Antes y después de Nahiara Fernández

Pasó un año desde que Nahiara falleció de mala praxis en el Hospital Larraín, dejando en evidencia las condiciones de necesidad bajo las cuales funcionaba la institución. El martes 7 de julio, una multitud marchó hasta las puertas del establecimiento en Berisso para exigir justicia y solicitar un balance de gestión a sus autoridades. El pedido de justicia por Nahiara se hizo sentir en el centro de Berisso / Radio Futura

Los últimos doce meses han dejado una huella significativa en la figura de Rubén Fernández, el padre de Nahiara. De tanto patear las calles buscando una respuesta, de tanto andar de un despacho a otro, de tanto golpear puertas para ser escuchado, hoy se encuentra más delgado. Todavía conserva la serenidad a la hora de expresarse y cierta energía de movimiento que lo caracterizan mientras camina de un lado a otro en la esquina de 11 y Montevideo, repartiendo y recibiendo saludos entre la concurrencia.

Lleva puesta su eterna campera blanca de ejercicio, la misma que un tiempo atrás decidió convertir en artífice de su lucha con las inscripciones «Y el hospital?» y «No más Nahiaras», consignas que dejó grabadas en las paredes de toda la ciudad y que sintetizan los ejes de su reclamo al gobierno de la provincia, responsable por el mantenimiento y el buen funcionamiento del hospital Dr. Mario Larraín.

La prenda luce desmejorada por el uso pero su mensaje es claro, lo que Rubén exige son respuestas, responsables, soluciones. No se trata solamente de pedir un castigo para los culpables sino de llamar la atención sobre las condiciones apremiantes en las que opera el nosocomio y la necesidad de invertir en insumos, equipos y personal.

Por ahí también está Ana Baban, pasando de un celular a otro, de una entrevista radial a otra, aguantando las lágrimas que asoman cada vez que le toca repasar los hechos que vivió junto a su hija en la guardia del hospital aquel trágico fin de semana de julio de 2014: las reiteradas visitas a la guardia, los diagnósticos desacertados, la complicación de una neumonía no detectada, la falta de mascarillas para entubarla, la falta de una ambulancia para trasladarla, el primer paro respiratorio, el segundo –agravado por tratarse de un paro cardiorespiratorio– y el corazón que deja de latir.

Son las diez de la mañana de un martes 7 de julio bastante frío y húmedo, de esos a los que se acostumbran en esta parte del río de La Plata. Una treintena de personas –familiares, amigos y compañeros de colegio en su mayoría– se ha reunido para mantener vivo el recuerdo de Nahiara y marchar hasta las calles 5 entre Montevideo y 166, donde se encuentra el hospital, con el objetivo de visibilizar su reclamo en el mismo escenario donde se produjo.

 

Somos los mismos de siempre

¿Qué pasó? –consulta un transeúnte señalando a la muchedumbre que ya comienza a levantar pancartas y a desplegar banderas y pasacalles.

Es jodido, no sólo porque no hay justicia, si no porque no hay vuelta atrás en estos casos. Por lo menos que alguien pague –comenta después, al enterarse qué fines persigue la movilización. A continuación les desea suerte, se despide y reanuda su marcha. Este se va pero otros vienen: bajando desde calle once con dirección al Playón Municipal se distingue un numeroso grupo de personas aproximándose al enclave, son los muchachos de la Unión Cívica Radical, con Ernesto Sanz y Jorge Nedela a la cabeza de la comitiva.

Sacos, montgomerys y otras mudas de fina estampa abrigan al contingente radical. Un enjambre de telefonistas, camarógrafos y fotógrafos opera sin descanso en torno a las figuras electorales de Sanz y Nedela mientras entablan dialogo con el papá de Nahiara.

–Necesitamos que aquellos que tienen el poder se atiendan en el hospital público. Necesitamos que, más allá del año electoral, nos den su apoyo todos los días, necesitamos ese envión en lo cotidiano –les dice Rubén poniendo énfasis en el «necesitamos», apenas subiendo un puntito la voz cada vez.

Los radicales le aprietan la mano, le garantizan su apoyo y luego se marchan. Por lo visto hay otras actividades de importancia en agenda. Pero los padres de Nahiara no se desalientan, si bien han contado con la atención de numerosas figuras políticas en estos últimos meses –Alicia Kirchner, Sergio Massa, María Eugenia Vidal– a la hora de llevar a cabo una acción siempre pueden contar el respaldo de sus hijos: Zoe, Diego, Jerónimo, Laureano y Silvina; el de toda su familia y el de los amigos y compañeros de grado de su hija.

Apenas faltan unos minutos para las 10.30, cuando los convocados inician su marcha por la avenida Montevideo. Al frente, sostenido en manos de los hermanos y padres de la nena, un pasacalles expresa la proclama en grandes letras azules: «No más Nahiaras».

 

Las promesas y el viento

DSC02328Apenas una semana de ocurrido el hecho que cambio la vida de la familia Fernández, se llevó a cabo la primera marcha en reclamo de justicia. Esa mañana, la procesión tuvo varias paradas: el Concejo Deliberante, el hospital y el Palacio Municipal de Berisso. Cada escala se correspondía con la entrega de un documento donde se solicitaba a las autoridades pertinentes tomar las disposiciones necesarias para retirar al médico acusado de su cargo y también la apertura de una Sala de Terapia Intensiva Pediátrica.

En las puertas del Palacio Municipal se vivieron momentos de tensión cuando se lo increpó a Guillermo Di Giacomo, secretario de gobernación, para que se arbitraran estas medidas con carácter de urgencia, a los fines de que nadie más tuviera que sufrir una perdida por mala praxis. Ante la crispación de la concurrencia, Di Giacomo garantizó que «el lunes, martes de la semana que viene» iban a tomar cartas en el asunto para que el reclamo llegara a la delegación responsable.
Las famosas cartas en el asunto que prometió Di Giacomo parecen haberse esfumado en el viento si se toma en cuenta que la situación actual del establecimiento no dista demasiado de la de aquellos días. Guillermo Danovara, jefe de pediatría del hospital, sale a recibir a los manifestantes y dialoga en persona con los padres de Nahiara. Refiere la incorporación de nuevos médicos a la guardia, aunque todavía faltaría el recurso humano para sumar cuatro al total de catorce que se requiere; señala la dificultad existente para obtener un servicio de traslado, pese a que se han adquirido nuevas ambulancias; y reconoce que: «Estamos un poco mejor pero no en el estado ideal todavía».

Los cambios más sustantivos surgieron a raíz de la persistencia y los bríos demostrados por los padres de Nahiara a lo largo de los doce meses siguientes: el médico responsable de no detectar la dolencia fue desplazado de su cargo; se renovó la dirección del hospital, nombrándose a Juan Coll como nuevo jefe y el servicio de guardia logró mejorar su atención al público.

¿Y las cartas de Di Giacomo? Bien gracias.

 

El peor dolor del mundo

Ana María Baban está de pie en las escaleras del ingreso al Larraín, en sus manos sostiene un cuaderno donde escribió una carta dedicada a su hija y que desea compartir con todos los presentes. Nadie sabe de dónde saca fuerzas para encarar este momento, su voz amaga con quebrarse, sus ojos apenas pueden contener las lágrimas.

–Nunca imaginé, ni en sueños, que pasaría por el peor dolor del mundo, el dolor de perder a una hija –con éstas delicadas palabras Ana empieza su relato–Muchos preguntan cómo se hace para seguir. Les cuento que ya no se vive, se sobrevive, se aprende a vivir con el alma y el corazón divididos entre el cielo y la tierra. Confieso que después de perder a Nahiara pensé en matar y morir, me parecía lo más rápido y seguro, junto con desaparecer el hospital pero mi hija me hizo ver que no era la solución que sólo lograría que los chicos de Berisso pierdan la posibilidad de ser atendidos en nuestro único hospital.

La carta sigue y lo hace hasta tal punto que muchos de los presentes llegarán al final de la misma llorando o trenzados en un fuerte abrazo. Pero quizás sea ésa la reflexión más sustancial que salga de esta pérdida irreparable: el dolor de una madre convertido en voluntad de cambio, en determinación de obtener un progreso para la comunidad; la tragedia como preámbulo a un nuevo y mejor hospital; luchar hoy con la mirada puesta en el futuro, sin olvidar el pasado, sin olvidar a Nahiara.