Cristian Alarcón: Dos años de la revista Anfibia y el legado de García Márquez

El periodista Cristian Alarcón hizo un repaso por los dos años de la revista digital Anfibia. Además, habló sobre el legado de Gabriel García Márquez en el periodismo y la literatura, a quien reconoce como una persona muy influyente en su carrera: “Para mí, Gabo nunca dejará de ser un maestro”.

En 2012 comenzó a gestarse Anfibia, una revista digital de crónicas y relatos de no ficción que se propone “desmalezar algunas zonas de la realidad argentina e internacional, con especial énfasis en América Latina, y ofrece un viaje literario con el mayor rigor periodístico e investigativo, desde los nuevos relatos de la contemporaneidad”. Surgió bajo la coordinación de Cristian Alarcón como una propuesta de la Universidad Nacional de San Martín y con la iniciativa de crear una espacio que cruzara producciones periodísticas con el conocimiento que produce la academia. Como festejo por este segundo aniversario, realizaron una renovación estética y de contenidos en su página web.

¿Considerás que Anfibia vino para destruir, para salvar o para resignificar al periodismo?
Viene para divertirse, busca una lectura que se conecta con lo contemporáneo sin abandonar nunca la ambición literaria. No vamos a destruir al periodismo ni a reinventarlo, sería necio o pretencioso decir que nosotros podemos refundar la lógica de este oficio. Lo que hacemos es descubrir o poner entre los lectores de periodismo y literatura de no ficción un medio que no abandona la visión periodística. Anfibia da cuenta del aquí y el ahora pero trasciende con textos que pueden ser leídos en mucho tiempo y ser comprendidos sin la necesidad de estar atados a la noticia. Nos desembarazamos de la instantaneidad clásica sin resignar el compromiso con la realidad de lo contemporáneo, con nuestra sociedad, con los misterios de las nuevas escenas cotidianas.

¿Qué balance hacés a dos años del comienzo de este proyecto?
Lo que tienen ahora los lectores delante de sus pantallas es una propuesta renovada desde lo visual. Quizás lo que tienen es la misma revista para leer, textos largos, crónicas muy investigadas, y al mismo tiempo, un dibujo estético que está dado por la edición de Eduardo Carrera y por la intervención de artistas visuales digitales. Yo creo que Anfibia fue estos dos años una deriva entre esa idea de la publicación en papel que tuvimos en un momento y la necesidad de volvernos digitales. Hoy es un medio íntegramente digital.

Los procesos de instalación de un proceso digital son muy distintos a los de los medios analógicos o de papel. La construcción de una comunidad de lectores es un trabajo cotidiano que está atado a la persistencia de las propuestas, donde todo el tiempo tenés que estar ofreciendo algo nuevo y de calidad. Al mismo tiempo es innovación continua: aquello que funcionó hoy o mañana por ahí en dos meses ya no funciona. Esto te lleva a vivir en “investigación permanente” sobre la agenda de todos los días, pero también sobre el propio medio y tu propia forma de comunicar.


Gracias, maestro Gabo

Alarcón también integra la Fundación Nuevo Periodismo, una organización sin fines de lucro que fue dirigida por Gabriel García Márquez con el objetivo de trabajar por la excelencia del periodismo, y su contribución a los procesos de democracia y desarrollo de los países iberoamericanos y del Caribe, a través de talleres y seminarios de formación e intercambio entre periodistas, colaboración en redes y estímulos al desarrollo profesional.

¿Qué visión tenés de las despedidas que los mandatarios latinoamericanos y medios masivos de comunicación hicieron a García Márquez?
Para mí es como si se hubiera muerto un patriarca o abuelo muy querido. Es un dolor muy fuerte.
Hay una visión muy romántica de García Márquez, creo que él ya tenía la idea de ser despedido como un jefe de Estado. Tenía una relación cotidiana con el poder. Yo trabajé cuando era muy chico en una revista que se llamó Cambio, que era la revista de García Márquez en México. Además de ser su director y la marca con la que revista se vendía, el medio era, además, de Televisa. Entonces, al mismo tiempo que era socio de una revista con Televisa, fue siempre fue uno de los mejores amigos de Fidel Castro. Todos los presidentes colombianos, mexicanos y de los demás países se vincularon con García Márquez.  Él no tenía que pasar por los filtros ceremoniales de otros mortales, pertenecía a una élite latinoamericana, fue nuestro único Nobel, por lo tanto su trancedencia en términos políticos era realmente muy hegemónica. Fue lo mejor que le pasó en los últimos 50 años a la literatura latinoamericana.

¿Cómo era su relación con otros colegas?
No era humilde Gabo, era un tipo muy consciente de su peso, eso hacía que no perdiera esta bonhomía, esta condición tan legítima de un ciudadano de esta Latinoamérica que la que nosotros somos parte.
Gabo tenía un humor extraordinario. Tenía una maravilla de la brillantez, del que aprendió en la tierra, de quien era el verdadero heredero de la América profunda, en las pequeñas tierras, en las herencia de siglos, luchadores para sobrevivir en un continente que siempre fue duro. García Márquez construye una imagen que está hecha con ese humor filoso y al mismo tiempo una visión muy desacralizada de sí mismo y de los demás. En las grandes familias colombianas todos se conocen y los García Márquez ya son una gran familia colombiana, no son periféricos. Estamos hablando de uno de los que marcó la literatura latinoamericana para siempre y un fenómeno editorial masivo. Nadie vendió tantos libros como García Márquez.

Él discutía con sus colegas sobre la verdad en el periodismo, los colegas formados en las instituciones norteamericanas y los conceptos anglosajones liberales. Muchos se horrorizaban sobre algún tipo de flexibilidad entre ficción y no ficción, él decía que esta división tampoco era para tanto. Me dejó claro que él estaba más allá de eso. Su inventiva, su creatividad y su apego al periodismo no estaban casadas con las ideas anglosajonas sino con otra idea de contacto con la realidad, que no pasa por el chequeo de datos- sin despreciar la información- sino por cómo se cuente una historia.

¿Te parece que hay especie de “reinvención” de las personas luego de su muerte?
La muerte opera como un catalizador de lo mejor de las personas. En general, a menos que haya sido un ser despreciable que haya producido un daño a los demás de un tamaño considerable, cuando la gente se muere todos pasamos a ser mejores, es una lógica universal. Ahora cuando hablamos de personas como García Márquez, es cierto que esa pátina que recubre los defectos humanos y los errores que todo sujeto puede cometer, es mucha más gruesa. Evidententeme, hay motivos para criticar. Muchos a Gabo lo han criticado por sus relaciones o por alguna de sus novelas, como Mis putas tristes, que generó muchas polémicas.

¿Cuál creés que es legado de García Márquez?
Dejó su obra, que lo sobrevivirá, y nos dejó la Fundación García Marquez, en la que se formaron los mejores periodistas de América Latina y donde se seguirán formando. Nos dejó la idea de que el periodismo se puede aprender más allá de las facultades y las universidades, en talleres, vinculados con los textos. Nos dejó las certezas de que podemos ser mejores y de que vale la pena corregirse y editarse y someterse a esta tarea que es escribir y ponerse a intentarlo. E incluso matar tu propio estilo para crear uno nuevo. Esa impronta es la que marca que periodismo es literatura. Es lo que intentamos rescatar desde Anfibia, un legado que tiene que ver con un desafío cotidiano. Para mí no dejará de ser un maestro porque tuve el honor de ser alumno de él en un taller, pero también porque creo que me dejó a mí y a otros enseñanzas para la vida que están tan buenas como sus enseñanzas literarias.



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