Piden información a la Iglesia por un cura denunciado por abuso sexual

Es por un caso ocurrido hace 31 años, durante un campamento de la Iglesia Sagrado Corazón en City Bell. Si bien la causa ya prescribió, la denunciante, Julieta Añazco, junto a la Campaña contra las Violencias hacia las Mujeres, pide que se desarchive, por afectar gravemente los Derechos Humanos. Además, se solicitó información al Arzobispado platense sobre el proceso canónico que, siguiendo las leyes eclesiásticas, se le debió iniciar al cura Ricardo Giménez en paralelo a las tres denuncias penales en las que está implicado.

Cuando Julieta recordó los hechos y denunció públicamente por abuso al cura Ricardo Giménez, comenzaron a aparecer otros casos, y hoy son al menos 25 las y los denunciantes:"Somos cuatro generaciones abusadas", precisó la mujer, que dio a conocer que además de esta hay otras dos causas por abuso, una de 1985, en City Bell y otra del año 1997, por seis casos, en Magdalena. A fines de septiembe, junto a la Campaña Nacional contra la Violencia hacia las Mujeres y Varones Antipatrircales, pidió informes al Arzobispado platense y se presentó como Particular Damnificado en la causa que sigue la fiscalía nº6 de La Plata.

Si bien la causa que investiga el fiscal Marcelo Romero ya está prescripta, la fiscalía aceptó la presentación. En tanto, Julieta junto a la organización de abogados y abogadas populares, La Ciega, está juntando firmas para acompañar esa solicitud, entendiendo que "los crímenes sexuales cometidos por el cura afectan gravemente los Derechos Humanos, y obligan al Estado a garantizar de modo serio y eficaz su tutela y a investigar los hechos denunciados, acarreando ante su incumplimiento, responsabilidad internacional", detallaron en un comunicado.

"Hasta ahora somos 25 abusados, pero sabemos que somos muchos más porque son cuatro generaciones que han sido abusadas. La mayoría ni siquiera se lo ha contado a su familia. Entonces es muy difícil que se animen a denunciar", expresó Julieta, en comunicación con Radio Futura. Y explicó que "si bien para la fiscalía la causa está prescripta estamos contentos porque por lo menos queda escrito lo que nos pasó, entonces en caso de que surjan otras personas, y más jóvenes, cambiarían las cosas". 

En ese sentido, la organización jurídica, La Ciega, está trabajando junto a otra organización de Entre Ríos, donde se sentó un importante antecedente en la materia, al lograr que una jueza reabriera una causa de abuso sexual que estaba prescripta, "reconociendo que era una grave violación a los Drechos Humanos", indicó Añazco.

Por otra parte, Julieta contó que iniciaron un pedido sobre el proceso canónico que se le debe llevar al cura Ricardo Giménez: "En las leyes eclesiásticas cada vez que se denuncia a un sacerdote penalmente, se le debe iniciar paralelamente el proceso canónico. Él ya tiene tres denuncias penales, entonces, ya debería existir un proceso canónico", explicó. Y agregó que para denuniar en el Arzobispado hay hasta 20 años, "o sea que tampoco puedo denunciar en el Arzobispado, pero por lo menos queremos saber qué van a hacer con él". Por este motivo, luego de que el Papa Francisco se disculpara en nombre de la Iglesia por los curas abusadores, en agosto pasado participó, junto a otras víctimas de abuso, de una carta abierta al Papa en la que exigían que se “dicte un decreto que establezca que el abuso sexual eclesiástico y su encubrimiento sean considerados como lo que son, un delito penal. Por consiguiente, reclaman que se investigue a los obispos, arzobispos, cardenales y sacerdotes que hayan trasladado a curas pedófilos”.

Recordar y denunciar

En 1983, durante un campamento de verano organizado por la Iglesia Sagrado Corazón de Jesús, de la localidad de City Bell, Julieta Añazco y otros niños y niñas fueron abusados por quien era responsable de su cuidado, el cura Ricardo Giménez. Julieta pudo hablar años después, a los 18. Su familia la apoyó para denunciarlo, pero la jueza en quien recayó la causa dijo que no era conveniente denunciar y que esta estaba prescripta. “Mis padres no insistieron más, yo archivé la situación y la olvide, hasta hoy”.

El año pasado Julieta volvió a recordar.  Gracias a un amigo que se puso a investigar, averiguó que el cura seguía dando misa en la capilla del Hospital San Juan de Dios. Al día siguiente, fue hasta la capilla para comprobar que era él: “No lo podía creer, parecía una película, porque en internet figuraban denuncias contra él en Magdalena. Pensaba “no, no puede ser él”. Pero sí, era”.

A fines de 2013, organizaciones feministas  -entre ellas, Las Rojas, Las Azucenas y Pan y Rosas- hicieron un escrache en la capilla del Hospital San Juan Dios, donde seguía ofreciendo misa el cura de 82 años. "Cuando recordé lo que pasó, lo primero que hice fue denunciarlo públicamente en distintos medios. Una mujer me leyó y se contactó conmigo". La denuncia pública y la investigación llevada adelante, junto al Colectivo La Ciega, permitieron conocer otros 25 casos en los que está implicado Giménez.  Además, "una mujer me llamo para contarme que ella conocía al cura  desde el año 1971 en el barrio de Flores, y ya hacia esto. O sea, que desde 1971 hay casos", agregó Julieta.

Respecto a la vida actual del cura, que siguen impune, Julieta contó que "ya no está dando misa, pero sigue viviendo en su casa, yo tengo contacto con los vecinos. No lo ven seguido pero sigue viviendo en Los Hornos. Lo que más me indigna es que enfrente de su casa hay una canchita de fútbol donde circulan chicos permanentemente", expresó.