Horacio González y el arte de viajar en taxi

La escritora y docente Gabriela Pesclevi repasa las "aguafuertes pasajeras" escritas por el sociólogo y pensador a bordo de taxis porteños.

Foto: Gabriela Pesclevi

Entre las cientas de despedidas al sociólogo y pensador Horacio González, Gabriela Pesclevi señala una en particular, la de la Asociación de Taxistas de Capital. Sus integrantes dicen: "Usted siempre seguirá viajando a nuestro lado". Este saludo remite a El arte de viajar en taxi. Aguafuertes pasajeras, de González, publicado por Colihue en el 2009.

"Es un libro jolgorio, lleno de risa y drama y de una vitalidad que se hace de expectativa y oralidad. De una simbología tachera con andanzas y simulaciones y el plato principal... de la conversa, la inmensidad de ese arte que nos deja Horacio", comentó Gabriela al aire de Los Mundos Posibles.

Este libro, que recorre paisaje porteños y retrata los viajes frecuentes que hacía el autor, dice que tomar un taxi es “una condena elegante, un padecimiento que te gusta, un milagro donde las ideologías del mundo quedan sueltas, a la expectativa, convertidas en monosílabos y esquive”.

Horacio González viajaba en taxi como parte de su rutina y lo consideraba un momento de relajo y disfrute. "Es un libro que nos devuelve la alegría y lo desopilante de González. Retrata no solo sutilezas y gran parte de la artillería taxista, desde el momento que extiende la mano -que según él es la forma de parar un vehículo en todas las latitudes- sino que se mete con el resto de las simbologías tacheras: el relojito, la radio, la banderita, cómo están pintados, qué pasa en el asiento trasero, qué pasa en la cabina. Lo que intenta desarrollar es como si representaran la misma idea de contingencia e indecisión sobre los signos", agregó. A través de estos retratos se ponen de manifiesto el contrato social, los códigos y las reglas de cortesía que se elaboran entre conductores y pasajeros.

Escuchá/Descargá la columna completa

PARTE I

PARTE II