de expresión.
“El actor tenía muchas ganas de hablar de sus personalidades, para dar cuenta de cómo nos podemos subdividir y fragmentar en un montón de cosas, que no nos tenemos que limitar a realizar una sola expresión artística”, explicó Pocai.
Y en ese juego entre actor y personaje aparece finalmente una pregunta más personal. La carta que parecía estar destinada a Maradona empieza, poco a poco, a cambiar de destinatario.

“En el recorrido que hace el personaje, las palabras adecuadas lo llevan a darse cuenta de que todo lo que está volcando en la carta, la poética, la pasión, el impulso, la magia, el amor, le termina quedando realmente bien y lo hace reconocer que él es el Diego al cual se refiere”, contó Pocai.
El nombre propio funciona entonces como un juego y también como una revelación. El Diego que necesita volver a la cancha no es necesariamente Maradona. Es el propio Diego Bortolotti, el actor que debe animarse a ocupar el escenario y jugarse por aquello que quiere decir.
“Es un juego entre el actor y el personaje que interpreta, que lo interpela a él en su persona real. Entonces, la carta está destinada a ese Diego que se la tiene que jugar y mostrarse en el escenario tal cual es”, concluyó Pocai.
El Diego Extremo se presenta este viernes 11 de septiembre, a las 20, en la Sala B del Pasaje Dardo Rocha. La obra volverá a presentarse el sábado 19 de septiembre en el Centro Cultural La Caipo, ubicado en 9 entre 58 y 59.
Una carta a Maradona que termina hablando de otro Diego. De un actor, de un jugador de barrio, de alguien que busca su propia voz. Porque quizás la verdadera final no sea la que se juega contra otro equipo, sino aquella en la que cada uno decide si se anima, finalmente, a entrar a su propia cancha.
