Este viernes 11 de septiembre, a las 20.30, se presenta por única vez en La Plata “Desde el altillo. Historia de un exilio”, una obra de teatro documental y autobiográfico protagonizada por Carolina Vaca Narvaja y dirigida por María Nella Ferrez. Desde la mirada de una niña de cinco años, la obra reconstruye el exilio de una familia perseguida durante la última dictadura militar y recupera, a través de juguetes, fotografías, voces y documentos, una historia personal que se transforma en memoria colectiva.

Un altillo, un viaje hacia lo desconocido, un nuevo lugar, un juguete, otro comienzo, una nueva despedida. ¿Otro exilio? Desde esas imágenes fragmentadas, Desde el altillo. Historia de un exilio reconstruye una experiencia familiar atravesada por la persecución política, el desarraigo y la violencia de Estado.
La obra, protagonizada por Carolina Vaca Narvaja y dirigida por María Nella Ferrez, pertenece al grupo Tres Tigres Teatro, una agrupación cordobesa que lleva 31 años de trabajo. Se trata de una propuesta de teatro documental y autobiográfico que recupera la experiencia de Vaca Narvaja cuando, a los cinco años, debió abandonar el país junto a 25 integrantes de su familia.
“Es mi historia familiar de exilio, de asilo político, mirada desde los ojos de esa niña de cinco años que se tuvo que ir con toda su familia del país porque estaban perseguidos políticamente. La obra tiene la particularidad de estar mirada desde la infancia, desde los ojos de esos chicos a los que los adultos solo veían jugar. Pero, en realidad, pasaban muchas cosas que podían verse en los juegos, en los vínculos y en las relaciones. Queríamos, con el grupo ‘Tres Tigres’, hacer esta obra, que es autobiográfica y está contada a través de los objetos. Además, es documental, porque también tiene mucha documentación sobre el asilo político”, contó Carolina Vaca Narvaja.
La historia que recupera la obra comienza en marzo de 1976. “Nosotros nos fuimos 26 personas: 13 adultos y 13 niños. El más grande tenía nueve años y el más chico, cinco meses. Cuando nos fuimos, tomamos la Embajada de México en Buenos Aires y vivimos diez días en la casa del embajador, en el altillo. Entonces, la historia cuenta ese momento”, relató Vaca Narvaja.
El proyecto comenzó a gestarse a partir de una inquietud que Carolina y Nella ya venían trabajando: cómo hablar del exilio desde la infancia. La idea inicial era construir un espectáculo destinado a chicas y chicos, pero con el tiempo apareció una certeza: la historia que necesitaba ser contada era la propia.
La ordenaría para que mantenga la voz de Carolina pero tenga una progresión más clara:
“Yo sabía, desde el principio, que quería hablar del exilio mirado desde los ojos de la infancia. Entonces daba vueltas, buscaba bibliografía y libros, pensando en un espectáculo para chicas y chicos. Después de varios años de darle vueltas al tema, me di cuenta de que lo que quería contar era mi propia historia, que es una historia muy dolorosa. Nuestra historia tiene muchas aristas y la familia Vaca Narvaja ocupa un lugar muy significativo en la historia del país. Entonces entendí que también había algo de esa historia familiar que necesitaba ser contado desde la mirada de aquella niña que fui”, explicó Vaca Narvaja.
Para reconstruir esa historia fue necesario volver a los objetos de la infancia y a los materiales que la familia había conservado durante décadas. “Encontrarme con esos objetos de la infancia fue fuerte, porque muchas veces uno no tiene memoria de lo que pasó con ellos. Y cuando empezamos a trabajar con Nella, comenzaron a aparecer muchísimos recuerdos a partir de esos objetos a través de los cuales comenzamos a construir la historia”, dijo Vaca Narvaja.
“También fue muy importante el material que habían guardado mis abuelos maternos. Por ejemplo, los casetes que mandábamos desde el hotel donde nos habíamos alojado en un primer momento. Teníamos esas voces de la infancia, y entonces fue mucho trabajo seleccionar todo ese material”, indicó.
La construcción de la obra implicó también revisar archivos familiares, documentos políticos y materiales vinculados con la permanencia de la familia en la Embajada de México.
“Por un lado, estaba el archivo familiar y, por otro, todo el material vinculado a mi padre y a mi abuelo, que estuvieron muy relacionados con la política. También pedimos a la Embajada de México toda la documentación sobre el tiempo que estuvimos en el altillo de la casa del embajador. Nos encontramos con muchísimo material que Ivana Fantin nos ayudó a recopilar y que después, junto con Nella, seleccionamos y estudiamos para decidir cómo contar esta historia. A partir de las improvisaciones que me proponía Nella, de los textos y del significado de los objetos, fuimos definiendo qué contar”, detalló Vaca Narvaja.
pedimos a la Embajada de México toda la documentación sobre el tiempo que estuvimos en el altillo de la casa del embajador. Nos encontramos con muchísimo material que seleccionamos y estudiamos para decidir cómo contar esta historia (Carolina Vaca Narvaja)
Una de las fuentes fundamentales de la obra fue Cono Sur, el libro escrito por Gustavo Vaca Narvaja, tío de Carolina, mientras los acontecimientos estaban sucediendo. “Además, teníamos el libro de mi tío, que se llamó ‘Cono Sur’ y que luego amplió con otro libro, ‘Cuando lo encuentren, díganle’. Nosotros tomamos ese primer libro, que había escrito a máquina mientras iban sucediendo los acontecimientos. Cuando comenzamos a trabajar, hablé con primos y tíos y nadie recordaba demasiado. Sin embargo, Gustavo había dejado todo escrito. Por eso ese texto que cuenta lo sucedido hasta el momento en que salimos del país, se convirtió, de alguna manera, en nuestra memoria familiar”, relató Vaca Narvaja y agregó.
“Cuando secuestraron a mi abuelo se llevaron prácticamente todo, pero algunos materiales quedaron en la casa de mi tío. Pudimos recuperar parte de ese archivo y reunirlo con el resto de los documentos, objetos y recuerdos para poder reconstruir y contar nuestra historia”.
Hacer poesía con una historia real
Para María Nella Ferrez, el desafío fue transformar una historia profundamente personal en una experiencia teatral que pudiera conservar su intimidad y, al mismo tiempo, alcanzar una dimensión universal.
“Siempre tuvimos como premisa saber que estábamos haciendo teatro. El teatro es una herramienta, un lugar donde lo importante es que lo que sucede sea poético. Y ahí estaba el desafío: si bien se toca un tema tan personal, con una actriz que narra en primera persona su propia historia de niña, aparecen los objetos, los textos, las voces de ese tiempo y también la documentación”, contó María Nella Ferrez.
“La pregunta era cómo hacer poesía teatral a partir de una historia tan personal y, al mismo tiempo, cómo cuidar a la actriz y al público, para que puedan sentir que están escuchando una historia real, íntima y personal, pero que también puede volverse universal. Una historia que puede llegar por distintos lugares, emocionarte y movilizarte. Eso es lo lindo del teatro y también el desafío que asumimos”, repasó Ferrez.
La directora explicó que la puesta busca construir una cercanía particular con quienes están del otro lado. No se trata solamente de contar una historia, sino de generar las condiciones para que esa historia sea compartida.
“La obra busca generar en el público la sensación de estar en el living de una casa, sentado alrededor de una mesa y escuchando una historia. Como los narradores de cuentos, quisimos recuperar esa intimidad de contar historias alrededor de un fuego. En la obra estamos alrededor de una mesa contando una historia casi en privado”, contó.

En ese camino, el teatro documental y los objetos se convirtieron en una herramienta central. “El teatro documental, a través de los objetos, es una herramienta fabulosa a la hora de querer contar historias tan personales, tan íntimas y tan autobiográficas, porque te permite llevarlas a distintos planos. Por eso decidimos trabajar desde ese lugar”, explicó Nella Ferrez.
Los muñecos, los juguetes, las fotografías, las voces y los archivos no funcionan solamente como elementos de una escenografía. Cada objeto activa una parte de la memoria. “Los objetos aportan distintos planos. Por un lado, desde el principio aparecen esos muñecos que Carolina tenía y que, de alguna manera, representan su infancia y ese tiempo que queremos reconstruir. Por eso decidimos trabajar con ellos desde el comienzo”, explicó la directora de la obra.
“Los objetos, y los muñecos en particular, cuentan por sí solos. A Carolina la llevan a recuperar y recordar momentos de su vida y de sus juegos. Ella tenía cinco años y muchas cosas pasaban a través de esos juegos y de esos muñecos. Por otro lado, está todo lo relacionado con los archivos: las imágenes de la ciudad de Córdoba, algunas de ellas inéditas, que también permiten reconstruir cómo era esa ciudad en aquel momento. Entonces, los objetos, los juegos, los recuerdos y los archivos van construyendo distintas capas dentro de la historia”, amplió Nella Ferrez.
Durante los ensayos apareció además otra preocupación: el olvido y la necesidad de construir una memoria que no fuera una tarea solitaria. “Hay algo que fuimos descubriendo durante la última parte de los ensayos: el olvido siempre estaba presente. Entonces decidimos probar, en una función para amigos, la idea de que yo, como directora y como quien construye esta historia, estuviera al borde de la escena. Ese juego, esa conexión y la presencia del público al borde de la escena generan un lugar que entrelaza una historia tan dura, contada de esa manera. Hay una especie de acompañamiento: ella no está sola contando su historia, sino que tiene un hilo del que puede agarrarse”, repasó Nella Ferrez.
Una memoria que también habla del presente
Carolina Vaca Narvaja forma parte de Hijas e Hijos del Exilio, agrupación conformada en 2006, que publicó Sapos de otro pozo. Cartografía colectiva de las infancias en el exilio, un libro que reúne más de 100 relatos, testimonios, cartas, fotografías y producciones artísticas de personas de distintos países del mundo que atravesaron el exilio durante sus infancias en las décadas del 70 y 80 a causa del terrorismo de Estado.
“Formo parte de la agrupación desde hace unos años. No escribí en el libro porque, cuando ingresé, ya estaban trabajando en ese material. Pero sí lo difundo. Incluso, hace unos días hicimos una presentación en Cosquín. Es un libro precioso, que reúne muchos relatos de niñas y niños que hoy son adultos, en distintos formatos”, contó Carolina Vaca Narvaja.
La obra que este viernes presenta en La Plata vuelve sobre esa experiencia desde un lugar sensible, en un momento en que la memoria, las formas de narrar el pasado y las consecuencias de la violencia política vuelven a estar en discusión.
“Revivir todas estas historias no es fácil. Fue muy complejo y difícil todo el proceso de construcción de la obra, porque hubo momentos dolorosos y recuerdos que costaba volver a traer. Pero todo fue muy cuidado y, por eso, la obra es muy hermosa. La disfruto, aunque sé que es una historia que me atraviesa. Es algo que necesitaba contar”, relató Vaca Narvaja.
Y agregó una pregunta que parece condensar buena parte del sentido de este trabajo: “¿Para qué hemos juntado tanto material? ¿Para qué hemos resguardado durante toda la vida estos objetos, estos documentos, estos recuerdos? Quizás, justamente, para contar esta historia”.
La ficha técnico-artística de la obra está integrada por Carolina Vaca Narvaja en actuación; María Eugenia Wulf y Gustavo Vaca Narvaja en voces en off; María Nella Ferrez y Yanina Pérez en diseño y realización de escenografía; Rafael Rodríguez en diseño de luces; Jorge Pico Fernández Goncalvez en diseño sonoro y edición de audio; Matías Beltramo en carpintería; Ivana Fantin en archivo; Abril Fernández Ferrez en operación técnica, fotografía y edición audiovisual; Mauricio Micheloud en diseño gráfico; Delia Perotti en asistencia técnica. La producción está a cargo de Tres Tigres Teatro y la dirección es de María Nella Ferrez.
“En una época como la que vivimos, tan oscura, nos parece sumamente importante poder contar estas historias desde otras miradas y desde lugares más sensibles. Desde miradas que recién ahora comienzan a aparecer a través de distintos formatos, de los libros, de las artes plásticas y del teatro. Son miradas que llevaron un tiempo, porque estamos hablando de situaciones muy dolorosas, muy difíciles de contar y de volver a mirar”, opinó Vaca Narvaja.

La historia no termina con la llegada a México. El regreso a la Argentina significó otro quiebre. Vaca Narvaja hizo toda la escuela primaria en México y volvió para comenzar el secundario. La vuelta, lejos de ser simplemente el final del exilio, implicó enfrentarse a otro territorio que también le resultaba extraño.
“Volver fue muy duro. Por un lado, nosotros fuimos los últimos de la familia en regresar. El deseo de volver era muy fuerte, pero cuando finalmente lo hicimos, realmente fue un golpe muy duro. Yo hice toda la primaria en México y, cuando volví, comencé acá el secundario. Realmente me sentí sapo de otro pozo. Era estar en primera fila y no saber el himno argentino; que todos te miraran porque hablabas diferente. Incluso mi apellido no lo podía nombrar, porque siempre aparecía algún comentario: ‘Por algo se fueron’. Entonces, realmente, el regreso fue durísimo. El desexilio fue muy duro. La vida queda quebrada en dos: no tenés un país, tenés dos. Estás en uno y añorás el otro. Quedás muy prendada de ese país que nos dio la vida y, cuando volvimos, hubo que empezar todo de nuevo”, señaló Vaca Narvaja.
Desde el altillo. Historia de un exilio parte de una historia familiar, pero busca abrirla hacia otras experiencias. La de tantos niños y niñas que tuvieron que abandonar sus países, sus casas, sus escuelas y sus mundos conocidos. La de quienes regresaron y descubrieron que volver tampoco significaba recuperar exactamente aquello que habían dejado atrás.
Un altillo, algunos juguetes, voces infantiles, documentos y una mesa alrededor de la cual una historia vuelve a ser contada. Esta vez, desde los ojos de aquella niña que fue Carolina Vaca Narvaja. Este viernes, a las 20.30, la obra se presenta por única vez en La Plata, en Espacio 44. Una historia de exilio, memoria y reconstrucción, contada desde la infancia y desde esos objetos que, muchos años después, todavía tienen algo para decir.
