Ascasubi: una pluma sangrienta al servicio del bando Unitario

Matías Esteban nos comparte "La refalosa", un poema de tintes violentos facturado al calor de la guerra civil entre unitarios y federales.

Segunda entrega de este recorrido oral por la vida y obra de Hilario Ascasubi, una de las voces de renombre dentro de la corriente estética de origen plurinacional conocida como literatura gauchesca. El escritor, docente y agitador literario Matías Esteban vuelve a la carga en Rap de las Hormigas con uno de los poemas más celebrados del poeta cordobés: "La refalosa", suerte de relato barbárico sobre un episodio de tortura perpetrado por soldados de las fuerzas federales que respondían al mando de Juan Manuel de Rosas.

Esteban retomó la biografía de Ascasubi recuperando su infancia en el campo, el posterior trayecto intelectual como imprentero y su breve paso por la Capital y Montevideo donde comenzó su carrera militar bajo las ordenes del General Lavalle: "Siempre estuvo ligado a las fuerzas unitarias, siempre contrario a las ideas federales, a los caudillos, a Rosas en particular, y él empieza a participar de la vida política y literaria en el sitio de Montevideo, que fue un sitio muy importante de los federales con respecto a la banda oriental y a los unitarios, desde el 43 al 51, ahí la gauchesca no permaneció por fuera de los acontecimientos políticos y con Ascasubi tuvo una de sus voces más importantes" .

"En ese entonces, la política se introdujo en la gauchesca y generó voces violentas, de respuesta, es una literatura de guerra, ya no es de frontera, acá ya hay violencia explicita, por eso quería detenerme en un poema en particular, un poema que es muy famoso y que quizás sea lo mejor de la obra de Ascasubi", expresó Esteban a modo de introducción.

"La refalosa" de Hilario Ascasubi

"Mira gaucho salvajón
que no pierdo la esperanza
y no es chanza
de hacerte probar que cosa
es «Tin Tin y Refalosa»
ahora te diré como es:
escuchá y no te asustés
que para ustedes es canto
más triste que viernes santo
Unitario que agarramos
lo estiramos o paradito nomás
lo agarran los compañeros
por supuesto, mazorqueros
y ligao con maniador doblado
ya queda coco con codo
y desnudito ante todo
¡Salvajón!
Aquí empieza su aflicción
luego después a los pieses
un sobeo en tres dobleces
se le atraca
y queda como una estaca
lindamente asigurao,
y parao lo tenemos
clamoriando y como medio chanceando
lo pinchamos y lo que grita
cantamos «la refalosa y tin tin»,
sin violín.

Pero seguimos al son
de la vaina del latón
que asentamos el cuchillo y le
tantiamos con las uñas el
cogote.
¡Brinca el salvaje vilote
que da risa!
……………
Finalmente:

cuando creemos conveniente,
después que nos divertimos
grandemente, decimos que al salvaje
el resuello se le ataje;
y a derecha
lo agarra uno de las mechas
mientras otro lo sujeta
como a potr de las patas
que si se mueve es a gatas
Entretanto nos clama por cuanto santo
tiene el cielo;
pero ahí nomás por consuelo
a su queja
abajito de la oreja
con un puñal bien templao
y afilao

que se llama quita penas
le atravesamos las venas
del pescuezo
¿Y que se le hace con eso?
larga sangre que es un gusto,
y del susto
entra revolver los ojos
……………
¡Que jarana!
Nos reímos de buena gana
y muy mucho
al ver que hasta les da chucho;
y entonces lo desatamos
y soltamos;

y lo sabemos
parar para verlo
refalar ¡en la sangre!
hasta que le da calambre
y se cai a patalear,
y a temblar
muy fiero, hasta que se estira
el salvaje; y lo que espira
le sacamos una lonja que apreciamos
el sobarla y de manea
gastarla De ahí se le cortan las orejas,
barba, patillas y cejas;
y pelao lo dejamos
arumbao,

para que engorde algún chancho,
o carancho.
……………
Con que ya ves, Salvajón
Nadita te ha de pasar
Después de hacerte gritar
¡Viva la Federación!
" .

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