La militante por los derechos humanos, dirigente de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos y testigo clave junto a Jorge Julio Lopez en el juicio al genocida Etchecolatz falleció el pasado domingo a los 60 años de edad.

Nilda Eloy estuvo detenida entre los años 1976 y 1979, periodo en el que pasó por varios de los centros de detención que constituían el llamado Circuito Camps. Su testimonio fue una pieza fundamental a la hora de impulsar el proceso judicial que terminó con la prisión de Miguel Osvaldo Etchecolatz.

Nilda fue una gran constructora de memoria, una mujer que salió del terror y cumplió a rajatabla el lema de nuestra asociación: porque militábamos nos desaparecieron, porque aparecimos seguimos militando, ella utilizó esa militancia para construir las bases que permitieron llevar adelante los juicios a los genocidas“, recordó Carlos Zaidman, de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos.

Hemos perdido un perfil importante en su memoria, de todo lo que hizo, lo que buscó, se hicieron los primeros informes en los juicios por la verdad, respecto a los campos de detención, un montón de cosas que todavía se están usando“, señaló Marta Ungaro, abogada de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos.

Guadalupe Godoy, abogada querellante en el juicio al ex comisario de la provincia de Buenos Aires, refirió que “Nilda es una de las personas que nos enseñaron cuál es el rol de los sobrevivientes, cumplió un rol realmente determinante en la nueva etapa de lo que es los juicios además de todo lo que significó la lucha contra la impunidad y por la anulación de las leyes“.

La fundadora del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CEPRODH), también abogadas querellante en la causa contra Miguel Etchecolatz, Myriam Bregman rememoró a Nilda desde la lucha: “Hemos llorado, hemos compartido muchas broncas y frustraciones cuando no lográbamos, a pesar del esfuerzo y de la lucha, vencer las enormes trabas que tiene la impunidad pero cualquiera que haya visto cómo luchó sabrá que  siempre tuvo lugar para una sonrisa y para compartir un momento con los amigos“.

Escuchá/descargá la entrevista completa:

Carlos Zaidman –  Asociación ex Detenidos – Desaparecidos

Myriam Bregman – CEPRODH

Guadalupe Godoy – Abogada querellante en el juicio contra Miguel Osvaldo Etchecolatz

Marta Ungaro – Asociación ex Detenidos – Desparecidos

A modo de homenaje, el músico platense Gustavo Zurbano le dedicó una carta abierta a Nilda que condensa la opinión general de la radio hacia esta incansable luchadora:

Como el ave que escapó de su prisión y pudo al fin volar  (N.Bravo)

..y entonces, cuando vos contaste que esa canción de Nino Bravo sonaba rebeldemente en el Pozo aún sabiendo que luego habría castigo, el Diego Dana la soltó al éter de nuestra eternamente heroica  Futura 90.5 , para que la escuchen el gordo Candreva y el mundo. Y sonó… lo que sonó.

Faltaba largo rato para que terminara la undécima vigilia radial por Julio López. Pero los más “gastados” (ante tanta juventud explícita entonces presente permitime definirnos así) preferimos retirarnos a boxes para estar prestos en la marcha que ya sobrevenía.

Éramos dos los veteranos que necesitaban almohada, pero igual nos dimos el rincón y el tiempo para intercambiarnos cuitas. Que mis plaquetas andaban desbocadas y que tus dedos te desobedecían. Y que mañana de aquella próxima mañana tendríamos la certeza de nuestros diagnósticos y entonces, en una breve concesión al almanaque, nos llamaríamos por la noche para hablar de enfermedades como dos perfectos viejos chotos.

Y en aquel beso del ya hoy último encuentro sellamos, como siempre y para siempre, que no hay perdón ni olvido. Que un día venceremos y que si acaso la parca nos alcanza, apenas obtendrá un empate cuatro décadas después de haberla gambeteado.

Concluía nuestra charla y  confesé:- …si se me acaba el piolín entrego el cuerpo a la facultad de medicina, así las cursantes de anatomía podrán exclamar ¡qué hermosa la vesícula de este señor!-

Entre risas y tos de nicotina sellamos el pacto, fuimos cómplices, otra vez.

Ayer por la tarde me dijeron que habías muerto…pero que no. En mi función de anoche le conté al público que andabas necesitando canciones, como cuando estabas en el Pozo.

Esta mañana acudí a tu velatorio pero vos no estabas, y de la congoja me brotó una sonrisa cuando entendí que lo habías hecho otra vez. Que habías vuelto a desairar a la parca, quien nuevamente humillada alguna vez deberá escuchar cuando la/el estudiante exclame ¡qué grande el corazón de esta señora!

Si te hablara de mi tristeza obtendría tu reto, como tantas veces. Prefiero decirte que estés tranquila y confiada. Que somos muchos los dispuestos a arropar tus sueños y continuar el camino. Que sabré descubrirte en las aulas de nuestra Bellas Artes, o en el resonar de los bombos de las marchas.

Y que si acaso debiera convocarte, bastarán unos pocos acordes de Nino Bravo para que vuelvas y le recuerdes al mundo que nunca, nada, nadie pudo evitar que seas Libre. Ni siquiera la muerte.

 

 

Los comentarios están cerrados.