Malcomidos: cómo la industria alimentaria argentina nos está matando

¿Qué comemos? ¿De dónde provienen los productos que llegan a nuestra mesa? ¿Cómo funciona la industria alimentaria en el país? ¿Es posible acceder a una alimentación sana y de calidad? Estos son algunos de los interrogantes que llevaron a Soledad Barruti a realizar una investigación que se editó el año pasado por Planeta.

«Mientras la Argentina se promociona como la góndola del mundo, el avance sideral de la soja que parece cubrirlo todo es apenas el fenómeno más visible y polémico de una transformación que está cambiando como nunca el país, modificando la comida, el modo en que se la produce y el efecto que tiene sobre nosotros», afirma la periodista Soledad Barruti en la contratapa de Malcomidos.

La autora recorrió durante años feedlots de la Pampa Húmeda, criaderos en Entre Ríos, plantaciones en el Gran Buenos Aires, desmontes en Chaco y otros escenarios claves en la elaboración de productos alimenticios para analizar qué perjuicios traen a nuestra salud los alimentos que consumimos a diario. A partir de la recopilación de experiencias en esos territorios comprobó su hipótesis: los alimentos y la alimentación son los rubros donde confluyen los conflictos más relevantes de esta época como la corrupción, el delito, la experimentación científica, la especulación financiera, la debilidad del Estado ante las corporaciones, el cambio climático, el desequilibro ecológico y las convulsiones sociales.

«Venía leyendo y tratando de interiorizarme en el tema de la alimentación por una búsqueda personal, pero el material al que accedía, por lo general, reflejaba lo que sucedía en otros lugares y me quedaba la duda de qué sucedía en Argentina«, explicó Barruti en referencia al punto de partida para realizar su investigación. En ese proceso se encontró con animales confinados, millones de litros de agroquímicos y semillas transgénicas de empresas multinacionales, el avance de la frontera agrícola, verduras contaminadas por pesticidas, pollos alimentados por remedios tóxicos para el consumo humano y un desarrollo tecnológico avasallante que lleva a «un campo sin campesinos».
«Hay que repensar el sistema, este camino de capitalismo salvaje no es sano ni tiene posibilidad para todos», afirmó Barruti. Si bien en los meses que duró su investigación estuvo en contacto con experiencias de agricultura familiar y cooperativas de productores, su conclusión es que «hay un único modelo que se estimula y se promueve, por ejemplo, desde las compras o entregas de subsidios por parte del Estado por la ausencia estatal en el sector industrial que avanza sobre los recursos comunes y nos pone en riesgo de sobrevivir a futuro por la explotación de los suelos o el agua».

El periodismo según Monsanto

Después de publicar Malcomidos, su autora recibió un mensaje de Facebook de un empleado de Monsanto. La empresa, conocida por no dar entrevistas, quería charlar con ella. Después de una conversación cordial, que no pudo ser grabada, Soledad siguió con su investigación. A los pocos días su foto con el logo de Monsanto en la frente se viralizaba en las redes sociales: el epígrafe la denunciaba como agente encubierto para colar mensajes de la compañía en la prensa. Días más tarde, luego de visitar un campamento de activistas en la ciudad de Malvinas Argentinas, recibió un mail del empleado: “No creo que en este asunto estés actuando como periodista sino más bien como activista. Que sigas bien”. Semanas más tarde, Barruti publicó una nota en la Revista Anfibia para repudiar esta acusación; también aclaró que en su libro hay un capítulo entero dedicado a Monsanto y los productos transgénicos y parece nombrado 27 veces en Malcomidos. «Tengo un libro de 460 páginas que tiene presenta una forma de ver las cosas, lo acompañé con un montón de entrevistas que hace que toda mi posición esté defendida», aclaró en diálogo con Rap.

Descargar entrevista completa

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