Hoy no hay muchedumbres invadiendo peatonales y comercios, no hay bandadas
de pibes amontonados en cada esquina, si hasta el tráfico abrumador de todos los días, circula notablemente disminuido. La Plata, a dos años de la tragedia del 2 de Abril, luce tan indolente y cansina como cualquier otro fin de semana largo, sólo que con una mayor presencia del control policial, acaso un síntoma de la temible ola naranja que amenaza con cernirse próximamente sobre todo el país.

El movimiento en las calles del centro platense es distinto al de otros feriados. Los flamantes efectivos de la policía municipal modelan sus uniformes por las calles del centro, distinguidos por una vistosa boina celeste caminan dedicando severas miradas a los transeúntes, como orgullosos egresados en la escuela del buen soldado.

Atrincherados en el interior de una camioneta estacionada en la esquina de 9 y 51, personal de control urbano aprovecha la tranquilidad de la tarde para conversar, tomarse unos mates y despachar mensajes vía telefónica. No muy lejos de allí, ataviados con gorras y pecheras verdes, los empleados municipales se arrastran detrás de las hojas que el viento de otoño ha ido arrancando y acumulando en las veredas.

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Seguimos inundados

En la plaza Moreno se concentra el mayor número de gente, hormigueando entre sus laberintos de ligustrinas bajo un cielo despejado, perforado por un sol radiante. Muchos de los allí presentes, se han arrimado a participar de la muestra artística Desbordes, convocada y organizada por los centros culturales de la ciudad, montada con el objetivo de activar la memoria crítica como preludio a la marcha a la casa de gobierno de la provincia.
Los militantes se han avenido con sus banderas y sus pancartas, llegan desde temprano para asegurarse un lugar en la palestra, quieren lugar en primera fila para absorber todo lo que la experiencia del día propone.Parejas de adolescentes, rondas de amigos, abuelos, tíos y nietos, familias enteras, la mayoría quiso aprovechar el feriado para dar un paseo despreocupado que los saque de la rutina, pero la maniobra pudo haberles salido un poco mal, hoy no es esta la plaza indicada para paseos despreocupados; la denuncia, la cruel realidad, la memoria de los inundados los interpela desde todos los frentes.La galería fotográfica recorre toda la plaza, generosa en panorámicas del horror, reflejando a una ciudad inmersa bajo más de 400 mililitros de agua; aquella instalación, tan oportuna, que invita al público a hundir las patas en el barro, ese barro que fue (y sigue siendo con cada nueva lluvia) moneda corriente del día después en todos los barrios de la periferia platense; la pintura, la poesía colgando de hilos que se entrecruzan de un árbol a otro, ondeando levemente con la brisa del atardecer, llamando la atención de grandes y niños.Puede decirse que a los artistas la estrategia les ha salido a pedir de boca, los paseantes se detienen a observar, a escuchar, a compartir su experiencia. Algunos participan de las instalaciones, otros se animan a felicitarlos, a todos los hermana el deseo, la necesidad de una reparación por parte de los responsables. La memoria dormida reflota gracias a las intervenciones.Divide y olvidarás

A espaldas del palacio municipal enmudecido, se ha montado el escenario, resguardado a cada lado por una gran torre de sonido, revestido por un manto blanco sobre el cual se distingue una única inscripción: “2A.ños”. Desde allí, distintos referentes de asambleas barriales de la provincia se turnan para hacer uso de la palabra y referir su experiencia en lo tocante a inundaciones, una situación que pareciera común a cualquier ciudadano, así viva en La Plata, Quilmes, Tigre o Luján.

Sobre la calle 12, en su intersección con 51, a los pies de la Torre 1, hay un segundo escenario, allí se han organizado en bloques de oradores para desarrollar temas puntuales como el relato en primera persona de la tragedia, el seguimiento a los responsables en materia judicial y el presunto ocultamiento en el número de victimas fatales por parte del estado.En la otra punta de la plaza, amparados bajo el umbral de la catedral, la Asamblea de Tolosa ha desplegado una bandera argentina que recorre a lo largo sus escalinatas, ellos también han traído su propia muestra fotográfica y, además, vienen engalanados por unos ingeniosos paraguas negros en los cuales se puede distinguir un plano de la ciudad yéndose a pique en el agua.Las sombras de los árboles y las torres de edificios redoblan su tamaño sobre las baldosas de la plaza, la temperatura comienza tenuemente su descenso y el número de convocados en la plaza va en aumento. La dispersión de los congregados, la variedad de escenarios y micrófonos abiertos y los distintos grupos amontonados en diversos puntos del enclave decantan en un estado de confusión generalizado. Nadie parece tener certeza absoluta de si se marcha o no, de si habrá o no habrá lectura de un documento, de si están todos reunidos allí por los mismos motivos.Finalmente, desde el escenario central, se invita a todos y a todas a encolumnarse en un solo conglomerado, dejando atrás las divergencias políticas, aunados bajo una misma lucha y con tres simples consignas: memoria, verdad y justicia.No sólo las estatuas tienen cara de piedra

La oscuridad reina en plaza Moreno, el tránsito circula callado y perezoso a su alrededor, por el escenario ya han desfilado los músicos y la intervención del grupo de danza comandado por dos grandes manos inflables que los sacudía al vaivén de sus antojos. Los aplausos dieron lugar a la inquietud luego de que un objeto volador no identificado recorriera la plaza a diestra siniestra.

–El drone es nuestro­– se apresuran a aclarar desde la organización y el alivio se restaura en los corazones de la multitud.

Ahora son los familiares y victimas de la inundación los que toman por asalto el escenario y hacen uso de la palabra. Frente a ellos, una multitud de rostros expectantes y banderas de todos los colores, de todo tipo de agrupaciones políticas y estudiantiles, asambleas barriales y colectivos artísticos ondean con bravura bajo el prisma de los reflectores.

  La lectura del documento es lenta y dolorosa, recapitulando todo lo acontecido durante aquellas inquietantes horas de abril de 2013 en que toda la ciudad se vio envuelta por el miedo y la confusión, sintiendo que un destino de fatalidad perfilaba el desenlace de la madrugada con cada gota que caía del cielo.A cada mención de los nombres de Bruera, Scioli o Cristina Fernández, una ola de silbidos y abucheos emerge asqueada desde la multitud. Los dardos también se disparan contra el negocio inmobiliario que no ha detenido su crecimiento y que sigue llenando los bolsillos de los especuladores del empresariado y sumando desventajas en materia de colapso de servicios para el ciudadano común.Los oradores llegan hasta el final del documento visiblemente dolidos por la falta de respuestas de parte del estado y por el reavivamiento de aquellas escenas que los tuvieron como protagonistas dos años atrás. Luego, se procede a la lectura de los nombres de las 89 victimas fatales de la inundación, con la replica de “presente” a viva voz por parte de toda la concurrencia.Concluida la lectura del documento, se inicia la marcha a la gobernación, situada frente a la plaza San Martín. La columna avanza compacta por 51 hasta avenida 7, luego rodea la plaza y se detiene frente a las rejas del sombrío edificio, escenario de reclamos y distancias insondables entre un pueblo y sus representantes.
Pronto se disgrega la multitud, retoman el camino a casa, llevan en sus corazones un resto de aquella inundación que los marcó, en mayor o menor medida, para siempre. También cargan con otras cosas, banderas, pancartas y equipos de mate, y algo más, algo menos tangible, algo que descansa en el interior de cada uno de ellos y que encierra el potencial necesario para continuar con esta lucha, para no desmemoriarse y perpetuar el reclamo hasta que los verdaderos responsables pongan su cara para algo más que la foto de la próxima campaña electoral.

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