Radio Futura está cumpliendo 30 años y a modo de celebración da inicio a una selección de historias relacionadas con los discos que supieron sonar en su dial a lo largo de tres décadas. Sus influencias, sus repercusiones y -sobre todo- sus melodías.

Hoy se están cumpliendo 30 años de la grabación del encuentro de dos músicos fundamentales para la música rioplatense: Eduardo Mateo y Fernando Cabrera. El 11 de abril de 1987 ambos músicos se presentaron en el Teatro del Notariado en Montevideo y el registro de ese concierto a doble función fue plasmado en el disco que lleva el título de Mateo & Cabrera. Fue un hito en la carrera de ambos: En la de Fernando Cabrera porque fue el encuentro del músico joven prolijo que él representaba con el experimentado artista sin control aparente. En la de Eduardo Mateo porque pudo, ya hacia el final de su carrera, demostrar que podía ordenarse aunque sea para dar una serie de conciertos.

Como a muchos artistas, a Eduardo le resultaba complicado insertarse en la vida real o en la sociedad, como se dice. Era un extravagante, un bohemio. Como tanta gente. Pero los músicos estamos acostumbrados a los extravagantes y los bohemios. Y yo me llevé muy bien con él”, comentaba Cabrera a La Nación en marzo de 2004.

Una relación que quedó inmortalizada entonces en el álbum que ambos hicieron en conjunto y que cuenta con particularidades que le dan un sello diferencial frente a experiencias similares, como así lo señala el músico uruguayo Pedro Restuccia: Mateo & Cabrera dista mucho de ser un disco en vivo. Sus canciones provienen sí de aquellos toques, pero como obra tiene una coherencia, una duración, un orden, un criterio estético y sonoro que lo hacen único. Y lo hacen un mojón en la discografía esencial tanto de Mateo como de Cabrera. Quiero decir: Muy lejos de un disco ‘en vivo’ de un artista más el otro”.

Actualmente tanto Cabrera como Mateo, tienen su debido reconocimiento desde este lado del río. Pero en aquella época no era tan así porque, a rasgos generales, costó bastante que entrara por estas pampas la música rompe moldes de estos dos músicos (con insistentes difusores como Liliana Herrero, Jorge Drexler o Litto Nebbia entre otros).

El artista charrúa Martín Palacio Gamboa arriesga una reflexión acerca de por qué la música de estas figuras es tan particular: “La música uruguaya es el reino de los espectros, al igual que su literatura. Y los espectros son los que ponen en evidencia los umbrales, los extraños pasadizos por donde un punto A no lleva precisamente a un punto B, sino a lo más aleatorio de nuestro abecedario. Nuestra historia artística no se caracteriza precisamente por la linealidad o por la omnipresencia de un gran relato que le dé un orden metódico y registrable. Para las últimas dos o tres generaciones, Eduardo Mateo y Fernando Cabrera cumplen esa función espectral.”

Desde el comienzo del disco, con ‘Candombe de Ana’, ya se figuran alguno elementos distintivos de las estéticas de ambos músicos: De Mateo el uso casi oriental de las percusiones, el juego de palabras casi infantil al frasear “Solo an… solo an… solo an… solo ando”, despistando el pensamiento predictivo de una introducción referenciada a la Ana aludida en el título (Que sin embargo es nombrada después igual). De Cabrera se presenta la guitarra etérea y su canto impositivo. “El disco es fresco e hipnótico por esa junta de un tipo tan de silla y papel como Cabrera y de un callejero perdido como Mateo. Dos toques y poéticas muy hermanas”, distingue el compositor y periodista local Sebastián Lino.

El encuentro entre estos dos músicos oficia, visto desde hoy, como una alianza compositiva perfecta de una suerte de Lennon – McCartney rioplatenses, en el sentido de que ambos se potenciaron. Pero también en las canciones (como en las del dúo beatle) se puede claramente identificar, aún sin saberlo, quién compuso cada canción. Tienen sus huellas. “Pienso que este disco funciona como un test: te indica si el oyente es más bien Cabrerista o Mateístico. Aquellos que opinan que es una obra maestra, una de las joyas de la corona, esos son Cabreristas. Dentro de la obra de Mateo, todos los discos que editó antes de este son más apabullantes en su deslumbre. De todos modos Mateo & Cabrera es excelente, acorde a la excelencia de esos dos titanes”, apunta el músico Martín Buscaglia.

El también músico oriental Toto Yulelé opina sobre los matices que dio ese legendario encuentro: “Lo que más me sorprende aún es la capacidad que tuvieron para fundir ambos estilos y formas de concebir la canción en una sola sonoridad, que es diferente a lo que cada uno por separado logra. Pero que sin embargo podés encontrar claramente los rasgos y la singularidad de ambos.”

Como en casi toda su obra anterior, las canciones que Mateo incluye en el repertorio de este show son más juguetonas, con recursos de la mejor poética infantil en sus letras (enséñenle a sus hijos o sobrinos la canción ‘El tartamudo’), con aires sonoros hindúes algunas. En cambio con Cabrera escuchamos cierta melancolía, no de la tanguera que se desgarra en llanto sino de la que recorre una zona de ensueño llena de imágenes; semblante que aún conserva y ya cultivaba por aquellos años. Todo condimentado con su voz dulcemente tajante. El cancionista platense Julián Oroz aprecia: “La primera vez que escuché el disco lo que más me impactó fue la voz de Cabrera. Sentía que era la primera vez que escuchaba a alguien cantar con tanto arrojo. Como un cantor de la cornisa.”

Un disco que, al igual que Radio Futura, está cumpliendo las tres décadas. Un disco que supo rotar por los viejos pasacassettes de la radio. Una nueva oportunidad, hoy, de seguir el consejo de Toto Yulelé: “Es un conjunto de canciones hermosas, y muy diferentes a veces entre sí. Pero atravesadas todas por un concepto sonoro que convierte a la obra en un disco digno de sentarse a escuchar atentamente y no hacer más nada.”

Como bonus track, Restuccia recomienda: “Hay otro tema de Mateo & Cabrera, juntos, pero que no forma parte de este disco y sí de otro de Fernando de 1989. El tema se llama ‘Saber’. Dejo esa recomendación.”

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