Bárbara Duhau es comunicadora, ciber–feminista y co–directora de Un Pastiche, una plataforma de análisis e investigación en medios de comunicación que se propone “la promoción del equilibrio de género, reducción de los estereotipos y creación de una amplia variedad de personajes femeninos en los medios de comunicación”.

En sus propias palabras, esta plataforma busca “revisar y volver a mirar aquellas cosas que tenemos naturalizadas, incluso nosotras mismas; siempre surge alguna cuestión nueva de la que podemos aprender, sobre todo volver a construir, y ese es el interés: tratar de generar acciones para cambiar eso que vemos”.

¿Qué es un pastiche? ¿Cómo surge la idea?

La idea surge esencialmente por una necesidad de revisar este paisaje machista de los medios de comunicación, en el cual las voces de las mujeres no siempre aparecen. Generalmente no aparecen. Y de empezar a ver cuáles son las herramientas que tenemos a disposición para cambiar eso, cómo empezar a celebrar el arte creado por mujeres, ver cuáles son las acciones que podemos tomar para empezar a construir medios de comunicación, una industria audiovisual y, en general, en todos los ámbitos relacionados con los medios de comunicación, entretenimiento y tecnología, espacios más igualitarios en los cuales podamos tener voces de todas las personas, no solamente del hombre blanco heterosexual que vemos y escuchamos como experto en todos lados y del que ya estamos un poco cansadas: escuchamos siempre la misma historia.

El que se las sabe todas…

Exacto. Entonces un pastiche surgió de esa incomodidad de no encontrarnos ni en las películas, ni en los diarios, ni en la radio, ni en la televisión. Hay un montón de espacios geniales que están surgiendo pero si miramos así a grandes rasgos estamos muy lejos de estar en un paisaje igualitario, en términos de género.

El proyecto sobre cine a ustedes les surge a partir de la pregunta por el lugar de las mujeres en el cine argentino: entonces, ¿dónde están?

Bueno, en primer lugar casi no están. Tanto delante de cámara como detrás de cámara. Sobre todo detrás de cámara, es uno de los números más fuertes: de las diez películas que vimos (las películas argentinas más vistas entre 2010 y 2013), solamente una de ellas estaba dirigida por una mujer, quien era Ana Katz. Y esto no se ve únicamente en los puestos de dirección, sino también en todos los puestos “detrás de cámara”: producción, guión, etc. Los números son tremendos: hay una mujer cada 4,3 varones. Podemos decir que del lado de quienes producen el cine hay un sesgo de género bastante importante.mujeres-cine

mujeres-comentariosEntonces: una mujer cineasta cada cuatro varones cineastas

Sí, si entrás a cualquier sala de producción de una película argentina –bueno, espero que esto esté cambiando, pero si entrabas a una de esas salas entre 2010 y 2013, había una mujer entre cuatro varones, detrás de cámara. Eso es en todos los puestos: dirección, producción, guión, montaje –todas esas áreas, en el cine argentino, están mayormente ocupadas por varones. Y esto se traduce en lo que vemos, por ejemplo que solamente el 31% de las películas estén protagonizadas por mujeres.

Hay dos dimensiones del problema: la primera es que no hay diversidad porque casi no hay mujeres. No estamos representadas en la proporción en que existimos “en la vida real”, que es más del 50% de la población. Las mujeres no somos ni un tercio, ni un cuarto de la población, y sin embargo aparecemos así delante de cámara. Y por el otro lado, que cuando sí aparecemos, aparecemos como objetos sexuales, o se habla de nuestro físico, o aparecemos con poca ropa, o se hacen comentarios sobre si somos lindas, feas, gordas o flacas. La mayoría de las mujeres aparecen delgadas cuando los varones aparecen, en general, con un peso promedio. Además aparecen el doble de los varones como madres: es decir, de los personajes femeninos, aparecen –en relación a los varones– el doble como madres [personas a cargo de los cuidados de lxs niñxs]. Y además casi no se las ve trabajando. Durante el período que nosotras evaluamos había una participación laboral de las mujeres del 40% [en el mercado laboral argentino] y en las películas aparece solamente el 25%, con lo cual ni siquiera tiene algún tipo de vínculo con la realidad.mujeres-comentarios

No se condice con la realidad…

Claro. Nosotras hicimos esta investigación a partir de otra que hizo el instituto Geena Davis de género y medios en los Estados Unidos. El informe se hizo sobre los 11 mercados de cine más importantes del mundo y la verdad es que los datos [argentinos] son bastante similares a los del resto del mundo. Los promedios mundiales son más o menos similares a los de Argentina. Es decir que no es un problema del país, que es machista, sino que es una tendencia global. Queríamos ver también qué pasaba en relación con el resto del mundo y la verdad que lo que pasa es que nuestro país es tan machista como el resto del mundo.

dosSí, por ejemplo en nada menos que Hollywood, entre 2009 y el 2014, de las películas de estudio sólo el 6,4% fueron dirigidas por mujeres

Sí, sobre todo los puestos de dirección. Bueno, esto tiene que ver con que las mujeres no estamos en los puestos de decisión. O puestos de liderazgo. Es algo que se condice con la estructura del trabajo en general. Sobre todo en el ámbito de la publicidad, que es un ámbito recalcitrantemente machista, por ejemplo en EEUU solamente el 3% de quienes dirigen cuestiones vinculadas con la publicidad son mujeres. Por eso también es difícil encontrar publicidades con mujeres que estén, por ejemplo, trabajando. Tiene que ver con eso: [las publicidades] pasan un montón de filtros porque el paisaje está lleno de varones. Y no es que los varones no puedan entender o tener una perspectiva de género, pero por lo general hay muchas cuestiones que se les escapan.

Además está esta cuestión de pensar que un varón blanco puede contar cualquier historia desde cualquier subjetividad, desde cualquier historia de vida. El año pasado Matt Damon, un actor muy conocido, dijo que cuando se habla de diversidad en el cine (en Estados Unidos esto obviamente también implica hablar de intérpretes y realizadorxs afroamericanxs), dijo que “eso se logra en el casting de los actores y no en el casting de los realizadores”, lo cual es tremendo y demuestra cómo piensan.

Exacto.

¿Hay algo de esta investigación que hicieron que las haya tomado por sorpresa?

Buena pregunta. Generalmente, no. Esperábamos que los resultados fueran no tan geniales porque las investigaciones que hacemos nos dan, por lo general, un porcentaje similar de representación femenina. Generalmente es el 25% en todos lados. Sin embargo, lo que sí nos sorprendió es que en varios puntos la Argentina estaba mejor que otros países. Por ejemplo: en la cantidad de personajes femeninos, Argentina está segunda en el puesto, después del Reino Unido. En la cantidad de protagonistas o co–protagonistas femeninas también está segunda. Nosotras no esperábamos que no estuviera tan mal. Igual es solamente en relación con la representación femenina en los personajes. El resto de las cosas, no. Pero sí nos sorprendió que los números fueran tan similares al resto del mundo, porque nos demostró que es una tendencia o que es un problema de sexismo global, que no es algo que sucede únicamente en Argentina.

 

También hicimos algo que no aparece en el informe, que fue someter las películas al test de Bechdel. Este test fue generado por una caricaturista llamada Alison Bechdel, hace unos cuantos años. En una de sus tiras lo que hacía era decir que ella no iba al cine a ver una película que no tuviera, mínimamente, dos personajes femeninos que tuvieran nombre y que hablaran entre sí de algo que no fuera un varón. Y lo que en su momento parecía una cosa ridícula, un test que todas las películas iban a pasar, finalmente te das cuenta que al día de hoy la mayoría de las películas no lo hacen. Eso fue algo que el Instituto Geena Davis no analizó en las películas de los demás mercados, pero nosotras lo quisimos hacer igual. Solamente lo pasa una película –no recuerdo cual– de aquella lista de las más taquilleras entre 2010 y 2013. Solo en una de ellas hay dos mujeres con nombre que hablan (puede ser unos segundos) de algo que no es un varón. Además hicimos el inverso: dos varones con nombre que hablen de algo que no sea una mujer, y todas las películas lo pasan, excepto una sola, que creo que no tiene varones, o no recuerdo bien. Es decir, es un 9 contra 1. Otro test para ver lo mal que estamos.

uno¿Y cómo fue la presentación de esta investigación?

La presentación estuvo buenísima. Fue en un horario medio raro, las 15 de un viernes: pensábamos que no iba a venir nadie, pero la sala se llenó. Para nosotras fue un lugar muy representativo del laburo –al menos para mí– porque la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual, que es donde hicimos la presentación, es el organismo que me becó a mí para estudiar comunicación de género, hice una diplomatura. Para mí fue un círculo que empezaba a cerrarse, porque me habían becado y terminé presentando una investigación sobre comunicación y género en ese lugar, lo cual fue buenísimo. Además lo hicimos en este festival/muestra de cine con perspectiva de género (MIC género), que ya terminó, pero que tuvo unas películas buenísimas. No, creo que no terminó: lo están haciendo en el sur. Así que fue una confluencia de gente genial.

Hace poco ustedes desde un pastiche lanzaron la campaña #LeamosAutoras, una propuesta muy interesante: muchas veces nos pensamos como muy lectorxs, como muy “progres”, pero habría que repasar cuántas autoras mujeres leímos. ¿Cómo fue esa campaña?

Sí, eso es tremendo. Inclusive las personas que tenemos una mirada un poco más “estudiada” sobre el género y sobre el lugar que las mujeres tenemos en diferentes espacios, si vamos a nuestra biblioteca… dan ganas de matarse (risas). Yo no quiero que vayan a mi biblioteca, no soy una buena representante de lo que es la igualdad de género en la literatura. Eso denota un problema bastante importante. El poco espacio que le damos a las mujeres escritoras. No sólo ficción, también no–ficción, o la bibliografía que nos dan en las universidades: yo estudié ciencias de la comunicación y un compañero hizo un estudio sobre autores y autoras –no específicamente sobre temas de género– y una de las conclusiones que sacó es que casi no leemos autoras mujeres durante toda la carrera. Y eso se replica después: si hacemos una investigación, generalmente vamos a terminar citando varones.

Entonces esta campaña surgió un poco con la excusa del Día Internacional de las Escritoras, que se celebró el 17 de octubre, y decidimos replicar algo que había surgido en Gran Bretaña (la campaña #ReadWomen), y que esencialmente ponía en escena esta idea de leer autoras, recomendar autoras, decir cuál fue el libro que nos cambió la vida escrito por una mujer, empezar un libro escrito por una mujer. Entonces nosotras queríamos celebrar eso y también entender si en Latinoamérica realmente pasaba lo mismo que en el resto del mundo, que es que se les da menos espacio en los suplementos literarios, que quienes reseñan son generalmente varones, etc. Así que pusimos a nuestras genias voluntarias a analizar esos datos y ese es un informe que estaremos compartiendo próximamente. Pero no tenemos buenas noticias.

La buena noticia de estas malas noticias es poder visibilizar estas problemáticas y no tomarlas como una cuestión dada, como algo natural que no haya mujeres en los suplementos literarios, que no haya mujeres que escriben, que no se las vea. No tomar como obvio que haya mujeres en el mundo pero que las mujeres “no se comunican” o “no comunican”

Claro, cambiemos ese paradigma. Veamos que a nuestras bibliotecas les faltan algunas cosas. Nosotras también estamos haciendo el desafío de ver una película dirigida por una mujer por semana. Una por semana durante un año: las invitamos a sumarse. Un libro por semana es prácticamente imposible, pero al menos podríamos equiparar un poco más durante el año los libros que leemos. Porque también nos estamos perdiendo otras miradas, otras perspectivas, otras sensibilidades. Está bueno reflexionar sobre los consumos que tenemos y hacer algo para cambiarlos.

Un último detalle, que es en verdad una pavada: hay unas películas que ustedes no evaluaron (de la lista de películas argentinas más taquilleras entre 2010 y 2013) por no ser aptas para menores de 13 años, que son las películas “Séptimo”, “Elefante Blanco”, “Carancho”, “Tesis sobre un homicidio” y “Dos más dos”, y la pregunta que habría que hacerse en este caso es por qué de cinco películas, cuatro están protagonizadas por Ricardo Darín

Mirá, no me había dado cuenta, pero, ¡qué horror!

O sea que en ese caso también los varones están perjudicados: están contratando a un solo tipo

¡Claro! No hay diversidad de género ni diversidad de actores en el mismo género.

Y en cuanto a esta campaña de las películas dirigidas por mujeres, ¿sería ver una por semana?

Claro, es una película dirigida por una mujer por semana durante un año. Obviamente no hace falta que sea una vez por semana, pero podés intentarlo. Serían 52 películas en un año. Ya van 9 meses de la campaña y nosotras ya vimos unas cuantas, y la mayoría son muy recomendables. Incluso hay varias en Netflix. Así que genial si se suman.

Un pastiche acaba de lanzar una nueva campaña: un calendario feminista para el 2017. Con la participación de artistas latinoamericanas, una por cada mes, y con fechas protagonizadas por mujeres. La idea es hacerlo colaborativamente y financiarlo para lanzarlo el año que viene.

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