23 años de un crimen contra el periodismo paraguayo

El 26 de abril de 1991, el periodista Santiago Leguizamón fue asesinado en plena vía pública en la frontera entre Paraguay y Brasil. Denunciaba corrupción, contrabando y narcotráfico entre ambos países y, desde hacía meses, sufría amenazas e intimidaciones. A 23 años del crimen, perpetrado justo el Día del periodista en Paraguay, continúa la búsqueda de justicia y muchos de los delitos que él denunciaba.

 
Santiago Leguizamón terminó su carrera de periodista en Asunción a los 25 años y se trasladó a Pedro Juan Caballero, un pueblo ubicado en la frontera entre Paraguay y Brasil. Eligió ese destino, a 15 o 18 horas de viaje de la capital, con la idea de ir a un lugar donde no llegase la presión de la dictadura de Stroessner, instaurada en el país desde 1954. Allí instaló la emisora comunitaria Mburucuyá, trabajó en el diario Noticias y colaboró con la radio Ñanduty, la TV paraguaya y los periódicos Última hora y ABC Color.

A través de esos medios, denunciaba situaciones de violencia generadas en la frontera por negocios ilícitos, contrabando y narcotráfico. Además, buscaba visibilizar a las comunidades campesinas y originarias, principalmente por la concentración de la tierra y los daños ecológicos que ocurrían en esa zona. Según retrata su hijo, Dante Leguizamón, “su idea del periodismo era mostrar lo que estaba pasando, brindar el micrófono a la comunidad y a distintos grupos desaventajados como pueblos indígenas, campesinos o la misma población pedrojuanina».
El 26 de abril de 1991, Santiago es asesinado por un grupo de sicarios en plena vía pública. “El asesinato es al mediodía, en la calle, frente a todo el mundo y con 22 balazos. Es bastante significativo el mensaje porque, ese día, en Paraguay se celebra el día del periodista por la fundación del primer periódico en  la época de la independencia. Claramente, era un mensaje de silencio para la sociedad, pero tampoco les salió muy bien porque el caso tuvo y sigue teniendo mucha repercusión”. Santiago sabía que lo buscaban para matarlo. Minutos antes de su asesinato, había tenido una conversación por radio donde afirmó a un colega, Horacio Rubín, que “hay dos clases de muerte. Una es la muerte material, la muerte física. Y otra es la muerte cuando uno abandonó la ética y la voluntad de trabajo”. Una lección de periodismo.
En ese momento, Santiago estaba realizando una investigación en relación al narcotráfico y al contrabando que involucraba al presidente paraguayo aliado a Stroessner, Andrés Rodríguez y Fahd Yamil, capo mafioso del norte.
 

La investigación y las continuidades

Monumento en homenaje a Santiago Leguizamón en Paraguay

Dante Leguizamón vive en Asunción, es abogado vinculado a causas de derechos humanos y reconoce que “muchas de las cosas que Santiago denunciaba no cambiaron, ni en Pedro Juan ni en otras ciudades de frontera paraguayas”.

Leguizamón  agegra que «hoy por hoy, muchos políticos que estuvieron vinculados con el grupo económico de Andrés Rodríuez y Fahd Yamil. El actual presidente de la república (Horacio Cartes) tenía muchos vinculos de negocios con ambos en esa época. Coincidentemente, él se encontraba en Pedro Juan Caballero trabajando como gerente en una casa de cambio en abril de 1991. Las casas de cambio eran las vías de pago que hacían la triangulación en negocios del narcotráfico para el pago del dinero con Estados Unidos».

En lo que respecta a la causa por el asesinato, la Justicia paraguaya investigó con muchas deficiencias; en 2002 fue archivado el caso y no hubo condenas. Las personas que dispararon fueron detenidas en Brasil por otras causas y reconocieron ante medios de comunicación brasileños que ellos dispararon a Santiago y nombraron quiénes fueron los autores intelectuales del crimen. Ante esas declaraciones, la Justicia paraguaya no tomó declaraciones ni avanzó. Desde 2007, la causa está presentada ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. «Es muy difícil la actuación de la Justicia paraguaya porque sería que el propio poder investigue cuando existen claros indicios de que el presidente del país va a proteger a su compadre y a las personas que están alrededor de él», concluye Dante Leguizamón.

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