A través de la invesstigación personal por sus orígenes, Eloísa Díez llegó a saber que la información de la memoria genética se encuentra en las células depositada en el “ADN mitocondrial”, la que se transmite genéticamente sólo a través del linaje materno y de generación en generación.

Una búsqueda de su historia familiar la llevó a generar un proyecto artístico que convoca a la construcción de la memoria individual y colectiva.
“¿Qué pasa con la memoria cuando las personas ya no están para transmitirla? Cuando no tenemos objetos, monumentos o esos elementos. Entonces, la búsqueda fue un poco por esos pequeños objetos, pero también a través del cuerpo”, inicia Eloisa Diez, documentalista, sonidista y formadora, en una charla desde la ciudad de Mëxico con “De Pueblos y Caminantes”. “Fui descubriendo que la memoria, en este caso de mi linaje materno, habita en esas cartas, que son pedacitos, ¿no? Evidentemente no está contada toda la historia, pero allí asoman, en esas postales, en esas fotos y también a través de una exploración como en mi cuerpo”, explica
Llegó a México en 2002 desde Buenos Aires, su ciudad natal, donde ya había trabajado con radios comunitarias y luego, desarrolló se dedicó a trabajar mayormente en comunicación popular, proyectos popular desde los territorios en Oaxaca, en Veracruz, con comunidades indígenas y campesinas.

“¿Qué quiere decir eso? El cuerpo como un archivo vivo, que guarda recuerdos, emociones, sensaciones, sonidos, olores. Y parte de esa memoria del linaje materno está en toda esa sensorialidad que se resguarda en mi cuerpo pero también en mi ADN”, asegura Eloísa. “Nuestro cuerpo es como un territorio en el cual habita y se resguarda una información sobre nuestro linaje que nos lleva en el tiempo largo a los territorios físicos”, agrega.
La entrevistada describe a las mitocondrias como unos orgánulos que están alrededor del núcleo, donde también hay una porción de ADN y se guardan datos únicamente del linaje materno. “La información de mi mamá, la mamá de mi mamá, o sea, la mamá de la mamá de mi mamá, en esa línea hacia atrás, todas las generaciones de mujeres hacia atrás. Lo que te reconstruye el ADN mitocondrial es un mapa”, explica.
Eloísa describe que el origen se remonta a África hace 60.000 años, recorre Medio Oriente, la costa de Asia y va migrando, luego cruzando por el estrecho de Bering. Atraviesa toda América y se instala en territorio argentino hace 15.000 años. Allí está su ascendiente, como la de muchos argentinos y argentinas.
“No es tanto como que quiera el certificado o la verificación científica, sino que ante la falta, cierta orfandad en la memoria, lo que buscaba era de qué maneras se construyó el relato sobre quienes me antecedieron. Y eso lo encontré en mi cuerpo, en mi memoria sensorial, en mis recuerdos, pero también en este mapita, en este recorrido que me confirma que mis ancestras tienen presencia en Argentina desde hace 14.000 o 15.000 años”, finaliza.
A través de la reconstrucción del linaje femenino, pudo hallar información muy significativa de las historias de vida de su tatarabuela, de su bisabuela, su abuela materna, para reencontrase con ella misma. Este gran movimiento personal la llevó a generar una instalación artística para la que convocó a cuatro artistas plásticas. Con título El territorio (común) de la memoria, es itinerante e inmersivo, el proyecto incluye imágenes, fotos, hilos, relicarios, entre otros objetos y estímulos sonoros, con el que convocan a mujeres de distintos barrios y comunidades de la ciudad de Mëxico para que se pregunten, indaguen y compartan colectivamente sus genealogías familiares a través de su propios relatos.
