Inicio Cacodelphia Breppe–Marrodán presenta “Cosas de negros”: una travesía por la raíz, la memoria y la honestidad del folklore

Breppe–Marrodán presenta “Cosas de negros”: una travesía por la raíz, la memoria y la honestidad del folklore

El dúo integrado por Lucía Breppe y Carlos “Negro” Marrodán se presentará este viernes en Berisso y el sábado en La Salamanca con un repertorio que cruza tradición y nuevas búsquedas. Entre chacareras, zambas y vidalas, la propuesta abre una reflexión profunda sobre memoria, honestidad artística y el sentido cultural del folklore hoy.

Este fin de semana la región recibirá una de esas propuestas que no solo invitan a escuchar canciones, sino también a pensar el sentido profundo de la música popular. El viernes 3 de abril en Raíces del Dawson, en Berisso, y el sábado 4 en La Salamanca, se presentará el dúo Breppe–Marrodán, integrado por la cantora tucumana Lucía Breppe y Carlos “Negro” Marrodán, referente imprescindible de la renovación del folklore argentino.

Con una trayectoria que lo vincula al Grupo Vocal Argentino junto al Chango Farías Gómez, al histórico trío con Raúl Carnota y Eduardo Spinassi, y a composiciones compartidas con Carnota, Néstor Soria, Rubén Cruz y Pocha Barros, Marrodán llega a la región con un proyecto de enorme delicadeza junto a Breppe. Contrapuntos, solos y dúos de gran originalidad recorren zambas, chacareras, vidalas y gatos, acompañados por Diego Gómez en percusión y con invitados especiales como Simón Marziali y Néstor Gómez.

En el centro de ambas presentaciones estará “Cosas de negros”, un disco trabajo por ocho piezas clásicas revisitadas desde nuevos arreglos, con un fuerte trabajo vocal y una sonoridad que combina raíz y búsqueda.

Mezclamos temas tradicionales con un repertorio más nuevo, de autores y compositores que están creando en la actualidad. Es importante seguir en contacto con esas obras originales, porque allí está la memoria de lo que somos. Recordar de dónde venimos es fundamental, porque quien no sabe su origen, tampoco sabe hacia dónde va”, expresó Marrodán.

La propuesta, sin embargo, no busca reproducir fórmulas. “El tratamiento que hacemos de estos temas no es el convencional: buscamos otra forma de abordarlos. Los interpretamos como dúo y tratamos de que se justifique que seamos nosotros quienes los cantemos, porque si hiciéramos lo mismo que ya hicieron otros —y que, por lo general, lo hicieron muy bien—, sería mejor que lo siguieran haciendo ellos”, explicó. En esa búsqueda sonora, la percusión ocupa un lugar central: “La percusión es una parte fundamental en la manera de expresarse del dúo. Como no marcamos el ritmo desde la guitarra, que funciona como una voz más dentro del entramado musical, la dimensión rítmica adquiere una importancia central”.

Más allá de lo musical, Marrodán entiende el folklore como un territorio de memoria y resistencia cultural. “Creo que hoy es muy importante seguir recordando de dónde venimos culturalmente, y no hablo solamente de la chacarera, sino de nuestra identidad argentina en un sentido más amplio. Hay una tendencia a que esa cultura se diluya, por eso es fundamental reforzar quiénes somos”, sostuvo. En esa línea advirtió que “se intenta debilitar cierta memoria colectiva; al menos, existen distracciones e incluso algunas agresiones que atentan contra esa conciencia común”.

Su lectura del presente se vuelve aún más directa cuando vincula cultura e ideología. “En todos nuestros recitales hacemos una dedicatoria a Miguel Ángel Pichetto y a Pettinato, y este fin de semana también la vamos a extender al director de Radio Nacional Tucumán, que se refirió a Mercedes como ‘una gorda comunista’. Mirá lo que piensa de una de las grandes perlas de nuestra cultura”, expresó Carlos Marrodán.

A partir de ese episodio, profundizó su mirada sobre el presente cultural: “Por eso digo que son tiempos en los que, más que nunca, hay que recordar quiénes somos y de dónde venimos, y no solamente en términos musicales”.

En ese sentido, añadió: “Sabemos que no hay que darle demasiada entidad a esta gente, porque eso les da más trascendencia. Lo importante es reforzar lo que hacemos nosotros, no como una misión sacrosanta, sino como una manera de ser argentino”.

Sobre esa identidad, explicó también el sentido del nombre del trabajo que están presentando: “Por eso a nuestro disco lo llamamos ‘Cosas de negros’: negro no en referencia al afro, que hoy parece que ‘garpa’, sino al negro argentino, al marroncito, al que incomoda. Hoy está de moda decir que la chacarera viene de los africanos, pero no: la chacarera es de nuestros negros. Esa fue una discusión eterna que tuvimos con el Chango Farías Gómez; Carnota y yo de un lado, él del otro. Pero el Chango era inefable, estaba más allá del bien y del mal, y creía profundamente en lo que decía”, recordó Marrodán.

La reflexión de Marrodán avanza también sobre la honestidad artística y las tensiones entre folklore y mercado. “Siempre decimos que uno no sale igual después de escuchar a Mozart, a Miles Davis o a Paul McCartney: algo cambia. Entonces, pretender no cambiar no es sincero; querer seguir siendo el mismo gaucho a caballo nacido en Salavina tampoco es honesto”, reflexionó.

A partir de esa idea, profundizó: “Cuando ‘Soco’ y ‘Cachilo’ Díaz compusieron ‘La vieja’, no conocían a Miles Davis, no existían los Beatles, no había medios de comunicación masivos y a Salavina no llegaba nada. Ellos eran, en ese sentido, honestamente más puros. Pero cuando uno los imita, la pregunta que debería hacerse es si está siendo honesto consigo mismo. Por eso me parece por ejemplo mucho más genuina la postura de Néstor Gómez, que se asume como un apasionado del jazz y, desde ese amor, toma una chacarera y la interpreta desde ese lenguaje. Eso me resulta mucho más honesto que quienes todavía se disfrazan de gauchos para gritar chacareras, se hacen millonarios, cantan con el presidente y tienen empleados en sus estancias a los que explotan vilmente”.

Sobre esa misma tensión entre arte y mercado, agregó: “Hay un folklore que garpa, que da dinero, y por eso siempre es necesario preguntarse por qué hacemos lo que hacemos. Ojo, a mí me encanta la plata, pero probablemente si me gustara tanto como algunos dicen, hoy tendría más dinero y no me conocerías haciendo ‘Cosas de negros’. Propuestas no me faltaron, incluso de CBS Columbia, pero no las acepté. Hay gente que por dinero se disfraza de gaucho, canta una chacarera que desconoce, revolea el poncho o hasta hace una vertical en el escenario. Aunque parezca mentira, yo no salgo de mi asombro por lo que algunos son capaces de hacer por plata”.

También cuestionó ciertas lógicas festivaleras: “Al Festival de la Chacarera, en Santiago del Estero, llevaron a un cantante muy famoso que canta canciones de amor, pero que no tiene nada que ver con la chacarera. Evidentemente, los dueños del festival buscaban otra cosa: recaudar”.

En ese marco, asumió el lugar que ocupa su propuesta artística: “Es cierto que existe la necesidad de vender entradas y por eso muchos quedamos afuera. Nosotros siempre decimos que somos del equipo de los perdedores; nuestra frase es ‘otra vez, casi’. De todos modos, vamos a contrapelo de eso porque es la propuesta que nos sale naturalmente. Fuimos a Cosquín, presentamos nuestro trabajo en La Salamanca y también cantamos en la Peña de Cuti y Roberto. Tal vez no fuimos los más ovacionados de la noche, pero la gente escuchó, y eso en Cosquín —donde el público muchas veces está preparado para bailar— ya es mucho”.

Sin embargo, lejos del pesimismo, el músico encuentra una reserva vital en las nuevas generaciones. “Más allá de esa gente que se disfraza de gaucho, veo también que en Santiago, por ejemplo, muchos jóvenes se juntan a comer un asado y a cantar chacareras compuestas por ellos mismos. En esos encuentros quedan algunos rastros de lo que uno hizo, pero eso no es lo más importante. No se trata de que el ego se vea satisfecho porque aparece algo que uno compuso, sino de que ellos sigan haciendo su propia cosecha personal”, señaló.

Y profundizó esa idea: “En una misma rueda pueden cantar una chacarera del ‘Soco’ y ‘Cachilo’ Díaz o de Los Ábalos, y después una compuesta por ellos, totalmente distinta, pero que sigue siendo honestamente una chacarera. No una supuesta ‘chacarera del monte’, que en realidad no existe y es un invento de ese señor que canta con el presidente. Lo importante es que la sigan haciendo”.

Sobre ese vínculo con las nuevas generaciones, agregó: “Me gusta estar con los jóvenes, hablar con ellos y escucharlos”.

Finalmente, dejó una mirada optimista sobre el presente del género: “Creo que, en ese sentido, las cosas están bien. No soy pesimista; al contrario, me entusiasma mucho lo que está sucediendo con los jóvenes, sobre todo porque es algo espontáneo, no fomentado por los medios ni por esos reductos tradicionalistas que terminan siendo funcionales a los que hacen la vertical en el escenario”.

Su mirada sobre la tradición se resume en una frase que recupera de Gustav Mahler. “El otro día leí una definición maravillosa de tradición de uno de los grandes músicos de la modernidad: ‘La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego’. Eso es exactamente lo que pienso: mantener encendido aquello que le dio sentido a algo, en nuestro caso, al ser nacional, a lo que somos y a quiénes somos”, reflexionó. Desde esa idea, planteó un interrogante hacia el presente: “Habrá que ver, en este tiempo, qué fuego de nuestra cultura nacional estamos dispuestos a preservar para que nos siga iluminando”.

En esa misma línea, sostuvo que la identidad no puede pensarse como una hoja en blanco: “Empezar de cero es difícil y, además, no es verdadero. Tal vez desde la gran ciudad alguien pueda creer que se puede arrancar de cero, pero desde adentro no lo veo posible. Hay mucha tradición real en cada gesto, en cada palabra, en la vida cotidiana. Es muy difícil dejar de ser santiagueño, tucumano, jujeño o mendocino, porque lo cotidiano te sigue haciendo ser”.

Y llevó esa idea al terreno más concreto de la cultura vivida: “Es más fácil dejar de ser porteño que dejar de ser tucumano o cordobés. Quizás los espacios más cosmopolitas, a fuerza de invasiones culturales y procesos de aculturación, hayan ido perdiendo parte de su identidad y por eso pueden imaginar que es posible empezar de nuevo. Pero donde la cultura original se vive todos los días, eso es imposible. Una empanada es una empanada, un sanguché de milanesa tucumano es un verdadero monumento al alimento. Esas cosas no se abandonan así nomás: eso es la tradición, eso es lo que somos”.

Finalmente, proyectó esa defensa identitaria hacia el vínculo con el mundo: “En tiempos en los que nos vuelven a invitar a ser ciudadanos del mundo, pero con la condición de dejar de ser lo que somos, es necesario volver a pensar nuestra identidad. Si para ingresar hay que renunciar a lo propio, prefiero no entrar. Ahora, si se puede entrar con la chacarera, entonces vamos. Hay ejemplos claros: Brasil ingresó al mundo con el samba, sin dejar nunca de ser Brasil. Nosotros tampoco, a pesar de todo lo que nos pasa, seguimos resistiendo desde nuestras músicas. Somos eso, y no hay que dejar de serlo”.

Con esa convicción llegará este fin de semana a Berisso y La Salamanca un dúo que no solo propone canciones, sino también una manera de pensar el folklore como identidad viva, memoria en movimiento y resistencia frente a la homogeneización cultural.  

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