El Censo Popular de Personas en Situación de Calle arrojó una alarmante cifra de casi 6 mil personas que habitan las calles de Ciudad Autónoma de Buenos Aires, lo que genera un contraste con el relevamiento oficial y su metodología centrada en una estadística dudosa por encima de las historias de vida particulares.

Jorgelina Di Iorio, de la Asamblea Plaza Dorrego-San Telmo, una de las organizaciones responsables de impulsar la iniciativa, expresó en Arriba Hormigas que el censo “materialmente se hizo entre el 8 y el 15 de mayo, barrimos la ciudad, se llama “un barrido territorial”, la recorrimos en 48 equipos que representan los 48 barrios que hay en la ciudad, 430 personas entre voluntarios, personas en situación de calle, militantes de organizaciones sociales, estudiantes, militantes de organizaciones culturales o políticas, que la recorrimos en tres horarios para poder dar cuenta de donde está la población porque si no querés, no la ves”.

En el espacio público contactamos 4.394 personas, el 78% eran adultos mayores de 18 años y el resto niños, niñas y adolescentes acompañados por un adulto referente o no, nosotros igual no entrevistamos a los niños o adolescentes solos, sino a un adulto referente que tuviera ganas de contestar, porque de ese total de personas que contactamos, o sea, que las vimos y que el encuestador registró en una planilla, que la vio en tal barrio, en tal intersección de calle, la mitad contestó la encuesta de la cual tenemos información más cualitativa sobre su trayectoria, sobre lo que le pasa”, continuó Di Iorio, quien también señaló que si se tuvieran en cuenta los números de hospedados en refugios transitorios, la cifra asciende a 5.872.

La referente de la asamblea reparó en la política de refugios que no logra subsanar la cuestión de las personas en situación de calle manifestando que “la gente no va a los refugios, no porque no quiere sino muchas veces porque son lugares donde se los maltrata, donde denuncian violencia y maltrato por parte de los preceptores que deberían ocuparse de acompañarlos y porque además las personas también arman vínculos en los espacios en los que están, no es tan sencillo como darle una vivienda al otro cuando a veces hay trayectoria de muchos años de estar en el espacio público donde uno organiza su vida como la organizamos cualquiera de las personas”.

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