Inicio Destacados Miguel Seimandi dirige “No te vayas con amor o sin él”, de Norman Briski

Miguel Seimandi dirige “No te vayas con amor o sin él”, de Norman Briski

La obra, protagonizada por Graciela Freiría y Silvia Lacosegliaz, se presenta el domingo 13 de septiembre a las 20 en Espacio 44. Una historia atravesada por las relaciones de poder, la lucha de clases, el afecto y el miedo a la soledad, que propone al espectador completar aquello que permanece abierto.

Una casa sombría. Un sótano que guarda secretos. Dos mujeres unidas por una relación laboral que, detrás de las jerarquías y las obligaciones, deja al descubierto una trama mucho más profunda: poder, dependencia, afecto y soledad.

Ese es el universo de “No te vayas con amor o sin él”, obra de Norman Briski que llega a Espacio 44 bajo la dirección de Miguel Seimandi. La función será el domingo 13 de septiembre a las 20, con las actuaciones de Graciela Freiría y Silvia Lacosegliaz.

La historia se construye alrededor de una patrona, lisiada y divorciada, que paga por compañía y servidumbre, y una empleada que, mientras cuida de ella, cuestiona el poder que ejerce su jefa y sueña con emanciparse. Entre ambas se establece una suerte de guerra fría en la que las estrategias pueden ser sutiles o violentas.

Pero la obra no se detiene en esa relación de dominación. El vínculo laboral también se convierte en un espacio donde aparece una necesidad compartida: la de afecto y compañía frente a una soledad que ambas parecen temer.

Para Seimandi, allí reside una de las claves de la obra. “Es una relación entre dos mujeres que encierra una metáfora que tiene que ver con la relación entre dominantes y dominados que existe en el mundo, en la sociedad y en los vínculos. En este caso, entre dos individuos, pero que se puede extrapolar a grupos humanos más amplios”, explicó a Cacodelphia.

La puja entre las protagonistas se sostiene entonces sobre una contradicción permanente. Existe una relación laboral marcada por una estructura de poder, pero también una dimensión afectiva que vuelve más complejo el vínculo. “Siempre hay un dominante que se encarga de fortalecer y reforzar su imagen de ser quien tiene el poder, el patrimonio, la propiedad. Del otro lado está la empleada”, señaló Seimandi.

En esa tensión aparece también una lectura política. Son dos personas atravesadas por una relación laboral que, en otras circunstancias, podrían haber sido amigas. Para el director, allí se encuentra una de las posibilidades de la obra: construir una analogía con la lucha de clases desde una relación íntima, cotidiana y profundamente humana.

Una obra para completar

La complejidad de “No te vayas con amor o sin él” no está solamente en aquello que sucede entre sus protagonistas. Los vínculos familiares, las situaciones que aparecen y desaparecen y un enigmático personaje que irrumpe en escena van construyendo una historia que se mueve entre lo onírico y lo esquizoide.

“No hay un realismo claro, porque la obra no tiene nada de realismo”, sostuvo. Y justamente allí encuentra una de sus mayores riquezas: la posibilidad de que cada espectador construya su propia interpretación.

La obra deja preguntas abiertas y evita entregar todas las respuestas. Los vínculos familiares quedan flotando, sin terminar de definirse, mientras el humor aparece de manera inesperada dentro de una trama atravesada por conflictos y tensiones.

“Es lo rico que tiene esta creación, que además tiene mucho de humor, curiosamente”, apuntó el director, quien destacó también la habilidad de Briski para introducir elementos que podrían parecer secundarios, pero que terminan impregnando toda la obra.

El propio título concentra buena parte de esa tensión. Para Seimandi, si se tratara simplemente de una despedida, alcanzaría con decir “adiós”. Pero ese “no te vayas” expresa otra cosa: el deseo de que el vínculo permanezca y que la soledad no vuelva a ocupar ese lugar.

La segunda parte del título también funciona como una clave. El vínculo puede parecer estrictamente vertical por la relación laboral que une a las protagonistas, pero debajo de esa estructura aparece una necesidad de afecto y una búsqueda compartida para escapar de la soledad.

Dirigir como forma de búsqueda

La puesta representa también un momento particular en el recorrido de Miguel Seimandi. Después de una trayectoria como actor, en los últimos años comenzó a profundizar su trabajo como director. Se formó con el director, docente y productor teatral Carlos Ianni en el CELCIT, una experiencia que, según cuenta, le abrió nuevas posibilidades creativas.

“Es un espacio que no había imaginado que me iba a dar tantas satisfacciones y tantas posibilidades de canalizar creatividad, que son las dos cuestiones que me importan en este momento de mi vida”, afirmó.

El encuentro con Freiría y Lacosegliaz también fue determinante. El año pasado había trabajado con ambas en “Sobreviviré”, una comedia disparatada. Al finalizar aquella experiencia, les prometió que durante este año buscaría una obra para dirigirlas.

Fue entonces cuando apareció Briski.

La primera impresión no fue sencilla. Seimandi encontró una obra compleja, con un lenguaje que definió como “un tanto encriptado”. Sin embargo, el trabajo de los ensayos fue revelando un universo cada vez más amplio.

“Sabía que era una obra compleja y que íbamos a tener que trabajar muchísimo para ir adentrándonos en ese lenguaje. Pero, de a poco, a medida que nos fuimos metiendo en la obra, fuimos comprendiendo que había un universo muy rico para desarrollar y tratar”, explicó.

Después de varios meses de trabajo, ese universo llegó finalmente a escena.

La elección de la obra también dialoga con una búsqueda más profunda de él como director. Lo humano, lo social, lo político y lo ideológico aparecen como ejes de un recorrido artístico que no pretende imponer respuestas.

“No tengo la soberbia de pensar que uno puede abrirle los ojos al otro, pero sí presentar los problemas que a uno le parecen importantes, para que el espectador tome de ellos lo que le interesa. Por ahí pasa mi búsqueda”, sostuvo.

Una concepción que encuentra un punto de contacto con una enseñanza de su maestro de dramaturgia, Diego Ferrando: no forzar a los personajes para que digan aquello que el autor quiere decir, sino permitir que encuentren su propia voz.

“Uno tiene que dejar que los personajes que va creando hablen y digan lo que tengan que decir. Pensar lo que uno quiere decir está dentro de uno; no es necesario forzar nada”, recordó Seimandi.

Quizás allí esté también una de las claves de “No te vayas con amor o sin él”: en dejar que esas dos mujeres hablen, se enfrenten, se necesiten y se rechacen, para que cada espectador pueda encontrar, detrás de esa relación aparentemente privada, algo más amplio sobre el poder, los vínculos, las desigualdades y esa necesidad tan humana de no quedarse solo.

“No te vayas con amor o sin él” se presenta el domingo 13 de septiembre a las 20 en Espacio 44, con las actuaciones de Graciela Freiría y Silvia Lacosegliaz y la dirección de Miguel Seimandi. La producción, asistencia y diseño gráfico están a cargo de Julieta Ramos; el sonido, la iluminación y la fotografía corresponden a Matías Ghiani, mientras que la escenografía, el vestuario y la utilería son realizados por el grupo.

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