«El arte debe ponerse al servicio de la justicia y la reflexión»

Martes 24 de diciembre de 2013
Entrevista a Julián Axat, poeta y abogado.
A pocos días de iniciado el juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino «La Cacha», Axat compartió sus perspectivas sobre este proceso en el que participará como querellante por el secuestro de sus padres. También expresó opinión sobre los alzamientos policiales que tuvieron lugar en distintas provincias, la inundación que afectó a la ciudad el 2 de abril y la articulación entre el arte y la justicia, además de otros hechos de actualidad en los que interviene como abogado y poeta.

Ha comenzado un juicio por el accionar represivo en La Cacha que a vos, particularmente, te toca muy de cerca. ¿Cómo has vivido el proceso para llegar a esta instancia?
Fue un largo camino. La causa tiene una investigación que arranca en el 2003 y se profundiza en 2009. La apertura del juicio oral el miércoles pasado viene a cerrar este ciclo e inicia otra fase de este proceso de La Cacha, en el cual yo estoy involucrado como querellante porque mis padres fueron vistos en este centro clandestino. Estoy muy vinculado a este proceso y lo voy a seguir cuando se reanude el año que viene.En los días previos al juicio, uno de los imputados, Claudio Raúl Grande, solicitó a través de su abogado, Juan José Losino,  que no se difundan fotografías suyas citando tus argumentos para que no circulen las fotos de menores en los «cuadernos de sospechosos» elaborados en comisarías bonaerenses. ¿Cómo vista esta utilización de tus argumentos?

Los abogados utilizan todos los artilugios,  a veces con buena fe, otras no. No me llama la atención, creo que tergiversa lo que yo digo porque cuando niego la difusión de imágenes de niños y adolescentes no lo hago desde la utilización de legajos o fichas sino al robo de los rostros cuando les sacan fotos a sus espaldas o los aprehenden y los obligan a sacarse fotos. Esto es muy distinto, acá se obtuvieron fotos en legajos pertenecientes a las fuerzas de seguridad y se han cumplido todas las garantías de los imputados. No tiene nada que ver una cosa con la otra, pero los abogados sacan de contexto los datos de uno y los tergiversan. Un buen criterio jurídico no debería avalar este pedido.
¿Cómo has vivido esta semana en medio de los alzamientos policiales? ¿Considerás que esta aparición pública de la policía tiene que ver con poner en la agenda discursos de mano dura y demagogia punitiva?
Es complejo el fenómeno. No creo que obedezca a una interpretación lineal. Las bases policiales han sido usadas en forma abusiva y otras veces se han dejado utilizar, luego uno podrá decir si son justos o no sus reclamos. Uno advierte que las bases están bastante precarizadas desde el punto de vista laboral y eso puede generar presiones con las cúpulas que instigan a las bases o las aprovechan en esta lógica verticalizada para tener su consenso como cúpula. Esto tiene que ver con el actual autoritarismo de la fuerza, la falta de democratización interna y la falta de subordinación al poder civil. Fin de año es un caldo de cultivo en el que, obviamente, se  acrecienta esta tensión. En otras provincias se repite el fenómeno con fuerzas desgobernadas, es una deuda de la democracia hacer algo con estas fuerzas: subordinarlas al poder civil y democratizarlas internamente para evitar este tipo de situaciones.
¿Creés que hay una posiblidad de democratización de la fuerza con la historia que tiene la institución en nuestro país?
Es un proceso largo, no cortoplacista, que responde a decisiones estructurales. Esto no es una decisión de un día para el otro, son procesos que pueden durar una década. Si hay una decisión que viene de la mano de todo un arco político por supuesto pueden quedar subordinadas, esto depende de un consenso que hay que construir y que no se ha construido, hay que volver al viejo acuerdo del pacto de la seguridad democrática, y a partir de ahí iniciar un largo proceso de control social de las fuerzas. Lamentablemente, lo que está ocurriendo es el proceso inverso, lo que se advierte es un desgobierno mayor, por lo tanto, creo que hay que torcerle el brazo a este desgobierno y hay que empezar un camino de acuerdo de seguridad democrática.
¿Considerás que la municipalización de las fuerzas puede aportar en ese proceso?
Creo que la municipalización blanquea el poder que ya tienen los intendentes sobre las fuerzas policiales locales; muchas veces ocurren conflictos territoriales que los intendentes resuelven con la fuerza que trabaja en el territorio. Hoy en día, las fuerzas terminan teniendo una relación muy fuerte con los intendentes, quienes definen qué tipo de fuerzas quieren tener. La ley sería una forma de blanquear esto y que los conflictos que sucedan ya no sean una cuestión de jerarquía. La ley viene a trasparentar algo que ya existe, me parece que es necesario e importante. Luego hay otro tipo de problemas con la forma, siendo que las fuerzas están tan desgobernadas, una municipalización puede llevar a un desgobierno mayor en tanto cada intendente podría tener un control particular. Es importante el trabajo conjunto con la decisión estructural de democratizar las fuerzas como trabajo conjunto, articulado y de corresponsabilidad.
En el plano local, el año estuvo atravesado por la inundación del 2 de abril. A partir de este hecho convocaste a escritores para realizar «La Plata Spoon River», una antología donde cada poema lleva el nombre de una víctima. ¿Cómo ves esta decisión de escribir poesía después de la tragedia? ¿Termina siendo un refugio o lo ves como un lugar para pensar lo que nos pasó desde otro lugar?
Antología poética en homenaje a las víctimas de la
inundación, próxima a editarse.

Yo creo que el arte es una forma de interpelar a la sociedad, muchas veces la justicia queda obsoleta o  limitada y me parece importante que las personas que trabajan con el arte y tienen la posibilidad de hacer intervenciones en el espacio público utilicen sus formas espirituales para hacer ver a la sociedad lo que está pasando. Yo tengo una concepción del arte vinculado a lo política-social, tengo una editorial de poesía y trato de vincular lo que hago con la realidad que vivo. Creo que sería interesante que el próximo 2 de abril los artistas de la ciudad visibilicen lo que ocurrió en el espacio público. Yo como artista siento una necesidad denunciar aquello que considero que es injusto, creo que la cultura debe ponerse al servicio de la justicia y la reflexión de esta ciudad.

El libro convoca a poetas a que hablen o escriban desde lo que ocurrió. El arte me parece un lugar donde compartir, incidir, agitar. Es importante que los artistas pueden marcar la ciudad, y que el ciudadano medio cuando ve un mural, una intervención, una acción teatral se conmueva o recuerde algo que había olvidado.
¿Qué perspectivas tenés para el año próximo?
Yo creo que una de las claves es pensar articulaciones, a diferencia de los ´90 donde muchas organizaciones se pensaban por fuera del Estado y creían en la autonomía como construcción de poder popular en disputa con el Estado. Yo creo que, en realidad, el poder popular tiene que disputar ese poder público de derechos humanos, económicos, sociales y culturales y abrirse al Estado o conquistar espacios interestatales. Me parece que  es algo mucho más interesante tiene que ver con el proceso latinoamericano actual: con Bolivia, Venezuela, Ecuador. Hay que hacer una relectura de la teoría de la dependencia y ver de qué manera se puede ser parte de esos procesos y disputar zonas de poder, por lo menos yo lo pienso así desde mi ámbito. Ojalá en el 2014 ese proceso de latinoamerización se profundice y que las organizaciones sociales articulen con el poder estatal. Para eso es clave resolver el problema de limitación de los poderes populares que tiene que ver con las fuerzas policiales que limitan muchas veces las estrategias de las organizaciones de base, empezar a pensar las formas de democracia de las fuerzas de seguridad a través del poder popular.

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