El profesor de Historia, Javier Guiamet, estuvo el martes pasado en el programa Paseo Inmoral para realizar su habitual columna sobre Historia.

Guiamet, profesor de historia, estuvo en el programa Paseo Inmoral.

Esta vez, Guiamet se refirió a la disputa de sentidos que está dando el gobierno actual sobre consensos construidos con mucho esfuerzo por los organismos de derechos humanos durante décadas: “La cercanía del 24 de marzo representa una fecha bastante bastardeada por el gobierno, porque durante muchos años quienes estamos en cierta franja de la sociedad habíamos construido un montón de consensos y avanzado en un montón de cosas que tienen que ver con los derechos humanos. El gobierno actual está abiertamente disputando dichos consensos.”

Por ello, en el transcurrir de la charla, Guiamet fue desgranando las diversas aristas con que se problematizan determinados discursos, mostrando las falacias en que muchos de ellos caen. Comenzó ejemplificando: “Uno de las primeras formas con que se empezó a bastardear fue cuestionar la cifra de desaparecidos. Es famosa la intervención de Gómez Centurión. ¿Por qué estos tipos dicen que son ocho mil? Dicen que son ocho mil porque son los casos comprobados por la CONADEP. Lo cual en ningún momento significa que sean los únicos casos. Siendo que la represión fue ilegal, fue clandestina, se borraron archivos o no se mostraron nunca; el Estado tiene un compromiso (que nunca asumió), el Estado debe develar a cuántas personas torturó y asesinó. En la medida en que eso nunca se hizo, en que se mantuvo de modo clandestino, no se puede precisar. Un ejemplo muy bueno de esta reflexión es la que hizo el escritor Martín Kohan.”

Por su parte, el profesor advirtió sobre las pretensiones del macrismo: “Es estratégico correr la discusión hacia el número de desaparecidos. Corriendo el eje como si en la dictadura sólo lo que hubiese pasado fuese la supresión de las garantías constitucionales, se evita discutir el proyecto económico de la dictadura. Se desvía la mirada sobre lo desindustrializante, lo reprimarizador, el abrir las puertas al mercado externo. Proyecto del cual fueron participantes, ideólogos y adherentes quienes nos gobiernan actualmente.” A lo que puntualizó: “Porque hay un montón de tipos que se beneficiaron con la dictadura, empezando por el propio presidente actual: La condonación de deuda que hace Cavallo en el ’81, de la cual Melconián tenía que revisar y no lo hizo; es el inicio más fuerte del endeudamiento que la Argentina tendría a lo largo de los ’80 y los ’90. Y que en parte estatizó deudas del Grupo Macri. Por eso son muy hábiles para correr el eje de la discusión.”

A propósito del reverdecer de discursos legitimadores de la dictadura como el caso reciente de la proyección de un video pro dictadura en una escuela de La Boca, o discursos como los de Memoria Completa y la Teoría de los Dos Demonios; el columnista agregó: “Aparte de eso hay una discusión que en algún sentido les hemos dejado abierta: La de que los muertos que ellos reivindican son muertos en los tres años de gobierno constitucional entre Perón e “Isabelita”, porque es el no cese de la lucha armada durante un gobierno democrático. En la discusión sobre los derechos humanos no se dio lo suficiente esa cuestión y es una puerta que les queda abierta y que están explotando. Siempre que se explica el auge de la lucha armada en Argentina se habla del faro de la Revolución Cubana, las descolonizaciones en África, con Argelia como caso más conocido. Es un mapa que se entiende desde nuestro punto de vista, pero si discutís con alguien de derecha no interpela sus sentidos sobre el hecho.”

Al respecto y para profundizar con una perspectiva histórica, el columnista expuso: “Yo pensaba el por qué de las armas en la política argentina. Si pensamos en la lucha armada en Argentina que se remontan a los ’60, ya entonces hacía más o menos 30 años que la política estaba gobernada por las armas: Que los gobiernos constitucionales y democráticos caían por golpes militares, que los militares intervenían en el momento que les parecía para acabar con el orden constitucional e implementar determinadas políticas. Si uno vuelve a los años ‘30 todos los grupos políticos del país estaban armados. Por eso era medio irreal pensar en los ‘60 a la política por fuera de las armas. Y yo soy muy crítico de la lucha armada, critico el priorizar eso por sobre la política de masas. Pero creo que es un debate para dar de un modo franco, abierto. Es un debate incómodo con montones de aristas, preferiría no ponerme a pontificar. Porque en definitiva las experiencias democráticas que habían pretendido cambiar las matrices económicas, dar reivindicaciones a los trabajadores; habían terminado con un Golpe de Estado. Los canales de la política argentina estaban bastante cerrados.”

Escuchar la columna completa de Javier Guiamet

Los comentarios están cerrados.