Inicio Destacados "Mi viejo tenía una doble obligación: contar lo que vio por compromiso con sus compañeros y por un deber cívico"

"Mi viejo tenía una doble obligación: contar lo que vio por compromiso con sus compañeros y por un deber cívico"

A 20 años de la segunda desaparición de Jorge Julio López, su hijo Rubén destaca el compromiso militante que tuvo para reconstruir lo sucedido en los centros clandestinos de detención y señalar a los genocidas que operaban en La Plata durante la última dictadura.

Como todos los años, Radio Futura abre sus puertas para llevar a cabo una vigilia sonora en la noche previa al 18 de septiembre, fecha donde fue desaparecido por segunda vez Jorge Julio López en 2006. López fue un testigo fundamental en la causa que llevó a la cárcel al genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz, quien comandó secuestros, torturas y desapariciones en la ciudad de La Plata durante la última dictadura militar.

El primero en sumarse a la transmisión es Rubén López, que destaca la importancia de organismos de derechos humanos, medios de comunicación y organizaciones sociales que ponen en agenda esta historia, para que el nombre de su padre no desaparezca de la memoria colectiva: "Todos los años en esta época se dan dos situaciones muy particulares en La Plata, la noche de los lápices y a los dos días la segunda desaparición de Jorge Julio López, hay una conexión que permite que esa semana, aunque sea una vez al año, López no desaparezca por tercera vez".

Rubén cuenta que, a medida que se fue acercando a la historia militante de su padre, empezó a conocer en él a otra persona. "Mi viejo hacía muchas cosas sin decirnos. Investigó los lugares donde estuvo detenido. Nosotros siendo chicos íbamos a esos lugares, íbamos a cazar pajaritos o a pescar, estamos hablando de los 80, pero en el fondo mi viejo estaba investigando", recuerda sobre los paseos campestres que hacían por las cercanías de los distintos de centros de detención por donde pasó López en la región.

"Después nos enteramos de toda la militancia que vino llevando delante, escondido, tranquilo, a veces no sabemos en qué momento, porque no se entendía en qué momento se hacía tiempo para ir a los juicios, para ir a declarar. Era algo muy importante para él".

"Nos enteramos que le había pedido a distintas personas libros que hablaban sobre el genocidio", continúa narrando el entrevistado, y opina: "A su manera, estudió el genocidio desde la época de Roma hasta la Segunda Guerra Mundial. Un tipo que tenía quinto grado, a su manera se preparó, a su manera investigó los lugares donde estuvo detenido. Por eso el grado de precisión, de exactitud de los días donde estuvo, los lugares donde estuvo. Los ubicó por tiempo, espacio, por saber, por su profesión".

Un debe con sus compañeros

Para el hijo de López, por todo aquello de lo que había sido testigo, su padre tenía un doble compromiso: un deber moral con sus compañeros y un deber cívico con la sociedad: "Un deber moral con sus compañeros de lucha, con Patricia (Dell'Orto), con Ambrosio (De Marco), con Norberto Rodas, personas que él ve cuando las asesinan el centro clandestino Pozo de Arana. Después un deber cívico, una obligación como ciudadano. Mi viejo tenía esa doble obligación. Contar lo que vio por compromiso con sus compañeros, y contar lo que vio por deber cívico".

A veinte años de aquel trágico 18 de septiembre de 2006, la postura de Rubén hacia los organismos de derechos humanos fue madurando, pasando de una reticencia inicial a una militancia orgánica en el presente. También admite que superó su propia vergüenza para expresarse en público. Sobre las razones que lo llevaron a modificar dice: "Asumí la responsabilidad de representar a mi viejo. Eso es lo que cambió".

"Yo seguiría siendo un carpintero, no estaría militando, estaría en mi casa haciendo nada, mirando tele, pero desde hace unos años vengo militando solo porque entiendo que a mi viejo le gustaría que yo lo hiciera. Eso cambió, inclusive, en tratar de saber comunicar, saber hablar sin trabarme aunque me trabo más de una vez, en decir bien las palabras".

Y concluye: "Yo no estaría haciendo lo que hago hoy sino fuera porque asumo una responsabilidad. Yo soy el hijo de Jorge Julio López, no soy otra persona. No soy Rubén López, soy el hijo de Jorge Julio López".

Al cierre de la entrevista, Rubén reconstruye un diálogo que mantuvo con el fiscal Hernán Schapiro, integrante de la unidad fiscal de lesa humanidad: "El otro día el fiscal Schapiro me decía estate muy orgulloso de tu viejo que a todas las personas que señaló, a todas esas personas que identificó, todos fueron enjuiciados y casi todos fueron encarcelados, salvo los que tuvieron la impunidad biológica, que se murieron antes de ser enjuiciados".

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