El dibujante, ilustrador y historietista platense presenta “Murales. Una historia sobre Santiago Maldonado”, la novela gráfica que realizó junto al sociólogo Daniel Feierstein. La obra reconstruye, desde la historieta, una historia atravesada por la memoria, el olvido y el silencio. Para Soto, el libro también tiene una dimensión personal: Santiago Maldonado era de 25 de Mayo, el mismo pueblo donde nació el dibujante.

Hay historias que intentan ser borradas, pero también hay otras formas de volver sobre ellas, de hacerlas visibles y de impedir que el silencio tenga la última palabra. “Murales. Una historia sobre Santiago Maldonado”, la novela gráfica realizada por Daniel Feierstein y Juan Soto, se inscribe en ese territorio.
Para el autor se trata de un trabajo particularmente significativo: “Es un libro especial en el sentido que me tomó mucho tiempo para hacerlo. El libro trata sobre el caso de Santiago Maldonado pero también toca otro montón de temas”.
La historia parte de la desaparición de Santiago Maldonado para abrir otras preguntas. “A partir de Santiago, Daniel Feierstein habla de un montón de cuestiones. Él hace una pregunta y dice qué le pasa a cada uno con eso, cómo vivió todo eso”, contó Soto.
El protagonista de la novela es un joven que deja su pueblo para estudiar en La Plata. Ese recorrido tiene un punto de contacto directo con la propia historia del dibujante. “Santiago Maldonado es de 25 de Mayo, del mismo pueblo que soy yo, y la historia cuenta de un pibe que va a estudiar diseño a La Plata”, señaló. “Me sentí identificado en ese personaje”.
Soto llegó a La Plata para estudiar diseño gráfico y artes plásticas y terminó permaneciendo durante 25 años en la ciudad. Después vivió una década en Buenos Aires y, desde hace algunos años, volvió a establecerse en 25 de Mayo. “Mi época en La Plata fue muy buena y muy linda, hoy estoy en otro momento, hice toda una voltereta”, contó.
Ese recorrido personal también forma parte de una extensa trayectoria artística. Dibujante, ilustrador, diseñador gráfico e historietista, Soto construyó una obra que transitó distintos lenguajes y soportes. Su firma pasó por la revista “Fierro”, donde trabajó en distintas etapas y realizó, entre otras obras, “Tristeza”, junto al guionista Federico Reggiani.
También desarrolló trabajos en formato libro, como “Vidas pasadas” y “Caminando en la luna”, junto al periodista Martín Pérez, además de participar en publicaciones y proyectos vinculados con la ilustración editorial. Trabajó para medios y editoriales como Revista Anfibia, Le Monde diplomatique, Eudeba, Planeta y el Grupo Octubre.
“Siempre dibujé historieta, a veces con más fuerza y otras veces no tanto. Me agarra como por temporadas, muchas veces estoy más en la ilustración que en la historieta”, explicó.
En ese recorrido, Soto también participó de una experiencia particular junto a la agencia Télam: un suplemento semanal de historietas dirigido por Lautaro Ortiz, que reunió a distintos dibujantes y que se publicó hasta 2015.
Su obra fue atravesando además transformaciones estéticas. De una primera etapa marcada por el blanco y negro pasó progresivamente a experimentar con el color y las herramientas digitales, sin abandonar una búsqueda personal que se mueve entre la historieta y la ilustración.
Ese camino desemboca ahora en “Murales”, una obra que le demandó seis años de trabajo. “Luego de la desaparición de Santiago comencé a garabatear, me puse de acuerdo con Daniel, él lo iba a escribir y yo a dibujarlo. Estuve seis años dibujando. Iba recibiendo parte del libro y, en función de eso, iba dibujando”, relató.
Para Soto, la novela gráfica permite abordar una historia compleja desde un lenguaje que durante mucho tiempo fue considerado menor. “Es una historieta, pero en función de contar una historia más compleja, con un formato de novela”, explicó. Y agregó: “Que sea una novela gráfica es un reconocimiento a un género que alguna vez se consideró un género menor”.
En ese sentido, Feierstein incorpora una referencia a “Maus”, de Art Spiegelman, una de las obras fundamentales de la novela gráfica contemporánea. El recurso de utilizar animales para representar distintos grupos sociales aparece retomado en “Murales” como parte de la construcción de su lenguaje visual.
Pero el título de la obra tiene además una historia concreta. Santiago Maldonado había realizado una serie de murales en 25 de Mayo antes de irse a estudiar a La Plata y luego trasladarse al sur. Esas pinturas terminaron convirtiéndose en un memorial espontáneo.
En noviembre de 2024, cuando la novela estaba llegando a su etapa final, esos murales fueron destruidos por una topadora enviada por el municipio. El hecho terminó incorporándose como epílogo de la obra.
“Habían llegado al pueblo integrantes de una cátedra de la Universidad de San Martín para hacer una restauración sobre esos murales. El nuevo intendente vino con una topadora y lo tiró todo”, contó Soto. “Santiago había dejado en esos murales una serie de mensajes que no lograron recuperarse”, sumó en Cacodelphia.

La escena adquiere así una dimensión que excede el libro: mientras los autores trabajaban sobre la memoria de una persona desaparecida, desaparecía también, físicamente, una parte de las huellas que había dejado en su pueblo.
“Murales” fue publicado por Marea Editorial y presentado en la Feria del Libro. Para Soto, aquella presentación tuvo además un significado especial por el reconocimiento recibido de figuras vinculadas a la historieta y las artes visuales. “Nos acompañó Sasturain, que tuvo unas palabras muy elogiosas para conmigo, y Daniel Santoro, que inclusive me sorprendió con lo que dijo en relación a mi laburo particular mío”, recordó.
A lo largo de su trayectoria, Soto fue construyendo una obra que se mueve entre la historieta, la ilustración, el diseño y las publicaciones culturales. En un momento de retracción del mercado editorial, señala también las dificultades que atraviesa el sector. “Toda esta gran debacle que se ha venido afectó mucho al mercado editorial en todos sus aspectos, entonces estas oportunidades de trabajo se van terminando”, sostuvo.
En “Murales”, sin embargo, el dibujo vuelve a encontrar una de sus funciones más profundas: contar aquello que cuesta contar, recuperar las huellas que otros intentan borrar y transformar una historia individual en una pregunta colectiva.
Quizás por eso el recorrido de Juan Soto y el de su personaje se cruzan de manera tan particular. Ambos conocen el viaje desde un pueblo del interior hacia La Plata. Ambos tienen en el dibujo una forma de mirar el mundo. Y, en este caso, el dibujante encontró en la historia de Santiago Maldonado una manera de volver a su propio lugar de origen para preguntarse, junto a Daniel Feierstein, qué hacemos con aquello que una sociedad decide recordar, aquello que decide callar y aquello que, pese a todo, se niega a desaparecer.
Entre la música y la narrativa gráfica
La relación de Juan Soto con la música también ocupa un lugar importante dentro de su recorrido artístico. A lo largo de los años, el dibujante trabajó en el diseño de portadas de discos para distintas bandas, entre ellas Estelares y Mostruo, construyendo una identidad visual que dialoga con la música y con el universo particular de cada grupo.

Uno de sus primeros trabajos con Estelares fue la portada de “Sistema nervioso central”, el cuarto disco de la banda y el primero que Soto dibujó para ellos, en 2006. Casi dos décadas después, esa relación continúa: “El año pasado dibujé el último de sus trabajos”, contó.
La historia de ese vínculo tendrá ahora una celebración especial. El sábado 26 y domingo 27 de septiembre, de 15 a 20, Soto realizará una muestra en el barrio porteño de La Boca para celebrar los 20 años de su trabajo gráfico con Estelares.
La exhibición reunirá ilustraciones, originales y merchandising vinculados con esa trayectoria y se realizará en Fundación Casasan, donde también habrá venta de obra y materiales del artista.
Para Soto, volver sobre aquellas imágenes también implica revisar una parte de su propio recorrido: desde aquella primera portada de “Sistema nervioso central” en 2006 hasta los trabajos más recientes para la banda.
Así, la música aparece en su obra no solamente como inspiración, sino también como otro territorio para narrar. Una canción puede encontrar en una imagen otra forma de contar, y una portada puede convertirse, con el paso del tiempo, en parte de la memoria visual de un disco y de una generación.
