El compromiso periodístico frente al narcotráfico en México

Más de 80 periodistas fueron asesinados en la última década, y otros 17 se encuentran desaparecidos en México. El avance del crimen organizado, que controla municipios, provincias y se infiltra en todas las estructuras del Estado, convirtió al periodismo en uno de los oficios más peligrosos del país. Desde su experiencia personal, el periodista especializado, Ricardo Ravelo, ofrece un acercamiento a la dificultad de llevar adelante una escritura que no se intimide ni por las amenazas de los narcotraficantes, ni por la censura gubernamental.

Ricardo Ravelo se acercó a la revista Proceso de México a mediados de los 90’. Su intención era ser parte del equipo dedicado  al área de política, pero se encontró con que todos los puestos ya estaban ocupados y sólo quedaba lugar en las coberturas judiciales.  Con acceso a la Procuraduría General de la República, pudo ser testigo privilegiado del crecimiento del narcotráfico en México.  Con casi 20 años de experiencia en la problemática de la seguridad pública señala que la cobertura ha cambiado en los últimos 10 años, fecha en la que se aproximaba la guerra contra las drogas que se inició el 11 de diciembre de 2006.

El periodista apunta que si bien antes de 2004 había violencia, no se presentaba con la magnitud actual. “Hasta entonces, se podían consultar expedientes, información de alguna investigación, hablar con abogados y jueces”, indica Ravelo. Sin embargo, fue en la última década cuando las fuentes periodísticas quedaron mudas.  Relata que“el periodismo se convirtió en una práctica clandestina y anónima, donde las fuentes te piden‘no me cites’ y los periodistas escriben las notas pero no quieren firmarlas”.

Así empezaron a aparecer las fuentes anónimas, que sostiene que hacen daño al periodismo. “Considero que el narco gano los medios”, sentencia , agregando que “muchos jóvenes que empiezan a hacer periodismo saben que se enfrentan a un clima muy  hostil”.

Actualmente, Ravelo dirige un nuevo proyecto: la revista Variopinto. Las dificultades en la cobertura del crimen organizado llevan al equipo periodístico a limitar el tratamiento de la temática en el Distrito Federal. “En la provincia no se puede reportear” afirma, y relata las amenazas y aprietes que sufren periódicos del interior de México: “Llegan (los narcos) con fotos y te dicen ‘quiero que la publiquen a ocho columnas mañana”.

Triple censura

Las agresiones y asesinatos a causa del narcotráfico no son el único tipo de limitación a la libertad de expresión que sufren los medios. El periodista relata que tras la asunción, en diciembre de 2012, del Presidente Enrique Peña Nieto se impusieron condicionamientos en la cobertura de la violencia. En el caso del gobierno del Estado de Sinaloa, la censura estatal llegó al punto de prohibir la difusión de cualquier noticia relacionada a la violencia que no sean los boletines oficiales. La actitud general de parte del gobierno nacional, la caracteriza como “una labor de bajar la intensidad informativa, a pesar de que la violencia no ha descendido, es una forma de querer maquillar la realidad imponiendo condiciones a los medios”.

El tercer poder que ejerce la censura lo denomina “clase empresarial”. Los caracteriza como sectores vinculados al poder,  y que recortan las publicidades a aquellos medios que no condicionan su abordaje de la seguridad pública a la versión oficial.

Variopinto es una revista mensual,  y el periodista explica que “trabajamos entendiendo que la circunstancia es muy delicada “, reconociendo “aprietes” que se manifiestan en la negación  a brindarles publicidad. Afirma que “como muchas otras revistas, en Variopinto acudimos al truco de la radio, digamos que aquí el volumen se puede subir, pero también se puede bajar, lo que no podemos hacer apagarla.

Narcoescrituras: Crónicas, análisis y opinión

Ravelo lleva publicados siete libros, todos abordando la problemática del narcotráfico.  El primero fue “Los Capos”, hecho a pedido de la editorial Plaza/Jánes en 2005. “Se trataba de explicar los cárteles y su origen como una suerte de árbol genealógico”, indica. El segundo fue producto de su trabajo como reportero judicial y sus frecuentes contactos con abogados, algunos de ellos cercanos al crimen. “Poco a poco mataban abogados y me puse a investigar sus historias”, cuenta acerca de la obra que llevó por título “Los narcoabogados”(2006), y agrega que “llamó mucho la atención y sigue siendo referido porque estableció un gran cuestionamiento sobre la línea que divide a un defensor de narcotraficantes, de un criminal”.

Posteriormente, en 2008 llegó su tercer libro, “Herencia Maldita”.  Es un libro que realiza un análisis de la situación que enfrente el entonces recién asumido presidente Felipe Calderón.”No soy de opinar, pero se impuso como necesario analizar y eso tuvo aceptación”, explica.  “Crónicas de sangre. Cinco Historias de Los Zetas” apareció poco después a partir de diferentes investigaciones periodísticas que había realizado y decidió profundizar y concentrar para su publicación.

Su interés en las biografías lo llevó a escribir “Osiel. Vida y Tragedia de un Capo”, donde relata la historia del líder del Cártel del Golfo, uno de los más grandes de México.  Afirma que fue su trabajo más difícil, y donde quiso romper el lenguaje periodístico para utilizar uno más novelado. Cuenta que allí buscó el “impacto y la intensidad para mover al lector emocionalmente”.

Más adelante publicó una de sus obras más reconocidas: “Narcomex, historia e historias de una guerra”, con el fin de relatar un balance de la guerra contra el narcotráfico. El mismo recibió el premio “Rodolfo Walsh” a la obra de no ficción de género negro otorgado por el festival literario Semana Negra de Gijón

Finalmente en 2013 publicó su último libro: “Zetas: La Franquicia Criminal”, que consiste en un extenso reportaje que da cuenta de la evolución de esa organización criminal.

“Mi influencia fue lo que estaba pasando”

No identifica Ravelo a periodistas o escritores como influencia de sus obras.  Relata que “se impuso la necesidad de poner un poco de luz y se sigue imponiendo, aún sin proponérmelo”. Tanto su obra como sus propias palabras dan cuenta de una profunda búsqueda y compromiso, que sintetiza en las características del periodismo de investigación: “Hay que meterse, ocuparse del cómo y del para qué (…), cuando hay trozos que nadie conoce, es momento de dar a conocer”. Sin embargo, remarca que “es una labor muy intensa  y absorbente, pero no por eso menos apasionante“.

Camino al Estado mafioso

“Ha corrido tanta tinta como sangre” afirma Ravelo. En los últimos años la violencia se convirtió en la nota principal de todos los medios y, a su vez, del ex presidente Felipe Calderón.  “Pocas veces lo escuché hablar de pobreza, salud o educación”, apunta.  En este punto explica que la guerra contra las drogas produjo un efecto contrario al esperado por el gobierno, produciéndose un espiral de violencia y crisis económica.

La caída del “Chapo” Guzmán, detenido en febrero del corriente año, afirma el periodista que “no afectó en nada” al cártel de Sinaloa. “Es la organización criminal más grande del mundo, opera en cincuenta países”, apunta desestimando la posibilidad de que la caída de uno de sus dirigentes históricos pueda dañar la estructura.

A la captura del “Chapo”, la antecedió en julio del 2013 la del líder de los Zetas, Miguel Angel Treviño, apodado “el Z40”. “Los Zetas han logrado una evolución muy significativa, tienen una estructura horizontal y controlan muchos delitos” explica Ravelo. Si bien se indica que la banda se originó con la deserción de militares del ejército, el escritor señala los debates que circulan en torno a esta versión: “¿fue traición o quizás el ejército quiso involucrarse en el negocio del tráfico de drogas?”.

Ravelo hace hincapié en el daño social que generó la guerra contra las drogas, y el abandono que produjo de otras áreas del Estado. Apunta también  que “sobre todo hay una gran cuenta pendiente con la sociedad, muchas familias quieren respuestas para saber qué pasó con sus familiares, porque desaparecieron y no se sabe nada y nadie descarta que puedan estar enterrados en una fosa clandestina”

En lugar de la guerra contra la droga, sostiene que el nuevo gobierno optó por negociar con los grupos para disminuir la violencia.  En su opinión, esto consolida “un Estado mafioso donde todas las estructuras del Estado están infiltradas (…) hablamos de un nivel de complicidades políticas con el crimen organizado muy altas, donde ya no se sabe quién  y quiénes son los malos”.

Cada vez es más evidente que el narcotráfico está golpeando las puertas de muchos sectores, y quienes no abran la puerta, pues terminarán asesinados”, concluye Ravelo.

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