Juana Sostén entrevistó a Gabriela Mansilla, autora del libro “Yo nena, yo princesa”.

 

Gabriela Mansilla es la mamá de la primera niña trans del mundo en recibir su documento nacional de identidad de acuerdo a su identidad de género autopercibida, sin la necesidad de haber pasado por un proceso judicial. Gabriela es autora de “Yo nena, yo princesa”, libro donde relata cómo fue acompañar a su hija en todo este proceso y lograr la obtención de ese DNI.

Además de haber escrito este libro, también formás parte de la Asociación Civil Infancias Libres, ¿qué es y cómo surge esta Asociación?

Después de la publicación del libro “Yo nena, yo princesa” y después de esta noticia de la primera niña trans que recibía un DNI en todo el mundo sin instancia judicial –bajo la ley de Identidad de Género– entraron a comunicarse conmigo por medio de las redes sociales muchas familias que se sintieron identificadas con la historia y se dieron cuenta que su niños o sus niñas no se sentían cómodxs en el género que se les había asignado y que podían ser niños o niñas trans. Y cuando pasó el tiempo y empecé a dar charlas en todo el país fui conociendo también más historias y llegó un momento en que se sumaron más de treinta familias y armamos una Asociación Civil que se llama Infancias Libres, para acompañar a estas familias. Nosotros tenemos lugares de encuentro donde los niños y niñas comparten un espacio con sus pares y tienen actividades con un solo objetivo: aumentar la autoestima y trabajar con la aceptación del cuerpo, que cultural y biológicamente te obligan a rechazar. No hay ningún error en un niño o niña trans, sino que el error está en la sociedad que encasilla de manera binaria y que no comprende que los genitales no definen la identidad de una persona. Conformamos esta asociación civil con parte de mi familia porque es la única manera de poder contener a estas otras familias.

Una organización que quizás vos te hubieras querido cruzar en todo este proceso que te tocó vivir

Totalmente. Qué hubiera dado yo por haber llegado a una Asociación donde me encontraba con otras niñas y niños trans, con otras familias, con otras mamás, y no en la absoluta soledad en la que estábamos con Luana y mi familia cuando iniciamos todo este proceso de aceptación y de lucha por el respeto de su identidad, Imaginate que esto pasó cuando ella tenía 4 años y hoy acaba de cumplir diez. Hace seis años atrás ni siquiera existía la ley de Identidad de Género y mucho menos familias como las que hay hoy en Infancias Libres.

¿Cuál es la repercusión del libro cuando lo llevan a diferentes lugares?

Llevo ya cuatro años recibiendo invitaciones para presentar el libro. Hay mucha demanda de las universidades de todo el país, de estudiantes, por saber, por formarse, por informarse sobre temas que en las carreras universitarias no están. En las charlas que yo intento dar no está contemplada, por ejemplo, en ninguna materia, en ninguna carrera a lo largo de todo el país este recorrido, que no es solamente mostrar y contar cómo luchamos para obtener el DNI de Luana bajo la ley de Identidad de Género, sino todo este proceso desde que estos mellizos nacieron. Cómo me encontré, sin ninguna información y sin ninguna herramienta, con una niña con genitales masculinos que me decía “No me llamo como vos me estás llamando, me llamo Luana”.

Después de la edición del libro, que lo hizo la Universidad Nacional de General Sarmiento, “Yo nena, yo princesa” fue declarado de interés cultural por el Senado de la Nación, está en el Anexo 3 en la ley de Educación Sexual Integral como bibliografía recomendada, forma parte de carreras como la de psicología en la Universidad de Moreno, en Mendoza, como lectura obligatoria. Es lectura obligatoria en institutos de formación docente a nivel inicial y primario. Va a ser traducido al italiano. Jorge Maestro y Sergio Dalma van a hacer una película para el año que viene, van a llevar la historia de Luana al cine. Y todo esto tiene que ver con hacer masivo el mensaje de escuchar a nuestros hijos, que nadie nos va a decir quiénes son más que ellos mismos. Se trata de esto mismo: la identidad de género es una cosa, la orientación sexual es otra y nuestra identidad no se define por nuestros genitales.

¿Podés ver algún cambio a nivel social, cultural, desde que vos empezaste a hacer este recorrido hasta el día de hoy?

Sí, totalmente. No quiere decir que el cambio sea a nivel masivo. A la sociedad todavía le falta muchísimo por aprender, por escuchar, bajar el egoísmo, la violencia que hay, no solo hacia la infancia trans. Estamos en un momento histórico de muchísima violencia social. Pero sí noto que hay una escucha diferente que no he tenido en cuatro años que me he presentado a lo largo de todo el país. Ningún rechazo al tema. Nadie se ha levantado a decirme lo contrario. Las universidades me dan siempre el aula magna, y repleta. Hay una necesidad. Me escriben desde todos los lugares para adquirir este libro. Hay una gran transformación: la gente está escuchando.

Antes de este tema no se hablaba, y no quiere decir que no existiera. Estaba invisibilizado. Todas las personas trans, transgénero, travesti, fueron niños y niñas en algún momento de su vida y lo único que hicieron con ellos y con ellas fue reprimirlos, ignorarlos, callarlos: lo que no entra dentro de la norma establecida tiene que quedar por fuera y tiene que ser eliminado. Y las familias hacían eso: intentar normatizar a sus hijos con violencia. Y hoy estas familias están escuchando. Entonces transforma no sólo la escuela de Luana sino las treinta, cuarenta escuelas donde están las treinta, cuarenta familias de los niños, niñas y adolescentes trans que acompaña la Asociación Civil Infancias Libres. Porque hay directivos, hay docentes, hay tipos de orientación. Todos están escuchando porque estos niños y niñas están transitando la escuela, como lo está haciendo Luana. Hay una mayor escucha, hay una transformación. No quiere decir que salgamos a la calle y todo el mundo lo entienda. Hacen falta medios masivos, políticas públicas. Que se vea de vuelta el tema de la educación, de la ESI. Falta muchísimo. Yo creo que una de las patas fundamentales que nos falta es el Ministerio de Educación, para que se formen profesionales de otra manera, con perspectiva de género.

Todo lo que vos contás y todo el trabajo que llevaste adelante no solo es una cuestión para poder visibilizar y pensar el género, la sexualidad, la identidad, sino también para pensar la educación, el cómo nos comportamos y cómo nos plantamos los y las adultas frente a un niño o una niña que se narra, que se dice, que dice quién es. La importancia de la escucha de lo que el niño o niña tiene para decir sobre su propia identidad.

Sobre su propio ser. Son seres individuales que no podemos moldear a nuestro antojo. Sí darles una educación, ponerles límites. Ser no significa hacer lo que se les da la gana. Mi hija tiene sus límites muy bien marcados y tiene una muy buena educación y no quiere decir que tenga una educación con un alto nivel económico, yo no lo tengo. Sí tiene una buena educación con bases sólidas en el respeto, la coherencia, los dos dedos de frente que nosotros tenemos. Va en base a todo. Hay personas que leyeron el libro y que me dijeron “Yo no tengo una niña o niño trans, pero soy mamá y lo que vos me estás diciendo en este libro es muy importante para mi vida y cómo estoy criando a mis hijos, estoy dándome cuenta de cómo los estoy criando” Porque más allá de establecer la escucha hacia los niños y niñas trans, la escucha es hacia los niños y niñas en general. No encasillarlos de manera binaria. Hay niños que no son trans y que no se encuentran acorde con el rol de género que se les ha asignado. Porque se supone que si nace con vulva debe ser niña y que debe comportarse de determinada manera y debe de tener su expresión de género de determinada manera. Se la viste totalmente de rosa y lo único a lo que puede aspirar es a ser princesa. Un montón de cosas que están muy (y mal) inducidas en la infancia. El niño no debe de llorar porque sino es maricón. Si juega con una muñeca va a ser gay. Todas esas cosas tienen que quedar por fuera. El rosa y el celeste son simplemente colores y los niños y niñas deben de disfrutar de los colores del arco iris. Los juguetes son simplemente juguetes y son para jugar. Nosotros los adultos tenemos que empezar a desestructurarnos, abrir la cabeza. Es otra generación: los niños y niñas pueden manifestarlo. Si nosotros no los reprimimos y tienen una infancia realmente libre vamos a tener seres humanos, el día de mañana, realmente plenos. Y no con traumas, con represiones. No saben ni siquiera quiénes son, son lo que los padres o las madres han moldeado a su antojo.

Como un deber ser a partir de la genitalidad

Y de la cultura. Porque los genitales te imponen el ser varón o el ser mujer, pero la cultura también te encierra en casilleros de los que vos no podés salir. Y son ilógicos. A veces caigo en alguna escuela y pregunto “¿para qué existen las filas de las nenas y las filas de los varones? ¿el baño de las nenas, el baño de los varones?” Todas esas cosas que separan por genitales. Cuando son simplemente baños, simplemente filas, cuando todo tiene que estar más integrado y no tan dividido, porque hay gente que no encaja en ninguno de esos casilleros, como no encajaba mi hija. Y no por eso hay que faltarle el respeto y tratar de eliminarla. Bajo cualquier consecuencia física o psíquica tiene que entrar en esos casilleros. ¿Por qué? Porque lo dice la norma ¿Qué norma? No sé quien la inventó, quien la dijo, quien la puso. Pero hoy tenemos una población trans con un promedio de vida de 35 a 40 años. Y hoy mi hija no va a entrar en ese promedio de vida de 40 años, depende de mí. Con un índice de suicidio del 40% es una población todavía muy castigada, con el 1% de posibilidad de tener un acceso digno a un trabajo. Para esa población –por lo menos de las mujeres trans– a la calle y a ejercer la prostitución, eso era hasta donde yo tenía conocimiento cuando empecé a transitar este tema con Luana. Y yo no quería eso para mi hija. Yo quería que fuera a la escuela y que tuviera los mismos derechos que todos los demás niños y niñas.

Tu trabajo también nos ha ayudado mucho a repensar las cuestiones con respecto al cuerpo. Por ejemplo en esta programa hablamos sobre menstruación y sobre cómo no son únicamente las mujeres las que menstrúan

Claro, hay hombres trans que menstrúan. Son cuerpos que menstrúan, son sus órganos. Hay mujeres y hombres que pueden menstruar, así como hay mujeres y hombres que pueden gestar. Hay cuerpos gestantes. Esto de “solo la mujer” o “solo el hombre”… No, no pasa por ahí. No pasa por la genitalidad ni los órganos sexuales. No es “de hombres”… Cuando me dicen “ah, está bien, Luana es una niña con cuerpo de hombre”, ¡no! ¡Por Dios! ¿De qué estamos hablando? Está todo confundido. Tenemos un montón de conceptos que están totalmente equivocados, porque el ser hombre o ser mujer es una construcción. Y no pasa por los genitales. Hay mujeres con vagina, mujeres con pene, hombres con pene y hombres con vagina. Y antes que ser hombres o que ser mujeres con esos genitales son personas.

Te agradecemos enormemente la comunicación con nosotras y, ante todo, la socialización de tu trabajo, de tu lucha

Esto es una revolución. Es una revolución cuyo único motor es el amor, el amor que le tenemos a las niñas y a los niños, incluyendo a Luana, por supuesto. No sólo es por ella, sino por el futuro de cada uno de los niños y de cada una de las niñas. Nosotros necesitamos cambiar el promedio de vida, ese índice de suicidios. Que nuestros hijos y nuestras hijas tengan la posibilidad de estudiar, que no los violenten más, que no los discriminen, y que la sociedad entienda de una buena vez que lo único que necesita el otro ser humano es respeto.

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