Un libro de los libros prohibidos

El lunes 24, en el marco del 38° aniversario del último golpe de Estado, se presentó “Libros que muerden”, un catálogo de literatura infantil y juvenil censurada durante la dictadura. El material es de autoría de Gabriela Pesclevi, integrante del grupo La Grieta, y fue editado por la Biblioteca Nacional. Participaron de la actividad  los investigadores Judith Gociol y Gonzalo Chaves y el grupo musical cubano Dúo Karma.
El proyecto es, desde su nombre, provocador. “Libros que muerden” busca recuperar y reunir literatura infantil y  juvenil prohibida durante la última dictadura cívico militar. En 2006, se realizó la primer muestra con una docena de ejemplares, hoy el proyecto está compuesto por más de 300 entre los que se encuentran libros de cuentos, enciclopedias, revistas y colecciones.
El libro presentado el lunes en el galpón de La Grieta es una recopilación de esta experiencia, una investigación, un documento necesario para demostrar que el plan sistemático de eliminación de personas de la dictadura buscó extenderse también a la eliminación de formas de pensar, a la imaginación misma.
La censura a las expresiones artísticas y culturales durante la dictadura no fue improvisada, existió una infraestructura de la censura conformada por comités de intelectuales, informes de profesionales, servicios de inteligencia, oficinas destinadas exclusivamente al monitoreo de los materiales en circulación. “Se buscó censurar a las culturas locales, lo diverso, lo espontáneo, lo que no estaba estipulado, lo que se creía contrario a las buenas costumbres. Esas son las bases de la doctrina militar», explicó Judith Gociol, investigadora y coautora de Un golpe a los libros, durante la presentación.
Muchos de los libros pensados para chicos y chicas citados en este catálogo fueron escritos en la década del ´60 y ´70 y presentan una visión rupturista del mundo, son una invitación a la fantasía y proponen a los lectores un lugar activo y creativo. «Desde La Grieta siempre creímos que lo infantil durante muchos años se pensó como el signo de lo menor; por mi parte, comencé a investigar en distintos teóricos de esta literatura y comencé a acercarme desde el intersticio a ese campo maravilloso donde lo imposible se vuelve posible, o a la inversa», contó Gabriela.
Los libros peligrosos
Cada uno de los libros reunidos es portador de muchas historias. Por un lado, llevan consigo relatos  de censura, de lo oculto y de prohibiciones pero, por el otro, hablan de recuperación, de salir de escondites y volver a ser encontrados. “El propósito de esta muestra es el de acercarnos a los libros para leerlos. Es decir, introducirnos en las ficciones, pensar las propuestas temáticas, la caracterización de los personajes, visualizar cambios y rupturas con la literatura de décadas anteriores, leer las imágenes. A su vez, indagar sobre los autores, relatos y tradiciones editoriales como también, generar lecturas que colaboren en pensar nuestro pasado y, en consecuencia, nuestro presente y nuestras identidades”, explica Gabriela.

En las diferentes instancias del proyecto, que incluye muestras itinerantes por distintas instituciones a lo largo del país, se propone a los libros recuperados como mediadores del encuentro, como objeto que intercede entre los visitantes y sus sensaciones, dudas, experiencias. Sucede que los libros se muestran, están ahí, al alcance de la mano, para hojear, leer en voz alta, mirar, tocar, preguntar. No se exponen como piezas de museo ni quedan catalogados en los estantes de una biblioteca. Son libros inquietos. En cada muestra se da lugar a una recorrida siempre diferente que es sólo un punto de partida posible, que no es una visita-guiada sino una invitación a pasear entre las páginas, las tapas, palabras, editoriales e ilustraciones. Es un andar en grupo que se alimenta por nuevas palabras, nuevas voces y deviene en conversación y aportes que componen, también, este proyecto.

Judith Gociol expresó que “el catálogo rescata los contenidos, está contado de qué trata cada uno de los cuentos. Eso me pareció muy conmovedor porque,  justamente, lo que los militares querían era que se prohibieran las historias que este libro recupera. Y lo otro que me gustó es que aparecen intercaladas las frases de lectores nuevos, chicos que ha releído estos libros ahora, en democracia. Esa es la mejor prueba de que los militares no lograron lo que querían. Me resulta maravilloso que es un libro de libros prohibidos y, sin embargo, está lleno de palabras, de colores, de alegría, de aire de libertad. Y eso me parece una reparación”.

Para solicitar un ejemplar del libro podés escribir a correo@lagrieta.org.ar

Fotos: Fabi Di Luca (La Grieta)

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