“¿Mi condena les dio a los demás la paz necesaria?”

La carta de un preso que se pregunta cómo lograr acuerdos de paz con sus víctimas por fuera de los mecanismos punitivistas de la justicia tradicional.

Detenido en el penal de Gorina por un asalto perpetrado en 2013 en la peluquería “Incanto” de Monte Grande, Silvio Romero hizo pública una carta a través de las redes sociales en la que le propone un acercamiento a sus víctimas, para pedirles perdón, para escuchar lo que tengan que decirle, para resharcir los daños ocasionados. Su historia de vida incluye una infancia de muchas carencias, tanto económicas como afectivas, un temprano acercamiento al consumo de drogas y a la delito, y una totalidad de quince años pasados en prisión. Ahora, que se desintoxicó gracias a un programa de Alcohólicos Anónimos y que concluyó la carrera de abogacía que había iniciado en 2008, busca la manera de recomponer a las personas que asaltó.

En diálogo con el equipo de Rap de las Hormigas, Romero expresó cómo se sintió al momento de lanzar su carta a las redes: “Es un paso muy importante, es muy significativo desde lo personal. tiene que ver con cerrar un capítulo de mi vida y darme una nueva posibilidad para encarar un horizonte nuevo de cara al futuro y también a la vez poner en crisis la manera que tiene el sistema judicial actual de encarar las conflictividades sociales, mi condena no sé si alcanzó a dar una solución acabada al problema que tuvieron éstas personas y me parece que tiene que ver con eso, con repensar de qué manera interviene el Estado en este tipo de delitos“.

En un extracto de la reflexión que compartió en su cuenta de facebook personal, Romero admite que: “Pude identificar los daños que me estaba generando a mi mismo y a otras personas. Le pude dar una dimensión importante para lograr atravesar un verdadero cambio en mí persona. A partir de otras experiencias, pude entender, darme cuenta que más allá de mis circunstancias había algo que podía hacer para reparar mis errores. ¿Cómo habrán seguido las personas que fueron atacadas por mí?, ¿Cuánto tiempo habrán lidiado con las consecuencias de ese evento?. Empecé pensando en este encuentro como algo imposible, hoy intento hacer nuevamente la pregunta: ¿porque no?“.

No justifico nada en mí, pero es sincero: busco algo que repare un poco la situación y nos devuelva a todos la tranquilidad que necesitamos. ¿O es que mi condena les dio a los demás la paz necesaria?“, se pregunta a la espera de una respuesta.

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