Este sábado 4 se estrena en Telón Negro Teatro la obra escrita y dirigida por Martín Filiberti que, entre el humor negro, la sátira y el absurdo, revisita el mito de Medusa para interrogar las violencias, los estereotipos de género y los modos en que se construyen los relatos que heredamos.


Este sábado 4 de julio, el escenario de Telón Negro Teatro será sede del estreno de “La Risa”, una obra escrita y dirigida por Martín Filiberti que toma como punto de partida el mito de Medusa para darle una torsión contemporánea. Desde el humor, la sátira y el absurdo, la puesta revisita una figura históricamente atravesada por miradas masculinas, prejuicios y violencias.
La obra —que obtuvo el segundo premio en el Concurso de Dramaturgia Teatral “Javier Villafañe” de SADE La Plata 2025— cuenta con las actuaciones de Azul Florio, Julieta Pellitta, Juan Prieto y Camila Scrivano, y propone una pregunta incómoda desde el inicio: ¿qué sucede cuando un mito clásico deja de ser relato cerrado y se convierte en herramienta crítica?
“Partimos de una historia profundamente violenta, de un mito que es fundante de todo lo que vino después y, probablemente, uno de los más famosos de la mitología”, dijo Martín Filiberti.
"Es un mito que, en esencia, narra la historia de una mujer a la que un dios, un hombre, decide poseer simplemente porque la desea. Poseidón la viola y, después de esa violencia, no solo carga con el abuso, sino que además llega otra diosa, Atenea —la única diosa mujer, nacida del dolor de cabeza de Zeus, con todo lo que eso significa—, y es ella quien castiga a Medusa. La transforma en la figura que todos conocemos", agregó.
“Sin embargo, la mayoría de las personas desconoce el trasfondo del mito: recuerda solamente al ‘monstruo’ que, si lo mirabas a los ojos, te convertía en piedra. Incluso Medusa queda en un lugar secundario dentro del relato del gran héroe por excelencia, Perseo”, explicó el dramaturgo en diálogo con Cacodelphia.
Desde esa base, la obra se propone invertir la mirada tradicional: “Lo que nosotros hicimos, abordándolo desde la comedia, fue invertir el mito y traer a Medusa a la actualidad, no solo para revisitar esa historia, sino también para poner en discusión todo lo que se construyó alrededor de su figura”.
En esa línea, el dramaturgo recupera incluso lecturas del psicoanálisis: “Freud utilizó a Medusa como símbolo ligado a la sexualidad masculina. La definía desde la falta, como si la mujer fuera alguien que carece de algo. Esa mirada influyó durante décadas en manuales de sexualidad que formaron generaciones. Y él mismo hablaba de la sexualidad femenina como un ‘continente oscuro’”.
Para Filiberti, esas construcciones no quedaron en el pasado: “Con el tiempo, las revisiones históricas y las distintas olas del feminismo, especialmente la segunda y la tercera, cuestionaron esas ideas, pero muchas quedaron profundamente arraigadas. Medusa condensa todo eso: una acumulación de sentidos construidos desde una mirada peyorativa”.
La obra, sin embargo, no busca instalar una lección moral. “No venimos con moralina ni con un librito para educar a nadie. La escribí pensando más en los hombres, en esos con los que convivimos todos los días, porque incluso con buenas intenciones seguimos arrastrando una educación y unas tradiciones que nos fueron inculcadas desde chicos”, sostuvo.
En ese punto, “La Risa” convierte la contradicción en motor escénico: “Todo ese menjunje de preguntas, tensiones y aprendizajes lo llevamos al terreno de la comedia, para que la risa también sea una forma de pensar”.
Pero esa risa, advierte Filiberti, no es inocente. “El tema es ver si nosotros, como hombres, estamos dispuestos a reírnos de lo que plantea la obra: de nuestros temores, que giran en torno al falo, a la idea de que la sexualidad masculina se reduce a la dureza o la no dureza. Se trata de reírnos de lo que hemos construido, de ese ‘monstruo’ que queda protegido como un arcano intocable”.
En ese cruce entre humor y tabú, aparece el núcleo de la propuesta: “La comedia parte de abordar un tema tabú para los hombres y poder reírnos de eso, incluso desde la mirada de una mujer que es quien nos está señalando”.
El propio proceso de escritura también estuvo atravesado por ese recorrido. “Nació como una obrita corta. Me agarró la página en blanco y llegué a un seminario de Blas Arreseygor, donde se destrabó todo. No solo pude terminar el texto, sino que uno de los compañeros que conocí allí terminó actuando en la obra”, recordó.
Finalmente, Filiberti subrayó la dificultad del género elegido: “La comedia tiene esa condición instantánea: hace reír o no hace reír, y ese es el miedo que genera. En cambio, el drama se construye de otra manera. No es fácil hacer comedia: tiene que estar todo muy aceitado, muy preciso”.
En “La Risa”, ese mecanismo preciso se pone al servicio de una operación mayor: volver a mirar el mito, y reírse —con incomodidad incluida— de aquello que todavía organiza nuestras formas de pensar el cuerpo, el deseo y el poder.
