“Desde el 20 de marzo hay 71 casos de personas asesinadas por el aparato represivo estatal”

María del Carmen Verdú, referente de la Coordinadora Contra las Represión Policial e Institucional (CORREPI) y de Poder Popular, se refirió al aumento de violencia institucional durante el Aislamiento Social, Preventivo y obligatorio (ASPO).

“Hemos podido chequear hasta el presente, desde el 20 de marzo, 71 casos de personas asesinadas por el aparato represivo estatal, esto es contemplando todas las modalidades. La mayoritaria son las muertes en lugares de detención, cárceles o comisarías; en segundo lugar, los fusilamientos de gatillo fácil y luego el resto de las modalidades: desapariciones forzadas, homicidios cometidos por miembros de las fuerzas de seguridad”, entre otras, contextualizó María del Carmen Verdú en el aire de Futura en Casa.

La abogada apunta que, si bien desde la coordinadora manejan esos números, “tenemos prácticamente la misma cantidad de casos de los registrados que no hemos podido chequear, justamente porque no hemos podido comunicarnos con las familias” . El problema, asegura Verdú, es que “no hemos podido acceder a través de ninguna organización de la zona a conocer los detalles y poder verificar la información”.

Según Verdú, los casos de violencia institucional “derivan directamente de una decisión del aparato de gobierno tanto a nivel nacional, como provinciales y de la ciudad, de haber dejado en manos de las fuerzas de seguridad la implementación de una medida sanitariamente correcta como es el ASPO”.

A su vez, remarcó la peligrosidad del discurso manejado en algunos sectores en torno al caso de Jorge Ríos, jubilado de Quilmes que asesinó a Franco Martín Moreyra luego de un intento de asalto. “Lo que pasa es que es el tipo de situación que permanentemente se utiliza cuando existe una profundización del conflicto social. Es sistemático que irrumpa estas campañas de Ley y Orden, al estilo del Far West, donde justamente lo que se promueve es la legitimación de la represión, la legitimación de la violencia respecto de aquellas personas más vulnerables.

Alguien que intentó un robo, le salió mal, terminó herido y terminó escapando, es la víctima propiciatoria para convertirse en el símbolo de la mano de alguno de estos personajes que, a su vez, son representados como el paradigma del justiciero”, consideró, y agregó: “Insisto, aun en el lejano oeste el que dispara contra alguien desarmado, caído en el piso y por la espalda, es un cobarde”.

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