Con 28 años de historia y después de haber recorrido varios escenarios de acá y de por allá, el grupo platense presentó su nuevo trabajo discográfico “Huellas en el agua”.

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Cada diez años, aproximadamente, ingresan a los estudios y a modo de conclusión de ciertos momentos o de ciertas etapas del grupo dejan registrado un disco. Así viene siendo desde 1997 cuando grabaron su primer trabajo discográfico. “Nos tomamos nos nuestro tiempo” dijo en Cacodelphia, Alejandro Rodríguez, pianista, arreglador y uno de los fundadores de La Sonora.Me parece que las cosas hay que decirlas en su momento y si no tenés nada para decir, no digas nada…”, explicó el músico y se dispuso a conversar en el aire de Radio Futura, sobre “Huellas en el agua”, el último trabajo del grupo platense.

Asimismo se describen como “un grupo musical y un concepto que vive gracias a todos los músicos que han compartido su arte tanto en el escenario como en el estudio”. Y, La Sonora, explican, es también “una nave o un artefacto que los llevo a tocar música en un teatro a orillas del Báltico, sobre el Tamesis, en medio de los Apeninos, Candombe hasta rompernos las manos en la ciudad vieja de Colonia del Sacramento, o hacer mil conciertos en nuestra ciudad y siempre tener un público que la sigue o que la está descubriendo”.

Tras las huellas de distintos ritmos

Su nuevo disco “Huellas en el agua” acerca canciones en ritmos de candombe, tango y milonga. A través de un repertorio que contiene cinco temas de Alejandro Rodríguez y se completa con una obra del compositor francés Claude Debussy, un choro de Hugo Fattoruso y una chaya de don Ramón Navarro. “Se trata de un disco que tiene una unidad, no son temas sueltos, todo conduce a todo y hay un significado por detrás”, reveló Rodríguez, repasando el concepto que atraviesa el disco que recibió una Mención Honorifica por parte del Fondo Nacional de las Artes.

“Son músicas que venimos tocando hace rato, porque hicimos como un proceso inverso, buscamos primero un vivo que suene de una determinada manera y cuando eso estuvo, después de un largo entrenamiento lo grabamos. Así que se trata de una fruta ya madurada”, expresó el músico y compositor sobre el trabajo que vienen desde hace tiempo. Colaboraron en esta obra Diego Amerise, en bajo; Juan Pablo Castrillo en percusión; y como músicos invitados: Cynthia Aguirre, en voz y Luis Rizzi, en bandoneón.

La grabación, la mezcla y la masterizacion del disco fue realizada en los estudios Sonospera, por Daniel “Manzana” Ibarrart, con quien el grupo ya había trabajado en su primer disco. “La Sonora tiene una larga historia, pero solo tres discos editados; el primero de ellos fue publicado en el año 1997 y contó con la participación de 25 instrumentistas invitados, entonces el sonido de ese trabajo fue muy diverso. El segundo disco (“De por acá”), se centro en un sonido más de trío, situando el foco en el piano, la percusión y el bajo y este tercer disco, cristaliza la idea que intentamos hacer sonar en aquel segundo trabajo que personalmente no me gusto mucho”.

“Huellas en el agua” está dedicado a Don Ramón Navarro, Hugo Fattoruso, Claude Debussy, Charly García y a todos aquellos artistas que imprimieron su huella en el agua de los tiempos. Hay canciones dedicadas al pianista Ricardo Nolé y al compositor, pianista y guitarrista brasileño Egberto Gismonti. Y musicalmente nos acerca al candombe, al tango a la milonga y “hay también cosas de folklore y una música francesa del 1800” contó el músico. “La Sonora es una especie de coctelera donde ponemos todas nuestras influencias, luego se bate y sale de allí la música que nos identifica hace 28 años. Obviamente y de manera inevitable todo eso que surge está bajo ese enfoque rioplatense que nos caracteriza”.

Rumbo a las 3 décadas de historia

Desde el inicio, La Sonora se abocó a la recuperación de elementos de raíz africana presentes en la música rioplatense y a la experimentación libre. Y ese trabajo al comienzo no fue nada sencillo debido a la poca información que entonces circulaba. “En los años que comenzamos a indagar en ese sonido, no había, por ejemplo, ni una sola cuerda”, recordó Rodríguez. “Nosotros éramos muy amigos de Heber Piris gran cantante y buen candombero que nos pasaba algunas cosas, estaba también Walter Vidarte que siempre nos tiraba alguna data, pero no era fácil encontrar información”, repasó el músico y profesor titular de la Facultad de Bellas Artes de la UNLP.

“En 1989 me fui a vivir a Bariloche y allá me encontré con Carlitos Casalla que es el hijo de Chingolo Casalla, uno de los primero bateros del país. Un viejo increíble, sabio, que además de tocar la batería excelentemente, fue uno de los primeros dibujantes de historietas, dibujaba al Cabo Savino y, cuando lo conocí era una leyenda de Bariloche, un tipo entrañable con el que siempre se me pasaban las horas conversando. Su hijo fue quien me enseñó a tocar candombe, porque había vivido en Uruguay y de ahí me traje toda esa cosa de la cuerda que armamos con La Sonora cuando regrese a La Plata. Desde entonces venimos indagando en esos sonidos”, repasó.

 

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